09-01-2026, 02:40 AM
Alguien valiente no aquel que tiene miedo, sino aquel que incluso teniendo terror, enfrenta el problema con entereza. Y los pequeños gestos, los sacrificios, por muy minúsculos que sean, cambian el destino de las personas a niveles inimaginables. Las voluntades más fuertes también pueden quebrarse. Pero son estos actos los que sanan el espíritu roto de los héroes y los conducen por el camino correcto
La ira ha invadido el cuerpo de Heras, que se muestra dominante en el enfrentamiento contra Gal. Donde las dan, las toman, o eso dicen. En este caso ya es más bien una paliza a una verdadera batalla. Pero el acto de redención por parte del joven Gyojin, el arrepentedio ladronzuelo, conmueven a nuestro protagonista.
El enorme lunarian puede sobrepasar cualquier obstáculo y barrera y arremeter contra todo lo que tiene delante, pero en un esfuerzo titánico y con una bondad creciente, el peleador consigue abandonar sus impulsos hostiles se detiene. Con respiraciones profundas y autocontrol, conversa con el karateka, tratando de justificar sus acciones, molesto. Se acerca al niño, que asustado se recoge en una pequeña bola, pero no se quita del medio, asumiendo su castigo fatal. Sin embargo, tan solo recibe un coscorrón correctivo, casi paternalista y unas palabras que lo alientan a hacer lo correcto.
Gal, tan sorprendida como malerida, prefiere hacerse la digna y tirar de amor propio antes que dejarse ayudar por aquel que la ha derrotado. Sería demasiado humillante y degradante para su ego frágil. Por suerte, sus hermanas no están ahí para recordarle por el resto de su vida que ha perdido una pelea. -Mira bombón, hoy has ganado...- dice con un tono que pretende ser seductor y altanero, pero se encasquilla con muestras de dolor y dificultad para respirar. -... Pero la próxima vez seré yo quién te dé bien duro.- Y tal y como llega, se va, dando un gran salto que la hace desaparecer por encima de los edificios. Ahora volvéis a estar solos tú y el pez, aunque con la promesa de una revancha a futuro.
El niño, viendo que el peligro se ha ido y que la paz vuelve a retomar la escena, se acerca lentamente al artefacto que está tirado en el suelo. Lo recoge con cuidado y revela su forma retirando la manta verde mugrienta. Es una escultura de oro triangular, formada por tres triángulos y uno vacío en su interior. Brilla con esmero y con tan solo verla se aprecia su valor. -Esto es el Valor de la Trifuerza, una reliquia antigua que representaba los tres artes marciales de la isla.- comenta el niño mientras observa ensimismado su reflejo en el oro. -Okama Kempo, Hasshoken y Gyojin Karate. Solo aquel maestro que domina los tres estilos en su plenitud, es digno de portar este emblema...- da entonces un pequeño paso al frente y extiende sus manitas tan alto como puede hacia tu persona, hacia el ángel de ébano. -Te la entrego, amigo. Creo que solo en tus manos encontrará el lugar correcto.-
Con la estructura dorada en tus manos, aprecias más el precio de la misma, pero también su valor espiritual y lo que simboliza. Es el momento de que cierres esta historia, Heras. Puedes devolver el tesoro al lugar que le corresponde, quedartelo como recuerdo de tus andanzas por esta isla o venderlo para obtener un beneficio económico. El valor de la Trifuerza reside en tus manos.
La ira ha invadido el cuerpo de Heras, que se muestra dominante en el enfrentamiento contra Gal. Donde las dan, las toman, o eso dicen. En este caso ya es más bien una paliza a una verdadera batalla. Pero el acto de redención por parte del joven Gyojin, el arrepentedio ladronzuelo, conmueven a nuestro protagonista.
El enorme lunarian puede sobrepasar cualquier obstáculo y barrera y arremeter contra todo lo que tiene delante, pero en un esfuerzo titánico y con una bondad creciente, el peleador consigue abandonar sus impulsos hostiles se detiene. Con respiraciones profundas y autocontrol, conversa con el karateka, tratando de justificar sus acciones, molesto. Se acerca al niño, que asustado se recoge en una pequeña bola, pero no se quita del medio, asumiendo su castigo fatal. Sin embargo, tan solo recibe un coscorrón correctivo, casi paternalista y unas palabras que lo alientan a hacer lo correcto.
Gal, tan sorprendida como malerida, prefiere hacerse la digna y tirar de amor propio antes que dejarse ayudar por aquel que la ha derrotado. Sería demasiado humillante y degradante para su ego frágil. Por suerte, sus hermanas no están ahí para recordarle por el resto de su vida que ha perdido una pelea. -Mira bombón, hoy has ganado...- dice con un tono que pretende ser seductor y altanero, pero se encasquilla con muestras de dolor y dificultad para respirar. -... Pero la próxima vez seré yo quién te dé bien duro.- Y tal y como llega, se va, dando un gran salto que la hace desaparecer por encima de los edificios. Ahora volvéis a estar solos tú y el pez, aunque con la promesa de una revancha a futuro.
El niño, viendo que el peligro se ha ido y que la paz vuelve a retomar la escena, se acerca lentamente al artefacto que está tirado en el suelo. Lo recoge con cuidado y revela su forma retirando la manta verde mugrienta. Es una escultura de oro triangular, formada por tres triángulos y uno vacío en su interior. Brilla con esmero y con tan solo verla se aprecia su valor. -Esto es el Valor de la Trifuerza, una reliquia antigua que representaba los tres artes marciales de la isla.- comenta el niño mientras observa ensimismado su reflejo en el oro. -Okama Kempo, Hasshoken y Gyojin Karate. Solo aquel maestro que domina los tres estilos en su plenitud, es digno de portar este emblema...- da entonces un pequeño paso al frente y extiende sus manitas tan alto como puede hacia tu persona, hacia el ángel de ébano. -Te la entrego, amigo. Creo que solo en tus manos encontrará el lugar correcto.-
Con la estructura dorada en tus manos, aprecias más el precio de la misma, pero también su valor espiritual y lo que simboliza. Es el momento de que cierres esta historia, Heras. Puedes devolver el tesoro al lugar que le corresponde, quedartelo como recuerdo de tus andanzas por esta isla o venderlo para obtener un beneficio económico. El valor de la Trifuerza reside en tus manos.
Final
