14-01-2026, 09:21 PM
A simple vista y oído parecía ser que el hombre de cabellos alborotados había tomado a bie el acercamiento de Hiiragi, al menos lo había tomado con suficiente humor para hacer una broma al respecto de su presencia en aquel establecimiento -Aún no me gané mis alas, así que solo conejita por ahora...- respondió bromeando mientras veía al sonriente individuo levantándose de su lugar para pararse frente a ella y mirarla con un interés extraño al entender de la peliblanca.
Aquel hombre la miraba con un evidente interés pero no el mismo tipo de interés que había visto entre cientos y miles de veces ya a lo largo de su vida la humink, era algo extraño y diferente, difícil de identificar de buenas a primeras pero el análisis se vio interrumpido por el ahora identificado como "Cill el pirata" regresando a la barra antes de aceptar la tranquila proposición de Hiiragi, cosa que la dejo sonriente y satisfecha, cerrando los ojos por un momento mientras asentia.
Lo siguiente que supo antes de abrir sus ojos era que una sensación poco habitual había optado por hacerse presente de repente, al abrir sus ojos la oji-rubí pudo entender fácilmente de donde venía aquella sensación, era Cill sonriendo como un bobalicón mientras que acariciaba con suavidad la oreja izquierda de la chica conejo -Diría que claro que son reales, pero mucha gente se ha sorprendido viéndolas o notando mi cola la primera vez, así que puedo entender la curiosidad... aunque he de decir que es poco cortes tocar el cuerpo de una dama sin previo consentimiento de la misma...- dijo de forma un tanto solemne antes de proseguir -¿Que harías si resulta que soy una espía de la marina? Podría arrestarte por comportamiento indebido y piratería, fácil y rápido- afirmo mientras sonreía amenazantemente antes de soltar una carcajada -Es una pena que no lo sea.- culmino mientras veía a los ojos a su interlocutor.
Sin embargo a pesar de las bromas y comentarios la coneja de pelo blanco seguía allí presente sin haber hecho ni un solo gesto para que el pirata dejase de tener su oreja disponible para acariciarla con suavidad, ambas orejas cayeron en un gesto natural cuando el pirata se apartó dejando desatendida la parte animal de Hiiragi -Excelente, me alegra que aceptaras mi invitación.- dijo antes de reformular sus ideas y agregar otra oración -Si lo pasamos muy bien te daré permiso de acariciar un poco más mis orejas de nuevo.- determino con una sonrisa.
La muchacha extendió su mano derecha al joven para agarrarlo de la muñeca y llevarlo a la pista de baile -No te sientas incomodo, solo déjate llevar y yo te guiaré con mis manos o mi voz.- dijo tras ver algo de nerviosismo y un tono rojizo en el rostro del joven, tal vez fuera la bebida o la vergüenza, en cualquier caso ella no tendría problemas en dirigir los pasos.
Aunque se llamase el nido del diablo, el establecimiento donde se encontraban seguía estando en Samba un reino con pasión desbordante por los bailes tanto tradicionales como más modernos, el ritmo movido era lo que más parecía ser popular en aquellos lugares donde la coneja frecuentaba deambular o bailar, quizás porque buscaba tipos específicos de diversión en un ritmo que le permitiera agitarse y sudar con la pasión de los locales. -Venga Cill no tienes que frenar, solo da pasos en mi dirección y aléjate de mí se me pego demasiado, se mi espejo y responde a mi conversación.- dijo mientras sonreía ampliamente mostrando los dientes por la felicidad y emoción.
Con cada paso que daba la coneja de cabello blanca parecía querer saltar de emoción, moviéndose lento para ella pero rápido para quien la viera o tuviera que bailar con ella, se acercaba al pelinegro con movimientos intensos y luego se apartaba para que él fuera quien tuviera que seguirla, alzaba la mano para que él imitase y luego girar bajo los dedos de su compañero de baile antes de ofrecerle la oportunidad de hacer lo mismo.
El ritmo no era constante pues con cada mejora de Cill la oji-rubí subía la presión con emoción de bailar un poco más -Puedes centrarte más en quedarte en los mismos lugares donde dar cada paso mientras yo hago los voleos a tu alrededor también si te estoy sobrepasando por demasiado.- casi que gritó mientras movía los hombros el cuello y todo el cuerpo siguiendo el rimo de la festiva guitarra que mantenía a los que estuvieran el pista en movimiento dándoles el ritmo para elegir si zapatear, bailar o simplemente rebotar en el lugar al son de la fiesta carraspeada de una buena guitarra.
Aquel hombre la miraba con un evidente interés pero no el mismo tipo de interés que había visto entre cientos y miles de veces ya a lo largo de su vida la humink, era algo extraño y diferente, difícil de identificar de buenas a primeras pero el análisis se vio interrumpido por el ahora identificado como "Cill el pirata" regresando a la barra antes de aceptar la tranquila proposición de Hiiragi, cosa que la dejo sonriente y satisfecha, cerrando los ojos por un momento mientras asentia.
Lo siguiente que supo antes de abrir sus ojos era que una sensación poco habitual había optado por hacerse presente de repente, al abrir sus ojos la oji-rubí pudo entender fácilmente de donde venía aquella sensación, era Cill sonriendo como un bobalicón mientras que acariciaba con suavidad la oreja izquierda de la chica conejo -Diría que claro que son reales, pero mucha gente se ha sorprendido viéndolas o notando mi cola la primera vez, así que puedo entender la curiosidad... aunque he de decir que es poco cortes tocar el cuerpo de una dama sin previo consentimiento de la misma...- dijo de forma un tanto solemne antes de proseguir -¿Que harías si resulta que soy una espía de la marina? Podría arrestarte por comportamiento indebido y piratería, fácil y rápido- afirmo mientras sonreía amenazantemente antes de soltar una carcajada -Es una pena que no lo sea.- culmino mientras veía a los ojos a su interlocutor.
Sin embargo a pesar de las bromas y comentarios la coneja de pelo blanco seguía allí presente sin haber hecho ni un solo gesto para que el pirata dejase de tener su oreja disponible para acariciarla con suavidad, ambas orejas cayeron en un gesto natural cuando el pirata se apartó dejando desatendida la parte animal de Hiiragi -Excelente, me alegra que aceptaras mi invitación.- dijo antes de reformular sus ideas y agregar otra oración -Si lo pasamos muy bien te daré permiso de acariciar un poco más mis orejas de nuevo.- determino con una sonrisa.
La muchacha extendió su mano derecha al joven para agarrarlo de la muñeca y llevarlo a la pista de baile -No te sientas incomodo, solo déjate llevar y yo te guiaré con mis manos o mi voz.- dijo tras ver algo de nerviosismo y un tono rojizo en el rostro del joven, tal vez fuera la bebida o la vergüenza, en cualquier caso ella no tendría problemas en dirigir los pasos.
Aunque se llamase el nido del diablo, el establecimiento donde se encontraban seguía estando en Samba un reino con pasión desbordante por los bailes tanto tradicionales como más modernos, el ritmo movido era lo que más parecía ser popular en aquellos lugares donde la coneja frecuentaba deambular o bailar, quizás porque buscaba tipos específicos de diversión en un ritmo que le permitiera agitarse y sudar con la pasión de los locales. -Venga Cill no tienes que frenar, solo da pasos en mi dirección y aléjate de mí se me pego demasiado, se mi espejo y responde a mi conversación.- dijo mientras sonreía ampliamente mostrando los dientes por la felicidad y emoción.
Con cada paso que daba la coneja de cabello blanca parecía querer saltar de emoción, moviéndose lento para ella pero rápido para quien la viera o tuviera que bailar con ella, se acercaba al pelinegro con movimientos intensos y luego se apartaba para que él fuera quien tuviera que seguirla, alzaba la mano para que él imitase y luego girar bajo los dedos de su compañero de baile antes de ofrecerle la oportunidad de hacer lo mismo.
El ritmo no era constante pues con cada mejora de Cill la oji-rubí subía la presión con emoción de bailar un poco más -Puedes centrarte más en quedarte en los mismos lugares donde dar cada paso mientras yo hago los voleos a tu alrededor también si te estoy sobrepasando por demasiado.- casi que gritó mientras movía los hombros el cuello y todo el cuerpo siguiendo el rimo de la festiva guitarra que mantenía a los que estuvieran el pista en movimiento dándoles el ritmo para elegir si zapatear, bailar o simplemente rebotar en el lugar al son de la fiesta carraspeada de una buena guitarra.
Código:
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