17-01-2026, 06:42 PM
No conocía la historia de vida de Kiyoshi, pero ahora podía entender las similitudes entre ellos. Varo había sido separado de sus padres por criminales, y forzado a desarrollar sus habilidades cómo artista del robo para poder sobrevivir antes de escapar de los dominios; él había perdido a su padre y había sido abandonado por su madre, viendo el recuerdo de sus antepasados profanado por el robo de las tumbas en la cripta y Kiyoshi buscaba venganza en contra del gobierno por el asesinato de sus padres. — Nosotros somos tontos más peligrosos que cualquier cosa de ésta isla, te lo prometo —Le quiso dar confianza, y era extraño pero el capitán cuando se intoxicaba con alcohol parecía exudar una confianza en si mismo que normalmente no demostraba. No dejaría que nada le pasase al médico, se negaba a volver a perder a alguien que estimaba y más aun alguien que había enfrentado a la muerte con él cuando se conocieron sin dudar, y nunca más se había separado de su lado.
— ¡Ya lloré todo lo que tenía que llorar, Kiyoshi! ¡De ahora en más los voy a guiar con una sonrisa, y voy a mirar a la muerte a la cara porque nadie conoce la muerte mejor que yo! —Aclaró con convicción alzando su puño a la altura de su rostro, más lo que vino despues lo sorprendió. Sintió el impacto del golpe contra su rostro, y pudo sentir que era toda la fuerza del médico. Lo había golpeado. — ¿Quieres pelear? —No estaba molesto, de hecho Kiyoshi podría reconocer un brillo en los ojos del capitán que denotaban el entusiasmo que sentía ante la mera idea de una pelea de puños entre amigos. Era tonto, sí, Kiyoshi nunca se había equivocado al llamarlo así y quizás por eso el capitán nunca lo había corregido, o se había molestado por las malas formas del médico. No obstante, no tardó en comprender que se trataba de un juramento, una resolución.
Asintió sin más. — Te lo prometo, te prometo que nunca te voy a dejar arrepentirte del camino que elegimos. Vamos a quemar nuestros pasados para que solo podamos avanzar hacia el futuro, y si alguna vez sientes que me estoy equivocando, quiero que me des otro como ese ¡Y cuantos sean necesarios! —Su puño enguantado se movió hasta el pecho del médico, marcando con los nudillos pues sabía que si él le pegaba con toda su fuerza el resultado no dejaría bien parados a ninguno de los dos. — Voy a confiar en mi mismo, pero necesito que tú también lo hagas. Lo que te falta en músculo, te sobra en cerebro y yo vengo bastante justito de esa categoría así que confío en que me aconsejes para salir de ésta —No hablaba de la isla, hablaba de la serie de pruebas y tribulaciones que venían enfrentando desde que se habían conocido.
— Si el Gobierno Mundial te quito a quienes amabas, entonces yo voy a destruir ese asqueroso Gobierno Mundial, lo voy a quemar y despues con sus cenizas voy a plantar un hermoso prado donde podamos velar a tus viejos como corresponde. Voy a enterrar a todos los que sean necesarios, y voy a dedicar cuantas elegías deba con tal de que puedas respirar tranquilo... Te confío mi vida Kiyoshi, y a cambio te prometo que voy a cuidar la tuya hasta que mis manos ya no puedan sostener nada... Y si me muero, quedas a cargo —Aseveró con firmeza, hasta que otro hipo interrumpió su discurso y recordó que estaban tomando.
Se agachó para tomar su botella de vino ¿Había tomado tanto ya? Le dio otro trago largo suspirando aliviado tras unos momentos, el calor estaba subiendo y eso podía significar...
El volcán de la hora explotaba, valga la redundancia, cada hora. Pero la lava parecía haberse adaptado para no caer por sus laderas hacia la isla a lo largo de los eones. Era una actividad sísmica y volcánica constante, pero más allá del espectáculo visual que generaba, no parecía ser peligrosa. — Que tonta isla —Sentenció. Eros odiaba Little Garden.
— ¡Ya lloré todo lo que tenía que llorar, Kiyoshi! ¡De ahora en más los voy a guiar con una sonrisa, y voy a mirar a la muerte a la cara porque nadie conoce la muerte mejor que yo! —Aclaró con convicción alzando su puño a la altura de su rostro, más lo que vino despues lo sorprendió. Sintió el impacto del golpe contra su rostro, y pudo sentir que era toda la fuerza del médico. Lo había golpeado. — ¿Quieres pelear? —No estaba molesto, de hecho Kiyoshi podría reconocer un brillo en los ojos del capitán que denotaban el entusiasmo que sentía ante la mera idea de una pelea de puños entre amigos. Era tonto, sí, Kiyoshi nunca se había equivocado al llamarlo así y quizás por eso el capitán nunca lo había corregido, o se había molestado por las malas formas del médico. No obstante, no tardó en comprender que se trataba de un juramento, una resolución.
Asintió sin más. — Te lo prometo, te prometo que nunca te voy a dejar arrepentirte del camino que elegimos. Vamos a quemar nuestros pasados para que solo podamos avanzar hacia el futuro, y si alguna vez sientes que me estoy equivocando, quiero que me des otro como ese ¡Y cuantos sean necesarios! —Su puño enguantado se movió hasta el pecho del médico, marcando con los nudillos pues sabía que si él le pegaba con toda su fuerza el resultado no dejaría bien parados a ninguno de los dos. — Voy a confiar en mi mismo, pero necesito que tú también lo hagas. Lo que te falta en músculo, te sobra en cerebro y yo vengo bastante justito de esa categoría así que confío en que me aconsejes para salir de ésta —No hablaba de la isla, hablaba de la serie de pruebas y tribulaciones que venían enfrentando desde que se habían conocido.
— Si el Gobierno Mundial te quito a quienes amabas, entonces yo voy a destruir ese asqueroso Gobierno Mundial, lo voy a quemar y despues con sus cenizas voy a plantar un hermoso prado donde podamos velar a tus viejos como corresponde. Voy a enterrar a todos los que sean necesarios, y voy a dedicar cuantas elegías deba con tal de que puedas respirar tranquilo... Te confío mi vida Kiyoshi, y a cambio te prometo que voy a cuidar la tuya hasta que mis manos ya no puedan sostener nada... Y si me muero, quedas a cargo —Aseveró con firmeza, hasta que otro hipo interrumpió su discurso y recordó que estaban tomando.
Se agachó para tomar su botella de vino ¿Había tomado tanto ya? Le dio otro trago largo suspirando aliviado tras unos momentos, el calor estaba subiendo y eso podía significar...
Erupción.
El volcán de la hora explotaba, valga la redundancia, cada hora. Pero la lava parecía haberse adaptado para no caer por sus laderas hacia la isla a lo largo de los eones. Era una actividad sísmica y volcánica constante, pero más allá del espectáculo visual que generaba, no parecía ser peligrosa. — Que tonta isla —Sentenció. Eros odiaba Little Garden.
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
