06-01-2026, 08:55 PM
Los saltos de Akira y de su compañero no podían ser de otra cosa que alegría y emoción, por fin habían conseguido ser asignados a una división y no solo eso, los habían asignado juntos en la misma. Por un momento se le cruzó Develio por la mente, pero fue un pensamiento rápido que casi no tuvo tiempo de atrapar. Toda división necesitaba un médico, y seguramente alguno de esos nombres de compañeros a los que aun no les ponía cara fuera uno, pero el recuerdo de su amigo el gigante y de su trágico final en el muelle le hizo, de algún modo, volver a poner los pies en la tierra—. ¡Lo hemos hecho más que bien amigo, fíjate en la nota! —volvió a enseñarle el comunicado a su compañero, señalándole la parte en la que decía "desempeño excepcional".
—Si… Parece que cuatro es el escuadrón ideal… Espero que no les pase nada o que desaparezcan… —y en ese momento, ya no solo su antiguo compañero gigante, sino también aquella mujer medio caballo que les dijo que se uniría a la Marina le vino a la mente. Pero de nuevo, fueron un par de pensamientos tan rápidos que ni siquiera tuvo tiempo de atrapar en su mente, estaba demasiado emocionado con la nueva división, que ahora era momento de pensar en él y en sus nuevos compañeros, no en lo que se habían quedado por el camino.
Sin previo aviso, un puño atravesó la puerta de la habitación de Juan, dejando a Akira con la vista clavada en la puerta, que estaba siendo sujetada por una mujer enorme, de más de cinco metros de altura. Los ojos de Akira se abrieron como platos—. Wow… ¿Todos los gigantes son médicos? —le susurró a Juan, seguro que no se había olvidado de su antiguo compañero de once metros que también tenía especial interés en la medicina.
—¡AKIRA RAITO SEÑORITA, CON GUSTO, YO SERÉ EL NAVEGANTE! —le devolvió la emoción mientras de un salto se subía a la cama de su compañero y se colocaba ambas manos sobre la cintura, con posición de héroe y le mostraba los dientes en una amplia sonrisa. Teniendo en cuenta la altura de Juan y la altura de Sigrid, el pequeño humano era un moco al lado de los dos, si el tercero de sus compañeros también medía más de tres metros, sin duda iba a sentirse como una pulguita entre tanta gente alta.
De pronto, el último integrante apareció en escena. Este chico sí que no era mucho más alto que Akira, aunque se le veía algo flacucho para sus casi dos metros de alto, tenía el pelo blanquecino, varias cicatrices y estaba… ¿Desnudo? Preguntó por la División 93, por lo que sería el cuarto tripulante del grupo.
—Tío… Qué te pasa en el cuerpo, qué es eso morado… —ignoró por completo la petición de un café y su afirmación de que era sargento. Akira sabía perfectamente que era otro soldado como el resto de ellos tres, quizá a Juan o a Sigrid podría engañarlos, pero el rubio tenía el comunicado en la mano, de no hacía más de una hora y había dejado claro el rango que tenía Enji. Si había ascendido, había sido después de que le dieran la nota.
Intuía que iba a ser alguien divertido por la afirmación que acababa de hacer, y esa confianza con la que había intentado colársela para que hicieran lo que él decía había sido admirable, pero Akira estaba más preocupado en lo que brotaba de su cuerpo que otra cosa—. ¡Te está deshaciendo la ropa! —se acercó a un palmo de distancia, observando con curiosidad sus hombros y como no dejaban de secretar aquel extraño líquido.
—Si… Parece que cuatro es el escuadrón ideal… Espero que no les pase nada o que desaparezcan… —y en ese momento, ya no solo su antiguo compañero gigante, sino también aquella mujer medio caballo que les dijo que se uniría a la Marina le vino a la mente. Pero de nuevo, fueron un par de pensamientos tan rápidos que ni siquiera tuvo tiempo de atrapar en su mente, estaba demasiado emocionado con la nueva división, que ahora era momento de pensar en él y en sus nuevos compañeros, no en lo que se habían quedado por el camino.
Sin previo aviso, un puño atravesó la puerta de la habitación de Juan, dejando a Akira con la vista clavada en la puerta, que estaba siendo sujetada por una mujer enorme, de más de cinco metros de altura. Los ojos de Akira se abrieron como platos—. Wow… ¿Todos los gigantes son médicos? —le susurró a Juan, seguro que no se había olvidado de su antiguo compañero de once metros que también tenía especial interés en la medicina.
—¡AKIRA RAITO SEÑORITA, CON GUSTO, YO SERÉ EL NAVEGANTE! —le devolvió la emoción mientras de un salto se subía a la cama de su compañero y se colocaba ambas manos sobre la cintura, con posición de héroe y le mostraba los dientes en una amplia sonrisa. Teniendo en cuenta la altura de Juan y la altura de Sigrid, el pequeño humano era un moco al lado de los dos, si el tercero de sus compañeros también medía más de tres metros, sin duda iba a sentirse como una pulguita entre tanta gente alta.
De pronto, el último integrante apareció en escena. Este chico sí que no era mucho más alto que Akira, aunque se le veía algo flacucho para sus casi dos metros de alto, tenía el pelo blanquecino, varias cicatrices y estaba… ¿Desnudo? Preguntó por la División 93, por lo que sería el cuarto tripulante del grupo.
—Tío… Qué te pasa en el cuerpo, qué es eso morado… —ignoró por completo la petición de un café y su afirmación de que era sargento. Akira sabía perfectamente que era otro soldado como el resto de ellos tres, quizá a Juan o a Sigrid podría engañarlos, pero el rubio tenía el comunicado en la mano, de no hacía más de una hora y había dejado claro el rango que tenía Enji. Si había ascendido, había sido después de que le dieran la nota.
Intuía que iba a ser alguien divertido por la afirmación que acababa de hacer, y esa confianza con la que había intentado colársela para que hicieran lo que él decía había sido admirable, pero Akira estaba más preocupado en lo que brotaba de su cuerpo que otra cosa—. ¡Te está deshaciendo la ropa! —se acercó a un palmo de distancia, observando con curiosidad sus hombros y como no dejaban de secretar aquel extraño líquido.

