El cocinero conoce el fuego, pero no en esta cantidad // Presente Relativo
#1
Un movimiento que corta la respiración de quien lo ve, el aire siendo cortado, la vibración del metal avanzando sin problema sobre el espacio vacío, apuntando a un solo lugar, un solo objetivo. El movimiento finaliza, el objetivo se aleja, ileso, la respiración del espadachín se hace visible, pesada y agotada, queriendo recuperar el aire faltante en su cuerpo. El hombre solo puede intentar recomponerse, mientras que su mente no para de azotarlo con sus errores y equivocaciones. Le tomó unos minutos, incluso tuvo que buscar un lugar con sombra para no ser molestado por los rayos del sol. Ya no era mediodía, la fuerza del astro y el calor comenzaban a descender, pero eso no significaba que fuera piadoso.

En cuanto se encontró mejor, caminó hacia un árbol, uno marcado con una X en su tronco, hecha a base de dos rápidos cortes con su espada. Removió unas cuantas hojas gigantes y plantas que se encontraban sobre sus raíces, dejando al descubierto un saco repleto de cosas, así como la vaina de la katana que el pelinegro llevaba en su mano. Guardó el arma, calzó esta en su cinturón, siempre al lado derecho de su cuerpo, tomó también el saco, en esos momentos casi que medía lo mismo que su torso (y debía pesar muchos más) y avanzó para salir de la jungla.

No se había metido tanto en la espesura de la vegetación, con solo caminar un par de minutos ya estaba de nuevo pisando la arena de la playa, pudiendo ver frente a él el gran navío que antes le era ocultado por los árboles y plantas. El Last Whisper se encontraba aún en su lugar, apenas meciéndose por el movimiento de las olas, como si esperara su llegada. Mientras avanzaba hacia su nave, el navegante pudo notar los daños que el último viaje le había causado, nadie lo había reparado, aunque esa era una tarea de Maki él tampoco había puesto de su preocupación para recordarle que lo hiciera. - Lo siento, te estoy haciendo esperar -. Tocó la madera con preocupación, sintiendo lastima por la embarcación que debía transportar a una tripulación tan novata.

Él no había podido cumplir como capitán, y era el Last Whisper quien pagaba las consecuencias.

Al subirse al barco, se encargó de lavar las frutas dentro del saco, buscando dejarlas como nuevas y listas para comer. Al terminar, dejó varias en un recipiente y tomó al menos una decena para volver a introducirlas al saco, volviendo por donde vino. La arena era perfecta para que el ruido de su aterrizaje no se oyera, pues había saltado desde la cubierta del barco hasta la playa. Avanzó hasta la misma roca que utilizaba para entrenar su mente, para meditar, sentándose en esta y tomando una fruta y un cuchillo del saco que traía con él.

Miró un momento ambos objetos, cada uno en una de sus manos, para luego intercambiarlos entre sí. El cuchillo en su mano derecha, la fruta en su mano izquierda, una disposición contraria a lo que sus sentidos le decían. Intentó cortar la fruta como lo hacía siempre, trozos en forma de luna, los cuales salían chuecos y a veces no se desprendían del todo de la fruta completa. Sentía el cubierto en su mano de manera tosca, no sabía agarrarlo y le costaba ser preciso.

Luego de unos minutos, ya tenía en su mano media fruta, con cortes para nada finos o propios de un cocinero. La desesperación pudo haberlo atrapado, como cada vez que volvía a intentar entrenar eso de mejorar su movilidad de la mano no dominante, pero algo más llamó su atención. Su nariz recibió un olor, uno nuevo, fuera del dulzor de la fruta o del viento salado del mar, era un olor pesado, agrio, perforante, uno que conocía bien.

Fuego, algo se quemaba.

El olor se hacía cada vez más intenso, no sabía si porque el fuego consumía algo cada vez más o por si alguien o algo avanzaba en su dirección. ¿Sohem? Había estado en ese lugar el día que ellos arribaron y los marines y cazarrecompensas intentaron capturarlos, su fruta emitía calor, pero dudaba de si fuera capaz de encender llamas en algo, así como tampoco había sentido ese olor viniendo de él en cuanto estuvo cerca suyo. En cuanto el olor se adueñó de su mente, su cuerpo se levantó, tildando ambas cosas en sus manos sobre el saco en la arena, moviendo sus manos hasta alcanzar su katana, de la cual no separó sus dedos.

Podía sentir algo acercarse, ya fuera un animal o una persona, tenía una presencia suficiente para ser notado por alguien como él.
[Imagen: nxACuAB.png]
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El cocinero conoce el fuego, pero no en esta cantidad // Presente Relativo - por Rackham Uker - 13-01-2026, 12:32 AM

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