13-01-2026, 11:24 PM
Lo había logrado: había conseguido llamar la atención del gigante azul, lo suficiente como para intentar venderle aquello dispuesto sobre la mesa. Desde tan corta distancia no pude evitar sentir una curiosidad casi infantil; era verdaderamente colosal. ¿Cuánto podría medir? ¿Quince metros, tal vez más? Su sola presencia imponía, proyectando una sombra que parecía tragarse el entorno.
Mientras él observaba en silencio, aproveché el momento para mover con cuidado algunas de las piedras más costosas, dejándolas captar la luz de forma estratégica, como si cada destello fuese una promesa. El tintinear sutil contra la madera resonó más fuerte de lo que esperaba en aquel instante cargado de tensión. Sonreí entonces, no solo por la esperanza de haber despertado su interés, sino al escuchar finalmente sus palabras, profundas y pesadas, como si el aire mismo vibrara al salir de su garganta. —Oh, amigo azul, verás que viajo mucho, muy lejos y me gustan demasiado las cosas brillantes así que por lo general lo que no me quedo, lo vendo. — Respondí y había verdad en mis palabras: Me quedaba con alguna que otra cosa de las que encontraba, hasta el mejor mercader lo hace. — Pareces muy inteligente, lo veo bien ¿me entiendes? Pero verás que esta apuesta es mera diversión; apuestas un poco de dinero, tiramos el dado y el que saque el número más alto gana. Solo suerte, incluso puede ser que ganes alguna de estas piedras sin pagar ni media berry ¿Qué opinas? — Al final del día, solo podía ser una ganancia. No había pérdida posible en aquel acto, al menos no una que no estuviera dispuesto a asumir. Jugué con el dado en mi mano, haciéndolo rodar entre mis dedos con parsimonia, sintiendo sus aristas frías y familiares mientras lo observaba un instante más de la cuenta, como si en él se concentraran todas las probabilidades del mundo.
Luego alcé la mirada, regresándola al azulado, cuya presencia seguía siendo tan imponente como inquietante. Extendí el brazo con calma deliberada, ofreciéndole el dado, dejando claro que la decisión ya no estaba solo en mis manos. En ese pequeño gesto se resumía todo: riesgo, expectativa y la silenciosa promesa de que, ocurriera lo que ocurriera, el resultado sería digno de presenciarse. —¿Eres local? No te había visto antes…—
Mientras él observaba en silencio, aproveché el momento para mover con cuidado algunas de las piedras más costosas, dejándolas captar la luz de forma estratégica, como si cada destello fuese una promesa. El tintinear sutil contra la madera resonó más fuerte de lo que esperaba en aquel instante cargado de tensión. Sonreí entonces, no solo por la esperanza de haber despertado su interés, sino al escuchar finalmente sus palabras, profundas y pesadas, como si el aire mismo vibrara al salir de su garganta. —Oh, amigo azul, verás que viajo mucho, muy lejos y me gustan demasiado las cosas brillantes así que por lo general lo que no me quedo, lo vendo. — Respondí y había verdad en mis palabras: Me quedaba con alguna que otra cosa de las que encontraba, hasta el mejor mercader lo hace. — Pareces muy inteligente, lo veo bien ¿me entiendes? Pero verás que esta apuesta es mera diversión; apuestas un poco de dinero, tiramos el dado y el que saque el número más alto gana. Solo suerte, incluso puede ser que ganes alguna de estas piedras sin pagar ni media berry ¿Qué opinas? — Al final del día, solo podía ser una ganancia. No había pérdida posible en aquel acto, al menos no una que no estuviera dispuesto a asumir. Jugué con el dado en mi mano, haciéndolo rodar entre mis dedos con parsimonia, sintiendo sus aristas frías y familiares mientras lo observaba un instante más de la cuenta, como si en él se concentraran todas las probabilidades del mundo.
Luego alcé la mirada, regresándola al azulado, cuya presencia seguía siendo tan imponente como inquietante. Extendí el brazo con calma deliberada, ofreciéndole el dado, dejando claro que la decisión ya no estaba solo en mis manos. En ese pequeño gesto se resumía todo: riesgo, expectativa y la silenciosa promesa de que, ocurriera lo que ocurriera, el resultado sería digno de presenciarse. —¿Eres local? No te había visto antes…—

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