13-01-2026, 12:42 PM
Bajé mi mirada del cielo, despacio, como si el peso de mis pensamientos fuese suficiente para no dejarme mantener mi cabeza alta. Vi a Eros jugando en la tierra como lo haría un animal que busca librarse de los parásitos. La figura que dibujaban sus movimientos llamó mi atención, pero no más de lo que lo hizo pensar en la suciedad que estaba llenando su cuerpo. Aunque pensándolo bien, un topo estaría más que acostumbrado al contacto de la tierra húmeda en su cuerpo. Entonces me contestó. Sus palabras fueron un peso aún mayor para mi ya cargada conciencia. En parte, una carga, pues tenía razón y todos nos dirigíamos hacia la muerte. Apreté los labios hasta que mi boca formó una fina línea. En parte, las palabras de Eros eran también una liberación; todas las vidas tenían la misma última parada.
Exhalé profundo mientras el capitán se incorporaba para abrir una nueva botella. Agarré de nuevo de la que ya había bebido. No por gusto, no por ganas. Pero sí por la extraña sensación reconfortante que empezaba a llenar mi cuerpo. Eros continuó hablando hasta que los gases de su interior decidieron tapar sus palabras. Creo que fue en ese momento cuando entendí en realidad por qué mucha gente bebía. En otra ocasión, tal falta de decoro me hubiese resultado de lo más obsceno. Sin embargo, en aquel momento, no pude contener una pequeña risilla. Eros también rio. Comencé a beber de nuevo. Un trago corto. El sabor parecía haber mejorado un poco. Ya no me resultaba tan amargo. Di otro trago más profundo mientras escuchaba al capitán hablar de su pasado. Una historia que me recordaba en parte a la mía. Había luchado desde pequeño, ¿sería por eso que era tan buen guerrero?
Paré de beber. Solo un instante. Vi como el carpintero miraba al cielo y extendía su mano hacia la luna. Pensé que lo más apropiado era dejarle espacio con sus pensamientos. Volví a beber de nuevo, mis ojos cerrados. Sin embargo este trago no fue largo, pues casi me atraganto al oír lo que me dijo Eros. ¿Acaso era una invitación a hablarle sobre mi pasado? Yo nunca lo hago. ¿Lo había hecho alguna vez?
—Bueno, antes de los Cabaret yo tampoco había salido a explorar el mundo —dije sorprendiéndome a mi mismo—. Antes de eso yo...
Las palabras salían de mi boca como si tuviesen vida propia. Tal vez el vino era el causante de aquella extraña sensación de valentía. O tal vez fuese algo que llevaba demasiado tiempo esperando a salir. Sea por el motivo que fuese, tomé aire y decidí seguir hablando.
—De niño... Yo era un niño normal. Me pasaba el día en la biblioteca, esperando que mis padres volvieran de sus viajes. Un día me colé en su barco para acompañarles a una expedición y... fue ahí cuando todo cambió. Cuando el mundo se empeñó en demostrarme que las cosas siempre pueden ir a peor. Acabé perdido, viviendo en la selva. Y luego en manos de un jefe mafioso. Siempre envuelto en robos y violencia —continué hablando, como si las palabras fuesen agua que acaba de encontrar un cauce por el que correr—. Años más tarde decidí huir y comencé a perder lo poco que me quedaba; amigos, el Crimson, mi tienda, a mi mismo...
Intenté deshacer el nudo que se había formado en mi garganta apurando de nuevo la botella de vino. Carraspeé un poco para aclarar mi voz. Bajé la mirada y ceñí un poco más mi sombrero, con la intención de ocultar mis ojos vidriosos.
—En resumen: una pérdida tras otra —dije con una sonrisa triste en la cara, intentando disimular—. A veces pienso que debe estar bien estar al otro lado, ¿no?. Ser el que gane.
Agité la botella para comprobar el líquido que quedaba y decidí que por un trago más, no pasaría nada.
Exhalé profundo mientras el capitán se incorporaba para abrir una nueva botella. Agarré de nuevo de la que ya había bebido. No por gusto, no por ganas. Pero sí por la extraña sensación reconfortante que empezaba a llenar mi cuerpo. Eros continuó hablando hasta que los gases de su interior decidieron tapar sus palabras. Creo que fue en ese momento cuando entendí en realidad por qué mucha gente bebía. En otra ocasión, tal falta de decoro me hubiese resultado de lo más obsceno. Sin embargo, en aquel momento, no pude contener una pequeña risilla. Eros también rio. Comencé a beber de nuevo. Un trago corto. El sabor parecía haber mejorado un poco. Ya no me resultaba tan amargo. Di otro trago más profundo mientras escuchaba al capitán hablar de su pasado. Una historia que me recordaba en parte a la mía. Había luchado desde pequeño, ¿sería por eso que era tan buen guerrero?
Paré de beber. Solo un instante. Vi como el carpintero miraba al cielo y extendía su mano hacia la luna. Pensé que lo más apropiado era dejarle espacio con sus pensamientos. Volví a beber de nuevo, mis ojos cerrados. Sin embargo este trago no fue largo, pues casi me atraganto al oír lo que me dijo Eros. ¿Acaso era una invitación a hablarle sobre mi pasado? Yo nunca lo hago. ¿Lo había hecho alguna vez?
—Bueno, antes de los Cabaret yo tampoco había salido a explorar el mundo —dije sorprendiéndome a mi mismo—. Antes de eso yo...
Las palabras salían de mi boca como si tuviesen vida propia. Tal vez el vino era el causante de aquella extraña sensación de valentía. O tal vez fuese algo que llevaba demasiado tiempo esperando a salir. Sea por el motivo que fuese, tomé aire y decidí seguir hablando.
—De niño... Yo era un niño normal. Me pasaba el día en la biblioteca, esperando que mis padres volvieran de sus viajes. Un día me colé en su barco para acompañarles a una expedición y... fue ahí cuando todo cambió. Cuando el mundo se empeñó en demostrarme que las cosas siempre pueden ir a peor. Acabé perdido, viviendo en la selva. Y luego en manos de un jefe mafioso. Siempre envuelto en robos y violencia —continué hablando, como si las palabras fuesen agua que acaba de encontrar un cauce por el que correr—. Años más tarde decidí huir y comencé a perder lo poco que me quedaba; amigos, el Crimson, mi tienda, a mi mismo...
Intenté deshacer el nudo que se había formado en mi garganta apurando de nuevo la botella de vino. Carraspeé un poco para aclarar mi voz. Bajé la mirada y ceñí un poco más mi sombrero, con la intención de ocultar mis ojos vidriosos.
—En resumen: una pérdida tras otra —dije con una sonrisa triste en la cara, intentando disimular—. A veces pienso que debe estar bien estar al otro lado, ¿no?. Ser el que gane.
Agité la botella para comprobar el líquido que quedaba y decidí que por un trago más, no pasaría nada.
