08-01-2026, 02:44 PM
Tras recibir las instrucciones y abrigarse con una chaqueta, Berry saltó a la acción de manera más literal que figurada. A paso ligero, a gran velocidad, empezó a recorrer las calles desiertas de la invernal ciudad de Water Seven. No es que estuvieran completamente vacías. De vez en cuando el ocasional transeúnte aparecía, a veces tambaleándose, en dirección a su casa. La mayoría miraban a Berry sorprendidos. Otros tenían cosas más importantes en las que pensar, como dónde estaría la taberna más cercana. La mink no tardó demasiado en llegar al puerto. Ocho minutos, puesto que su agilidad era verdaderamente envidiable. El lugar estaba, como era de esperar, medio vacío. Resaltaban las luces del primer astillero que se encontró de frente, que alertaban de que allí había gente dentro. ¿Qué gente? Era un misterio, pero no por mucho tiempo. El letrero gigante de la casa le indicaba que no era el correcto. La misteriosa voz le había dicho que era en el astillero Gakashima, pero ella se encontraba en el astillero Dufour. En estos momentos, al contrario que muchos otros negocios en pleno 60 de invierno, las luces estaban encendidas dentro del establecimiento. Fuera, cerca de donde estaba la mink, pelándose de frío, había dos estibadores moviendo cajas con cara de pocos amigos. Conversaban en voz alta con evidente mal humor. —A quién se le ocurre mandar trabajar hoy, ¡con el frío que hace nada menos! —Decía el primero. —Es lo que hay. Le han dicho al jefe que el astillero Gakashima iba a trabajar hoy y se ha puesto hecho una furia. Dijo nosequé del convenio y otras tonterías y que no podían hacerlo y que si se saltaban la ley pues él también. —El segundo, mayor que el primero, echó una mirada a donde Berry se encontraba y paró de mover cajas un momento. Sus años de estibador le habían dado una vista prodigiosa en la oscuridad. Entrecerró los ojos y detectó una figura en las sombras, mirándole. Esa figura tenía curvas. —Si te ha contratado el jefe para que nos vigiles la verdad es que no hay mucho que vigilar, jejeje. Anda, tómate un piti con nosotros, que trabajar tanto es malo para la salud. —El jovenzuelo se paró en seco mirando a la mink con la boca entreabierta. No todos los días, mucho menos en invierno, podían apreciarse semejantes vistas. —Cielos, ¿no tienes frío con sólo esa chaqueta? —Diligentemente, ambos estibadores empezaron a liar sendos cigarrillos y mientras el joven terminaba el suyo, el viejo ya había liado dos y le tendía uno a la mink con una sonrisa medio desdentada.
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