Por fin un poco de tranquilidad.
Era el momento perfecto para ir a comprar provisiones y algunas cosas más. Así que les dije a los chicos de ir a por todo ello. Nos separamos para buscar por el pueblo, el cual se llamaba Kakutasu. Me vestí con la ropa que me prestó la señora del hostal, camisa blanca con líneas horizontales y verticales azules que hacían cuadros y unos vaqueros. Por allí no había cuartel, así que no podía recibir ropa de la Marina. Procedí salir del hostal y buscar que nos encontrábamos por allí. Lo primero que necesitaba era un Den den mushi para poder comunicarme con un cuartel.
El ambiente era agradable. La gente disfrutaba en la calle charlando, los niños jugaban de un lado a otro. No había revuelo de nada. Era un lugar tranquilo ahora mismo. Incluso a pesar de ser una zona desértica y calurosa, según iba cayendo la noche, iba refrescando y bajando un poco las temperaturas. Procedía a visualizar los edificios del pueblo, todo construcciones de madera rústicas. Y pude visualizar una de tamaño mediano. La cual tenía un gran letrero grande a la entrada que ponía "TIENDA". Directo y claro. Así que procedí a entrar. Allí, detrás del mostrador, se encontraba un hombre de unos 50 años, con la barbita un poco larga y rizada, gafas con cuerda al cuello y un delantal - ¡Buenas tardes, buen hombre! Dígame en que puedo ayudarle - Me dijo amablemente. Estuvo enseñándome que productos tenía por allí, todo utensilios prácticos y de utilidad. Para mi mala suerte, nada relacionado con gastronomía. Pero supongo que eso sería en otra tienda. Al final del todo, hice una compra al buen hombre amable y este procedió a meter en la bolsa todo: 3 den den mushi, unos guantes para mí y una cajetilla de tabaco. Salí de aquella tienda mientras educadamente me despedía de aquel amable tendero.
Cuando salí de la tienda escuché un poco de alboroto. La gente del pueblo murmuraba, pero eran tantos los que lo estaban haciendo que se conseguía escuchar por todo el pueblo. Bajé los 3 escalones de la entrada de la tienda y me situé en medio de la calle árida, cuando de repente al mirar a mi derecha vi a la gente apelotonada. Pero lo más destacable no era eso, era un ser inmenso el cual estaba riéndose a carcajadas. Abrí los ojos tanto que casi se me salen de las cuencas, no daba crédito a lo que estaba viendo. Karl, Sasha y Taka, que en paz descanse, se quedaban cortos ante semejante mole. Aquel ser no parecía que tuviera malas intenciones, al revés, se le veía amable y buena gente, pero con tal tamaño era sorprendente el miedo que daba. De repente, escuché como una persona gritaba al mesonero, para sacarle comida, agua y más cosas - Oh, no... - Dije por lo bajo. Era Karl, esa voz solo podía ser de ella. Y estaba en todo el medio de la gente. Solo esperaba que no hubiera liado ninguna.
Me adentré entre la gente para ir al centro del asunto, y solo vi al grandullón, pero no a Karl. Pero la había escuchado, era ella sin duda, pero no estaba allí fuera. Me quedé parado a la derecha del gigante. No sé cuanto podía medir, fácilmente incluso más del doble de Karl media. Solo podía contemplarlo de abajo a arriba. Tenía una barba gigantesca. Una de esas cejas media prácticamente lo mismo que yo. Estaba asombrado. Esto no paso de desapercibido para el grandullón y me miró - H… Hola, buenas tardes - Dije un poco nervioso - ¿No habrá visto por aquí a…?.. Una mujer con un cuerno y... más alta que yo... - No me salían las palabras. No era miedo, era asombro.
Era el momento perfecto para ir a comprar provisiones y algunas cosas más. Así que les dije a los chicos de ir a por todo ello. Nos separamos para buscar por el pueblo, el cual se llamaba Kakutasu. Me vestí con la ropa que me prestó la señora del hostal, camisa blanca con líneas horizontales y verticales azules que hacían cuadros y unos vaqueros. Por allí no había cuartel, así que no podía recibir ropa de la Marina. Procedí salir del hostal y buscar que nos encontrábamos por allí. Lo primero que necesitaba era un Den den mushi para poder comunicarme con un cuartel.
El ambiente era agradable. La gente disfrutaba en la calle charlando, los niños jugaban de un lado a otro. No había revuelo de nada. Era un lugar tranquilo ahora mismo. Incluso a pesar de ser una zona desértica y calurosa, según iba cayendo la noche, iba refrescando y bajando un poco las temperaturas. Procedía a visualizar los edificios del pueblo, todo construcciones de madera rústicas. Y pude visualizar una de tamaño mediano. La cual tenía un gran letrero grande a la entrada que ponía "TIENDA". Directo y claro. Así que procedí a entrar. Allí, detrás del mostrador, se encontraba un hombre de unos 50 años, con la barbita un poco larga y rizada, gafas con cuerda al cuello y un delantal - ¡Buenas tardes, buen hombre! Dígame en que puedo ayudarle - Me dijo amablemente. Estuvo enseñándome que productos tenía por allí, todo utensilios prácticos y de utilidad. Para mi mala suerte, nada relacionado con gastronomía. Pero supongo que eso sería en otra tienda. Al final del todo, hice una compra al buen hombre amable y este procedió a meter en la bolsa todo: 3 den den mushi, unos guantes para mí y una cajetilla de tabaco. Salí de aquella tienda mientras educadamente me despedía de aquel amable tendero.
Cuando salí de la tienda escuché un poco de alboroto. La gente del pueblo murmuraba, pero eran tantos los que lo estaban haciendo que se conseguía escuchar por todo el pueblo. Bajé los 3 escalones de la entrada de la tienda y me situé en medio de la calle árida, cuando de repente al mirar a mi derecha vi a la gente apelotonada. Pero lo más destacable no era eso, era un ser inmenso el cual estaba riéndose a carcajadas. Abrí los ojos tanto que casi se me salen de las cuencas, no daba crédito a lo que estaba viendo. Karl, Sasha y Taka, que en paz descanse, se quedaban cortos ante semejante mole. Aquel ser no parecía que tuviera malas intenciones, al revés, se le veía amable y buena gente, pero con tal tamaño era sorprendente el miedo que daba. De repente, escuché como una persona gritaba al mesonero, para sacarle comida, agua y más cosas - Oh, no... - Dije por lo bajo. Era Karl, esa voz solo podía ser de ella. Y estaba en todo el medio de la gente. Solo esperaba que no hubiera liado ninguna.
Me adentré entre la gente para ir al centro del asunto, y solo vi al grandullón, pero no a Karl. Pero la había escuchado, era ella sin duda, pero no estaba allí fuera. Me quedé parado a la derecha del gigante. No sé cuanto podía medir, fácilmente incluso más del doble de Karl media. Solo podía contemplarlo de abajo a arriba. Tenía una barba gigantesca. Una de esas cejas media prácticamente lo mismo que yo. Estaba asombrado. Esto no paso de desapercibido para el grandullón y me miró - H… Hola, buenas tardes - Dije un poco nervioso - ¿No habrá visto por aquí a…?.. Una mujer con un cuerno y... más alta que yo... - No me salían las palabras. No era miedo, era asombro.
Objetos comprados en la tienda
