Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía]
#7
El descenso me dejó una sensación rara en el estómago. No miedo exactamente, sino una mezcla incómoda entre curiosidad y la certeza de que, una vez abajo, ya no habría un “afuera” inmediato. Aquello era hermoso, lo suficiente como para no querer abandonarlo tan pronto. Así fue como la cueva nos tragó con facilidad, como si llevara tiempo esperando compañía. Comprensible. Aquella belleza pedía a gritos ser vista y compartida. Lo primero que noté fue el aire, un grato cambio, más fresco.

Frío, limpio… demasiado limpio. Me llenó los pulmones con un sabor a piedra mojada y algo más antiguo, como si respirara directamente desde la tierra. Si en la superficie había dinosaurios, ¿en las profundidades podría encontrar fósiles? ¿Se venderían bien? ¿Podría obtener curiosos venenos o líquidos en general a través de sus restos? Se me erizó la piel sin que pudiera evitarlo. No era desagradable, más bien todo lo contrario: acogedor.

Avancé unos pasos con cuidado, observando cómo la luz revelaba las paredes. La roca brillaba húmeda, pulida de una forma que no parecía natural. Pasé una mano por ella, solo un instante, y la retiré enseguida: estaba fría. No fría como el agua de un río, ni siquiera como la de aquella cueva. Y entonces vi a Bai moverse delante. No entendí nada de lo que dijo, ni una palabra, pero no hizo falta. Señaló el agua, alzó el pulgar. Un gesto universal. Me relajé un poco… aunque no del todo. Bai no parecía emocionada. Más bien… apagada. Como si aquel lugar no le sorprendiera tanto como debería. Y eso me inquietó más que la cueva. ¿Tal vez debía estar alerta?

Cuando se metió en el agua sin dudar, ladeé la cabeza. No gritó, no se tensó. Eso era buena señal, supuse. O tal vez incluso era una señal de que confiaba demasiado en su propio criterio.

Mahou, en cambio, era justo lo contrario. Su energía rebotaba contra las paredes como si la cueva fuera un juguete nuevo. Sus sonidos se multiplicaban en ecos que me hicieron sonreír pese a todo. Por un momento, ese entusiasmo infantil consiguió romper la tensión que se me había instalado en los hombros. Hasta que metió la cola en el agua.

— … —me quedé observando en silencio, con el ceño fruncido y mi cola encogida—. Valiente… o inconsciente.

No dije nada en alto, no hacía ella. No porque no quisiera, sino porque no habría servido de mucho.

Lan empezó a moverse con calma. Cuando lanzó la madera, di un pequeño respingo al oír los golpes sordos contra la piedra. Cada sonido parecía amplificarse en aquel espacio cerrado, como si la cueva escuchara con atención. Y entonces, el fuego. La luz cambió todo. Las sombras retrocedieron, revelando reflejos azules en el agua y vetas brillantes en la roca. Era todavía más precioso, de una belleza incómoda, como esas cosas que sabes que no son seguras, pero no puedes dejar de mirar. Me acerqué un poco más al borde del cenote, sin tocar el agua. La superficie estaba quieta. Demasiado quieta. Ni un insecto, ni un pez, ni una ondulación espontánea. Eso me hizo sospechar.

— No me gusta… —pensé—. El agua viva siempre se mueve y esto no parece moverse…

Miré a los demás. A Bai dentro del agua. A Mahou jugando. A Lan preparando el fuego. A Zhang, cuya presencia hacía descender la temperatura. Todo parecía… bien. Y, aun así, tuve la sensación clara de que aquel lugar no era solo un refugio. Era un umbral. Y todavía no habíamos hecho nada para merecer que nos dejara pasar sin pedir algo a cambio. Debía relajarme, o eso pensaba, todos los demás disfrutaban y yo no dejaría de hacerlo.

Horas antes, Han y yo habíamos estado persiguiendo dinosaurios por Little Garden como si fuera lo más normal del mundo. Aún me parecía surrealista pensarlo. Dinosaurios. No gallinas gigantes, no reptiles raros: dinosaurios de verdad. La caza había sido… caótica, ruidosa, agotadora y, contra todo pronóstico, bastante divertida.

Ahora, parte de aquel botín descansaba en nuestras provisiones, cortado en piezas grandes, con ese color rojizo oscuro que prometía una cena contundente. Me acerqué a una de ellas, apoyando las manos en las rodillas y ladeando la cabeza, analizando la carne con ojo clínico.

— Bueno… podríamos probar los dinosaurios que Han y yo cazamos —murmuré para mí misma—. Definitivamente no sabrá a pollo pero creo que acompañará a la situación. Después de un relajante baño, vendrá bien un gran festín.


Mensajes en este tema
Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - por Bai Mudan - 04-01-2026, 12:12 AM
RE: Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - por Alana Sahiba - 17-01-2026, 02:12 PM
RE: Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - por PX-4 - 14-02-2026, 06:04 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)