Año 16, Verano 24
Haber salido huyendo de mi isla no era el mejor recuerdo que podría tener ese día, pero es que, justamente hoy era importante. El mismo día de hace 20 años, el día en el que perdí mi mundo, mi isla… todo se fue a la basura.
—Paciencia en la forja —dejé escapar la calada de marihuana de entre mis labios mientras levantaba la miraba para ver hacia el cielo, estaba a punto de anochecer y en mi rostro solo había una sonrisa grande, porque también era muy afortunada.
Detrás de mi colgaba la piel de lobo roja que me cubría los hombros, y el esqueleto de su cráneo cubriendo mis cabellos; deslicé la capucha en forma de fauce lobuna y recibí el viento marino directo en la cara junto a los rayos de sol. Me recorrió el cuerpo una sensación de hormigueo delicioso en todo el cuerpo a causa de mi estado elevado.
Desde el camino podía escuchar el sonido del mar, y ver a lo lejos las olas chocando contra la playa; una sonrisa se me escapó del rostro mientras que comenzaba a ver la entrada del pueblo costero y cierta cantidad de gente entrando en él de a poco, como si huyeran de la oscuridad.
Iba a llover.
Las nubes se arremolinaban lenta pero seguramente, mezclado la humedad con la brisa marina. Aquella noche haría calor.
Me adentré en el pueblo, las calles pavimentadas a piedra de la bahía principal estaba llena de pequeños negocios de comida, había hoteles costeros pintorescos, casas de té y restaurantes que amablemente te invitaban a pasar, las luces de velas, candiles, antorchas y una que otra lámpara se prendía, dando paso a la vida nocturna.
Coatl se deslizó por mi hombro pues había estado dormida todo el camino, bien apretada entre mis brazos y espalda. Con un ligero siseo pareció como si me diera los buenos días, para luego bajar por mi brazo y caer al piso deslizándose.
Rápidamente, se perdió entre el camino, directo hacia los matorrales y manglares de la costa.
—Buen provecho, hermana —susurré mientras que la veía desaparecer y yo me perdía entre las pequeñas casas y calles, había un festival en la plaza central, la música de tambores y risas se mezclaban con el ambiente lejano y sobrio, donde no había luz alguna que alejara los pecados.
Entré a la luz, mi cuerpo fue iluminado por antorchas mientras me acercaba a un pequeño puesto de comida, que a la luz cálida freía carne fresca; la boca se me hacía agua y el estómago comenzaba a pedir combustible. Me relamí los labios y me sonreí acercándome al puesto —¡Buenas noches patrón! —le dije, halagando al cocinero que también se encargaba de servir.
—¡Un plato de arroz con carne por favor! —el hombre sonrió, asintió y se puso manos a la obra.
Pero entonces, ocurrió una cosa curiosa, el hombre me entregó el plato que humeaba de caliente y emitía un olor que me hacía gruñir las tripas, lo tomé con las dos manos para ponerlo en la pequeña base y de repente.
El puesto del hombre ya no existía más.

A mis oídos se acercaban pasos, alguien llegaba detrás de mí en el mismo instante en el que un cuerpo bastante grande era empujado por el costado derecho hacia el carrito de comida, salpicando el aceite caliente por todos lados pero sobre todo, hacia mi, no sentí absolutamente nada.
Al ver durante un pestañeo en la calle detrás de donde todo aquel probable accidente ocurría, una silueta femenina meneaba sus caderas hacia la calle. Me quedé sin respiración.
Antes de que cualquiera allí pudiera pestañear, dos brazos salieron de la oscuridad, llevándosela, arrastrandola.
—Hoh...
Karmas usados
![[Imagen: dtilbUBl_o.gif]](https://images2.imgbox.com/36/77/dtilbUBl_o.gif)
Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
