17-01-2026, 12:44 AM
(Última modificación: 17-01-2026, 12:47 AM por Maria Merlot.
Razón: Los codigos se salieron de control.
)
Narrador / María Merlot
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Un gigante.
Un humano.
Una mestiza.
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Un gigante.
Un humano.
Una mestiza.
Un trió algo peculiar, unidos por la casualidad del destino, o tal vez por algo más grande, después de todo, nada era casual, sino causal. El grandote de cabello negro, le respondió a medias, no le contó nada sobre el Príncipe Einarr y eso la hizo hacer un puchero como una pequeña niña a la que no le dan su juguete favorito, pero luego la saludo y pregunto por su bienestar — Estoy muy bien, aunque estoy perdida. Nade hacia un lado, y ya no estaba el Flush Royal ¿Sabes dónde estamos? ¿Me ayudas luego a encontrar a mis nakamas? Aunque ellos siempre me encuentran primero cuando me pierdo… pero si voy contigo podría saludar al Príncipe Einarr — sus palabras fueron alegres hasta que menciono al compañero del gigante, y una media sonrisa de mona lisa se apodero de sus labios.
Luego cuando ayudo al hombrecito a recoger sus cosas, le pareció muy ansioso y contradictorio. ¡Quería ayuda y luego la rechazaba! Así que esa cosa con forma de consolador femenino era un lápiz, María lo miro como analizando sus palabras — Un lápiz, claroooo — le dijo con una sonrisa cómplice mientras le guiñaba uno de sus preciosos orbes ámbar. Después explico la misión, prometió regalos, y ordeno acciones. Si que era hiperactivo, tanto como ella. Lo cierto es que, no tenia a dónde ir, y si se quedaba con Gigantón, obtendría un premio mayor que todos los tesoros de ese templo: Reencontrarse con el Príncipe Einarr. Así que acepto acompañarlos como una “Becaria”.
Al entrar al susodicho templo, el alba los despidió. Adentro no había antorchas, nadie tenía una pero la luminiscencia de unas plantitas en las paredes iluminaban sus pasos. Claro, ella tenía una leve ventaja, una gran vista. La joven mestiza iba detrás del hombrecito, y casi a la par del gigante, por eso pudo observar algo llamativo, quizás el hombre no era un humano, sino una luciérnaga; parecía salir un destello muy curioso de su cuello. ¿Si levantaba su poncho, descubriría un cuerpo luminoso? Su vena cotilla empezó a latir, tal vez pronto intentaría descubrirlo por su propia mano.
Llegaron a una especie de encrucijada, lo que inmediatamente aparto la atención de María del hombrecito, y se quedo maravillada por lo que veía. Estatuas con cabezas de algún primo lejano, seis de ellas en total, y tenían números en sus pedestales — ¡Que simpático quien las enumero! Así no nos podemos confundir al hablar con ellas: Hola Número Uno, como te trata la petrificación, guapo — bromeo yendo a la siguiente — … tu esposa debe estar molesta, esperándote en casa. Despierta, primo y regresa con ella, esos pequeños cefadopolitos no se criarán solos, Número Dos — esta vez camino hacia el número tres y cuatro —… ustedes deben ser gemelos, son igualitos. Tener hermanos es divertido, tengo dos, Jensen y Maki, y son los mejores y más fuerte que conozco, mis hermanos son geniales — los recordó con una encantadora sonrisa en sus labios, extrañaba especialmente a la valkiria besada por el sol, tenía semanas sin verla. Así camino hacia la numero cinco y seis —… seguro ustedes han sido los instigadores de todos, se ven muy tranquilitos, ahí, tiesos como piedra… Respondan, rocas cefadopolicas… ¿Cómo puedo conocer todos los chismes del universo? — les pregunto alzando sus brazos y pidiendo una respuesta con fe, después de todo, estaba frente a un culto de monstruos marinos, y ella era una… marinita… estaban en confianza y familia.
Luego de bromear, o tal vez no, con las estatuas se volteo al centro dónde estaban sus compañeros. El gigantón parecía concentrado en descubrir el misterio de los tambores. Así que ella empezó a rodear el circulo y pensar también: tambores, ¿era una luciérnaga el enano?, nueve de ellos, seis estatuas, hambre, ¿Por qué el gigante no la llevaba en sus hombros?, estrellas, ¿Debía pedírselo?, descifrar notas, ella desde abajo no veía nada… — GIGANTÓN, PIDO PERMISO PARA ABORDAR — le hablo como solía hablar a él: En Gigantez — ALLÁ VOY… — le advirtió, entonces se inclinó, tomó impulso, y salto: 12 metros exactos, un poco más arriba de la mitad del hombre, se sujeto de su ropa, y empezó a escalar, hasta llegar a su hombro derecho; después de todo, tenía mucha destreza y habilidad escalando gigantes, y este era más bajito que el suyo: Thrym — … soy una garrapataaaaaa grrrr grrrr grrrr — bromeo haciéndole cosquillitas en el cuello y luego soltó una sonrisa divertida — No me mates, solo juego contigo, Gigantón — esta vez hablo normal, después de todo estaba mas cerca de su oído — Oh, desde aquí es mejor la vista… mira, uno de esos tambores tiene una X… en los mapas de los cuentos piratas la X marca el tesoro… — dijo desde el hombro del gigante, en un tono de voz bajo, y considerando la altura, el pequeño hombre no podría escucharlos, ¿cierto? — ¿Sabes que creo? Eran una banda de percusión, y usaban este lugar para practicar, pero alguien malvado los petrifico, y por eso ahora son rocas… y quizás luciérnaga es su fan, y quiere despertarlos para que sigan conquistando el mundo de la música… y Octavia, debe ser su mánager — expuso su idea, como un secreto solo para Kelvín, luego prosiguió — … yo digo que pinchemos un, dos, tres, cuatro, cinco, seis y X… O tal vez… — se giro buscando con la mirada al hombrecito que estaba… subiendo por una cuerda — ¡OYE TU! ERES EL CAPITÁN DE ESTE BARCO… LEE BIEN ESAS INSCRIPCIONES, DANOS UNA RESPUESTA… ¿QUÉ TIPO DE MUSICA TOCABAN LOS CEFADOFOLICOS: ROCK, POP, CUMBIA, CLÁSICA? — con cada mención, hizo un gesto característico de esos estilos — O… SI LAS ESTATUAS SEÑALAN UN ORDEN, O QUE SÉ YO… VAMOS A REGRESAR A LA PLAYA, ENCENDER UNA FOGATA Y CONTAR HISTORIAS DE TERROR… ¿Crees que el príncipe Einarr se nos una? — esto último lo pregunto en un susurro a Kelvin mientras enrollaba un mechón de su largo cabello, en su dedo índice derecho. A la semi sirena, le gustaba mucho su amigo alado.
Luego cuando ayudo al hombrecito a recoger sus cosas, le pareció muy ansioso y contradictorio. ¡Quería ayuda y luego la rechazaba! Así que esa cosa con forma de consolador femenino era un lápiz, María lo miro como analizando sus palabras — Un lápiz, claroooo — le dijo con una sonrisa cómplice mientras le guiñaba uno de sus preciosos orbes ámbar. Después explico la misión, prometió regalos, y ordeno acciones. Si que era hiperactivo, tanto como ella. Lo cierto es que, no tenia a dónde ir, y si se quedaba con Gigantón, obtendría un premio mayor que todos los tesoros de ese templo: Reencontrarse con el Príncipe Einarr. Así que acepto acompañarlos como una “Becaria”.
Al entrar al susodicho templo, el alba los despidió. Adentro no había antorchas, nadie tenía una pero la luminiscencia de unas plantitas en las paredes iluminaban sus pasos. Claro, ella tenía una leve ventaja, una gran vista. La joven mestiza iba detrás del hombrecito, y casi a la par del gigante, por eso pudo observar algo llamativo, quizás el hombre no era un humano, sino una luciérnaga; parecía salir un destello muy curioso de su cuello. ¿Si levantaba su poncho, descubriría un cuerpo luminoso? Su vena cotilla empezó a latir, tal vez pronto intentaría descubrirlo por su propia mano.
Llegaron a una especie de encrucijada, lo que inmediatamente aparto la atención de María del hombrecito, y se quedo maravillada por lo que veía. Estatuas con cabezas de algún primo lejano, seis de ellas en total, y tenían números en sus pedestales — ¡Que simpático quien las enumero! Así no nos podemos confundir al hablar con ellas: Hola Número Uno, como te trata la petrificación, guapo — bromeo yendo a la siguiente — … tu esposa debe estar molesta, esperándote en casa. Despierta, primo y regresa con ella, esos pequeños cefadopolitos no se criarán solos, Número Dos — esta vez camino hacia el número tres y cuatro —… ustedes deben ser gemelos, son igualitos. Tener hermanos es divertido, tengo dos, Jensen y Maki, y son los mejores y más fuerte que conozco, mis hermanos son geniales — los recordó con una encantadora sonrisa en sus labios, extrañaba especialmente a la valkiria besada por el sol, tenía semanas sin verla. Así camino hacia la numero cinco y seis —… seguro ustedes han sido los instigadores de todos, se ven muy tranquilitos, ahí, tiesos como piedra… Respondan, rocas cefadopolicas… ¿Cómo puedo conocer todos los chismes del universo? — les pregunto alzando sus brazos y pidiendo una respuesta con fe, después de todo, estaba frente a un culto de monstruos marinos, y ella era una… marinita… estaban en confianza y familia.
Luego de bromear, o tal vez no, con las estatuas se volteo al centro dónde estaban sus compañeros. El gigantón parecía concentrado en descubrir el misterio de los tambores. Así que ella empezó a rodear el circulo y pensar también: tambores, ¿era una luciérnaga el enano?, nueve de ellos, seis estatuas, hambre, ¿Por qué el gigante no la llevaba en sus hombros?, estrellas, ¿Debía pedírselo?, descifrar notas, ella desde abajo no veía nada… — GIGANTÓN, PIDO PERMISO PARA ABORDAR — le hablo como solía hablar a él: En Gigantez — ALLÁ VOY… — le advirtió, entonces se inclinó, tomó impulso, y salto: 12 metros exactos, un poco más arriba de la mitad del hombre, se sujeto de su ropa, y empezó a escalar, hasta llegar a su hombro derecho; después de todo, tenía mucha destreza y habilidad escalando gigantes, y este era más bajito que el suyo: Thrym — … soy una garrapataaaaaa grrrr grrrr grrrr — bromeo haciéndole cosquillitas en el cuello y luego soltó una sonrisa divertida — No me mates, solo juego contigo, Gigantón — esta vez hablo normal, después de todo estaba mas cerca de su oído — Oh, desde aquí es mejor la vista… mira, uno de esos tambores tiene una X… en los mapas de los cuentos piratas la X marca el tesoro… — dijo desde el hombro del gigante, en un tono de voz bajo, y considerando la altura, el pequeño hombre no podría escucharlos, ¿cierto? — ¿Sabes que creo? Eran una banda de percusión, y usaban este lugar para practicar, pero alguien malvado los petrifico, y por eso ahora son rocas… y quizás luciérnaga es su fan, y quiere despertarlos para que sigan conquistando el mundo de la música… y Octavia, debe ser su mánager — expuso su idea, como un secreto solo para Kelvín, luego prosiguió — … yo digo que pinchemos un, dos, tres, cuatro, cinco, seis y X… O tal vez… — se giro buscando con la mirada al hombrecito que estaba… subiendo por una cuerda — ¡OYE TU! ERES EL CAPITÁN DE ESTE BARCO… LEE BIEN ESAS INSCRIPCIONES, DANOS UNA RESPUESTA… ¿QUÉ TIPO DE MUSICA TOCABAN LOS CEFADOFOLICOS: ROCK, POP, CUMBIA, CLÁSICA? — con cada mención, hizo un gesto característico de esos estilos — O… SI LAS ESTATUAS SEÑALAN UN ORDEN, O QUE SÉ YO… VAMOS A REGRESAR A LA PLAYA, ENCENDER UNA FOGATA Y CONTAR HISTORIAS DE TERROR… ¿Crees que el príncipe Einarr se nos una? — esto último lo pregunto en un susurro a Kelvin mientras enrollaba un mechón de su largo cabello, en su dedo índice derecho. A la semi sirena, le gustaba mucho su amigo alado.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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