06-01-2026, 11:13 PM
Una vez dispersada la euforia, Akira mencionó lo ideal que es un equipo de cuatro —Es bastante cómodo para poder combinarnos, y los suficientes para no vernos tan abrumados por los números, lo de aquel bar fue un jaleo...— No podía evitar fantasear sobre quienes serían nuestros nuevos compañeros —¿Crees que alguno de los dos será un cangr-— De repente un puño atravesó la puerta, dejándola destrozada. Se trataba de una chica muy alegre y escandalosa, con enorme, bastante más grande que yo, siempre era agradable no sentirme el grandullón del grupo. Su nombre era Sigrid, y sería la médico del grupo, siempre era agradable contar con uno, seguro que me acabaría haciendo falta...
Akira se presentó y subió a mi cama, reduciendo considerablemente la brecha de tamaño entre los tres, le observé detenidamente, intentando calcular la altura que ganaba al estar subido en la cama mientras se presentaba a nuestra nueva compañera y una vez terminó imité su posé, con mis brazos en jarra sobre mi cintura —¡¡Juan Sebastián a tu servicio!! Soy Manitas, mucho gusto— Intenté igualar la intensidad de volumen de mis dos compañeros, parece que sería sencillo llevarnos bien —¿Las puertas de hoy en día no son muy frágiles? Ya no hacen puertas como las de antes...—
Antes de que me diese tiempo a pensar en nada más el compañero que faltaba se presentó. Pero para mi sorpresa no era un compañero más ¡Era un sargento! Claro no lo había pensado, si éramos una división, lo lógico era que nos asignen a alguien de alto mando como superior... Su nombre era Enji y lo único que impedía ver sus genitales era una capa morada y viscosa que supuraba de su cuerpo. Sin dudar ni un instante, adopté una posición recta y realicé un saludo militar —¡Sargento pervertido! ¡Juan Sebastián presente, señor!— Pensé por un momento en las palabras que salieron de mi boca y, para no perder la costumbre, la había cagado ¿Cómo se me ocurría decirle pervertido a un sargento? Pero bueno, una regañina más que menos, tampoco sería para tanto —Enseguida le traigo su café—. Cuando Akira se dirigió a él, le miré sorprendido, no solo seguía subido en la cama mientras le hablaba y se refirió a él como "Tío" Intenté hacerle gestos, pero había enloquecido —Claro esto tiene que ser su venganza, si compartimos la bronca del incidente del bar también compartiremos esta...Es su venganza...—
Todos estos pensamientos pasaron a un segundo plano cuando Akira se acercó al sargento para observar la sustancia que salía de su cuerpo —Es viscosa...— Entonces procedí a tocarla y la sensación fue como si decenas de avispas te picasen en un mismo punto —¡AAAHH AHHHH! DUELE JODER DUELE!— Mientras daba tumbos por la habitación quejándome del dolor tropecé cayendo encima de la cama y rompiendo el soporte del colchón —¡Auch! Mi cama...— Justo en ese entonces uno de los superiores apareció en mi puerta, o lo que quedaba de ella... —¡División 93! ahora tenéis asignada una hora diaria para la realización de ejercicios de grupo. Empezáis en 5 minutos, id marchando— Esto era ciertamente conveniente, si fuésemos a estar cinco minutos más en mi habitación esta no resistiría.
Akira se presentó y subió a mi cama, reduciendo considerablemente la brecha de tamaño entre los tres, le observé detenidamente, intentando calcular la altura que ganaba al estar subido en la cama mientras se presentaba a nuestra nueva compañera y una vez terminó imité su posé, con mis brazos en jarra sobre mi cintura —¡¡Juan Sebastián a tu servicio!! Soy Manitas, mucho gusto— Intenté igualar la intensidad de volumen de mis dos compañeros, parece que sería sencillo llevarnos bien —¿Las puertas de hoy en día no son muy frágiles? Ya no hacen puertas como las de antes...—
Antes de que me diese tiempo a pensar en nada más el compañero que faltaba se presentó. Pero para mi sorpresa no era un compañero más ¡Era un sargento! Claro no lo había pensado, si éramos una división, lo lógico era que nos asignen a alguien de alto mando como superior... Su nombre era Enji y lo único que impedía ver sus genitales era una capa morada y viscosa que supuraba de su cuerpo. Sin dudar ni un instante, adopté una posición recta y realicé un saludo militar —¡Sargento pervertido! ¡Juan Sebastián presente, señor!— Pensé por un momento en las palabras que salieron de mi boca y, para no perder la costumbre, la había cagado ¿Cómo se me ocurría decirle pervertido a un sargento? Pero bueno, una regañina más que menos, tampoco sería para tanto —Enseguida le traigo su café—. Cuando Akira se dirigió a él, le miré sorprendido, no solo seguía subido en la cama mientras le hablaba y se refirió a él como "Tío" Intenté hacerle gestos, pero había enloquecido —Claro esto tiene que ser su venganza, si compartimos la bronca del incidente del bar también compartiremos esta...Es su venganza...—
Todos estos pensamientos pasaron a un segundo plano cuando Akira se acercó al sargento para observar la sustancia que salía de su cuerpo —Es viscosa...— Entonces procedí a tocarla y la sensación fue como si decenas de avispas te picasen en un mismo punto —¡AAAHH AHHHH! DUELE JODER DUELE!— Mientras daba tumbos por la habitación quejándome del dolor tropecé cayendo encima de la cama y rompiendo el soporte del colchón —¡Auch! Mi cama...— Justo en ese entonces uno de los superiores apareció en mi puerta, o lo que quedaba de ella... —¡División 93! ahora tenéis asignada una hora diaria para la realización de ejercicios de grupo. Empezáis en 5 minutos, id marchando— Esto era ciertamente conveniente, si fuésemos a estar cinco minutos más en mi habitación esta no resistiría.

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