Give the people what they want. | Pasado social. Kazan
#1
Era de noche; la luna se alzaba en uno de sus puntos más altos, redonda y vigilante, y la marea elevada golpeaba el puerto con una insistencia inquietante. Cada ola parecía traer consigo un mal presagio, como un susurro apenas audible, una advertencia murmurada al oído que te imploraba alejarte de la tormenta antes de que fuese demasiado tarde. Una noche dramática, sin duda. Y aun así, en contraste casi obsceno, las luces del puerto brillaban teñidas de un amarillo denso, pesado, el color inconfundible del di-ne-ro. Mucho dinero.
 
Había sido un buen día. La marea alta había hecho prosperar la pesca, los barcos regresaban cargados y el aire fresco empujaba a la gente fuera de sus casas, ansiosa por disfrutar del clima, por caminar, por gastar. Las voces se mezclaban con el crujir de la madera húmeda y el tintinear de las monedas, creando una melodía que solo quien vive del intercambio sabe apreciar. Incluso para mí, un simple comerciante o quizá no tan simple, aquella noche era una oportunidad dorada para negociar, para leer las corrientes no del mar, sino de los hombres. Mientras el océano advertía peligro, el puerto prometía fortuna, y yo estaba allí, justo en medio, dispuesto a escuchar a ambos, siempre he sido un excelente mediador para obtener mi beneficio.
 
No me había hecho falta más que un dado y varios pares de piedras brillantes, traídas de otros viajes, de otros puertos, de otras islas y una simple manta extendida debajo de todo aquello para marcar mi territorio. Nada más. Bueno… casi nada. Ah, y por supuesto, una sonrisa confiada, pulida con años de regateos y promesas a medias, digna del mayor magnate de esta tierra, aunque mi puesto no fuese más que un rectángulo de tela sobre tablas húmedas.
 
Las piedras capturaban la luz del puerto con una facilidad insultante, reflejando destellos que atraían miradas curiosas, codiciosas, soñadoras. Algunos se detenían por simple curiosidad; otros, porque creían ver en ellas fortuna, suerte o estatus. Yo dejaba que miraran, que imaginaran. El dado reposaba cerca, aparentemente inofensivo, pero era el corazón del trato, el anzuelo perfecto para quienes pensaban que el azar siempre estaba de su lado.
 
A la distancia, en el gran pasillo de toda clase de gente, de toda clase de oportunidad comercial, como prefería referirme noté a una figura de gran tamaño, un hombre azul de cuernos y barba que parecía más bien una especie de sabio, podría intentarlo. —¡Caballero de azul, amigo! — Intenté llamar su atención cuando se encontrara relativamente cerca, alzando la mano y agitándola. —¡Si, justo usted! ¿Por qué no mira estas lujosas piedras de tan lejos? Muchas traen buena suerte, fortuna, inteligencia y salud ¿me entiendes? — Con eso solía captar la atención, ya se de buena o mala manera, cuando ciertamente aunque eran piedras muy bonitas tambien eran muy faciles de conseguir y baratas. Entonces procedí con algo ligeramente tentador. —¿O por qué no probar su suerte en una inocente apuesta? Podemos negociar, parece un caballero con cosas pendientes ¿Por qué no me las cuenta? Puedo darle un descuento especial y puedo encargarme de todo. Me han dicho que soy como un dios ¿me entiendes? — Puse todas las cartas sobre la mesa, mirándolo con  una sonrisa esperando que al menos mi pequeño discurso captara su atención.
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Give the people what they want. | Pasado social. Kazan - por Tezca Norova - 06-01-2026, 09:54 PM

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