03-11-2023, 12:55 PM
Escuché el relato de Triana completamente horrorizada, reteniendo en la boca el sorbo a mi agua que no me atrevía a tragar por si sufría el mismo desenlace que las personas de su historia. Cuando acabó de contarla, agaché mi cabeza y escupí toda esa agua al vaso de vuelta. Se dio en mí una contradicción por mi manía de no querer desperdiciar un alimento con mi miedo por la repugnante historia de Triana. Así que tomé la que creía que sería la mejor opción. -Toma Yojimbo, para ti - dije mientras le pasaba el vaso a mi compañero. Por si fuera poco, Aspros también siguió el juego aportando otra historia terrorífica. No podía quitarle la vista de encima mientras hablaba, imaginándome a aquellos ricachones guapos pasar por aquellas penurias. – ¡Ay!, no, no, no, no…– empecé a repetir en bucle al visualizar la escena final. Realmente la gente que se preocupa tanto por la apariencia podía llegar a dar mucho miedo. Respiré profundamente y miré a todos los de mesa.
Música ambiente.
– Está bien, me toca – en el fondo, disfrutaba con ello. - Hace unos años vivía en mi pueblo un niño llamado Tim. El chico era algo tímido y no tenía muchos amigos, pero le gustaba estar con las ratas del granero. Un día, mientras jugaba con ellas, le pareció que las ratas le guiaban hacia un montón de paja donde se encontraba otra rata grande y peluda. Tenía los bigotes enmarañados, su pelaje despeinado era grisáceo y carecía de brillo, y sus ojos estaban nublados, revelando su avanzada edad. El pequeño Tim, preocupado por ella, fue a acariciarla para mostrarle algo de cariño en sus últimos días de vida, pero, sin previo aviso, la rata se lanzó hacia él, mordiéndole el brazo. El pobre niño se puso a gritar de dolor, viendo cómo las marcas de los dientes de aquella rata ya se habían quedado grabadas en su piel. A la mañana siguiente, Tim se dio cuenta al mirarse al espejo de que sus dientes incisivos habían crecido, pareciéndose a los de un roedor. Este cambio preocupó a sus padres e hizo que los otros niños se rieran aún más de él, lo que provocaría un profundo dolor en Tim. Cada noche notaba cambios en su cuerpo, que se agrandaba y se encorvaba, sus manos comenzaron a transformarse en garritas, su piel empezó a cubrirse de un pelaje gris y áspero, y su cara se estiró hasta que le salieron bigotes. Se había convertido en una rata. Confundido y aterrado, Tim huyó de su casa, evitando la luz del día y escondiéndose en los graneros y casas abandonadas, en los desvanes y en los sótanos. Fue entonces cuando empezaron a suceder las desapariciones en el pueblo. Los vecinos aterrados, eran testigos de cómo los niños se alejaban de sus casas guiados por ratas. Los rumores sobre la existencia de una rata humana se extendieron por el pueblo, creándose atmósfera de miedo y paranoia, por lo que decidieron contratar a un exterminador de plagas, que rastrearía sin descanso a aquel monstruo.
-Tras una larga y aterradora búsqueda, el cazador encontró finalmente al pequeño Tim en uno de los graneros, quien seguía siendo un niño atrapado en el cuerpo de una rata. No dejaba de llorar y de suplicar con sus patitas, pero el exterminador, completamente aterrado, disparó su escopeta considerando que ya se había despojado de todo rastro de humanidad. A su lado, yacía una pila de huesos humanos roídos por aquel ser, revelando el trágico desenlace para los desaparecidos. Cuando los vecinos se adentraron al granero con antorchas y rastrillos, no vieron, para su sorpresa, ni a la rata gigante ni al exterminador. Tan solo quedaba un agujero grande en la pared trasera. Prendieron fuego al lugar, pero a día de hoy todavía se puede escuchar entre las paredes, en los suelos, en los techos, e incluso dentro de cualquier granero, el ñom ñom ñom y de una bestia royendo sin parar. Justo así. - dije para después pegarle un bocado rápido a Yojimbo en la mano.
