12-01-2026, 10:54 PM
Hiiragi llevaba ya bastante tiempo en Samba, entre los periodos de tiempo que había estado en la isla de forma intermitente podría decirse que eran incluso años desde que había conocido por primera vez la libertad, aquello le hacía tener un aprecio especial por el Reino de Samba y sus habitantes, especialmente los que vivían con menos lujos y más cercanos al rio, eran personas cálidas y agradables, incluso los que vendían productos ilegales tenían un encanto en su actitud amigable a pesar de las dificultades a las que debían enfrentar o los productos con los que comerciaban.
Sin embargo para muchos ella era todavía una extranjera, una foránea de rasgos exóticos, sin importar cuan bien se llevasen o cuanto platicasen, cuantas comidas y bebidas compartieran había gente que aún no estaba dispuesta a considerarla una de ellos, entre esa gente estaban los que transitaban el bajo mundo de Samba, los que vendían productos robados y toda clase de menesteres que no se podían llevar a las plazas principales.
Pero tras investigar suficiente y merodear lo suficiente durante meses entre el invierno hasta ya pasados mediados de la primavera consiguió la información de donde se daría una de aquellas reuniones clandestinas donde la mercancía podría ser más barata de lo habitual gracias a sus orígenes sospechosos e incluso ella podría intentar vender algunos productos que daban cierta incomodidad vender en lugar más públicos pues podrían afectar su reputación con el común de la gente.
El camino hasta la quebrada a orillas de la playa había sido relativamente fácil de manejar para quien llevaba suficiente tiempo deambulando por los pueblos, bosques y playas de Samba por tanto tiempo como ella, aún no era una experta pero ciertamente era mejor algunos de los locales que se habían limitado a vivir sus vidas encerrados en sus pueblos y hogares, la libertad de recorrer esos caminos en otro tiempo ocultos hacia sonreír a Hiiragi que no podía evitar sentirse excitada por lo que podría llegar a encontrar en aquel lugar.
Tanto los guardias como quienes estuvieran atentos a la entrada de aquel mercado negro local podrían verla entrar, una chica de metro setenta con unas orejas de conejo felpudas y largas que se extendían una alzada completamente en sus treinta centímetros y la otra reclinada a un costado midiendo la mitad por estar caída apuntando vagamente a otro lado, ya no llevaba un poncho de arpillera sino que portaba una capa verde con algunas vetas y diseños azulados en el interior de la misma, era de materiales resistentes y cubría completamente su cuerpo cuando la cerraba hasta los pies donde se podían apreciar las metálicas punteras aptas para el combate en caso de ser necesario. En su espalda ya había dejado de llevar un saco de patatas atado con soga, portaba una mochila de viajes bien cargada con toda la mercancía que traía y sus posesiones materiales, también en la espalda llevaba envuelto en arpillera lo que al ojo avizor sería probablemente alguna clase de arma oculta o guardada para no ser amenazante.
De entre tantos "mercantes" que había en aquel lugar, uno de pintas particularmente elegantes y pero extranjeras, el atuendo le recordaba un poco a cierto individuo que había conocido hace no tanto tiempo, pero fuera de eso nada más en común tenían aquellos individuos.
Hiiragi lo observo con sus ojos carmesí de forma preventiva, no sabiendo que querría de ella pero no queriendo ser directamente antagónica de buenas a primeras, prefería optar por un tono cordial, amigable y dispuesto a comerciar pero precavido como cualquier novata que estuviera allí -Hola buen señor, estoy encantada de conocerle y escuchar de su buen "Canoli", pero espero sepa disculpar que prefiera escuchar y ver que tiene que ofrecerme desde aquí sin entrar antes de ver al menos alguna muestra de mercancía.- dijo mientras gesticulaba con una mano señalando a otros puestos -Con la mayoría de los comerciantes se puede ver y saber qué es lo que tienen para ofrecer y cuanto uno se puede querer arriesgar a intercambiar con ellos ¿Usted podría hacerme el mismo favor antes de invitarme a pasar a su encantador local?-
Sin embargo para muchos ella era todavía una extranjera, una foránea de rasgos exóticos, sin importar cuan bien se llevasen o cuanto platicasen, cuantas comidas y bebidas compartieran había gente que aún no estaba dispuesta a considerarla una de ellos, entre esa gente estaban los que transitaban el bajo mundo de Samba, los que vendían productos robados y toda clase de menesteres que no se podían llevar a las plazas principales.
Pero tras investigar suficiente y merodear lo suficiente durante meses entre el invierno hasta ya pasados mediados de la primavera consiguió la información de donde se daría una de aquellas reuniones clandestinas donde la mercancía podría ser más barata de lo habitual gracias a sus orígenes sospechosos e incluso ella podría intentar vender algunos productos que daban cierta incomodidad vender en lugar más públicos pues podrían afectar su reputación con el común de la gente.
El camino hasta la quebrada a orillas de la playa había sido relativamente fácil de manejar para quien llevaba suficiente tiempo deambulando por los pueblos, bosques y playas de Samba por tanto tiempo como ella, aún no era una experta pero ciertamente era mejor algunos de los locales que se habían limitado a vivir sus vidas encerrados en sus pueblos y hogares, la libertad de recorrer esos caminos en otro tiempo ocultos hacia sonreír a Hiiragi que no podía evitar sentirse excitada por lo que podría llegar a encontrar en aquel lugar.
Tanto los guardias como quienes estuvieran atentos a la entrada de aquel mercado negro local podrían verla entrar, una chica de metro setenta con unas orejas de conejo felpudas y largas que se extendían una alzada completamente en sus treinta centímetros y la otra reclinada a un costado midiendo la mitad por estar caída apuntando vagamente a otro lado, ya no llevaba un poncho de arpillera sino que portaba una capa verde con algunas vetas y diseños azulados en el interior de la misma, era de materiales resistentes y cubría completamente su cuerpo cuando la cerraba hasta los pies donde se podían apreciar las metálicas punteras aptas para el combate en caso de ser necesario. En su espalda ya había dejado de llevar un saco de patatas atado con soga, portaba una mochila de viajes bien cargada con toda la mercancía que traía y sus posesiones materiales, también en la espalda llevaba envuelto en arpillera lo que al ojo avizor sería probablemente alguna clase de arma oculta o guardada para no ser amenazante.
De entre tantos "mercantes" que había en aquel lugar, uno de pintas particularmente elegantes y pero extranjeras, el atuendo le recordaba un poco a cierto individuo que había conocido hace no tanto tiempo, pero fuera de eso nada más en común tenían aquellos individuos.
Hiiragi lo observo con sus ojos carmesí de forma preventiva, no sabiendo que querría de ella pero no queriendo ser directamente antagónica de buenas a primeras, prefería optar por un tono cordial, amigable y dispuesto a comerciar pero precavido como cualquier novata que estuviera allí -Hola buen señor, estoy encantada de conocerle y escuchar de su buen "Canoli", pero espero sepa disculpar que prefiera escuchar y ver que tiene que ofrecerme desde aquí sin entrar antes de ver al menos alguna muestra de mercancía.- dijo mientras gesticulaba con una mano señalando a otros puestos -Con la mayoría de los comerciantes se puede ver y saber qué es lo que tienen para ofrecer y cuanto uno se puede querer arriesgar a intercambiar con ellos ¿Usted podría hacerme el mismo favor antes de invitarme a pasar a su encantador local?-
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