18-01-2026, 06:27 AM
Las palabras del marine solo lograron que una sonrisa se reflejara en el rostro de Uker, una expresión de burla, pues el hombre no había hecho más que repetir lo que el mismo joven había dicho hace unos momentos. - ¿Acaso no acabo de decirte que no hay nadie a quien culpar? -. Una vena se mostró levemente en su frente, al lado derecho, ese tipo comenzaba a molestarlo, en demasía. Si no estuviera en su lugar de trabajo podría simplemente hacerse cargo de alguien con tanta curiosidad, pero debía mantener la calma, debía continuar su conversación de forma natural, si lo descubrían…
Algo rozó su cabello, una mano grande, pesada por un momento, pero cálida y liviana en cuanto se decidió a dar ese gesto de amor. El cocinero giró su rostro, vio a la mujer alada consolándolo, tratando sus heridas mentales, de una forma que ya conocía. Su madre lo hacía, era de los pocos gestos que su cuerpo débil y enfermo le permitían hacer sin dolor, era de las primeras cosas que él mismo había realizado, un cariño a su pequeña hermana, un cariño que no era recordado por más nadie que él.
Sus ojos brillaron, llenándose de lágrimas que no alcanzaron a salir antes de que la misma muchacha cortara el contacto. Continuó mirándola un momento, ella le arrebató el lápiz de las manos en cuanto su agarre se debilitó, hasta que su cerebro reaccionó y bajó la cabeza, utilizando uno de sus brazos, y la manga de su abrigo, para limpiar esas lágrimas que no habían llegado a aparecer frente a los demás.
Era la primera vez que alguien le dedicaba un gesto así, la primera vez que sentía una pizca de cariño desde que su maestro y sus hijos lo vieron partir. Fue en ese momento que notó lo solo que estaba, el tiempo que había pasado desde la tragedia, cuánto anhelaba volver a sentir el calor de su familia.
No, no debía caer en algo así de nuevo, no otra vez.
Levantó su rostro, descubriendo la conversación que los otros dos habían llevado a cabo durante esos segundos, con palabras que el muchacho del mechón blanco no alcanzó a comprender ni por asomo. Decidió entonces centrarse en lo que la mujer dibujaba: dos personas de palo. ¿Sus padres? ¿Amigos? Tal vez completos desconocidos… El marine le había preguntado de que isla venía, seguramente se lo preguntó a ella también y está contando sobre su isla.
Ese olor, el olor a quemado, el olor de su propia piel siendo víctima del fuego, no abandonaba su mente.
Sus labios temblaron, su mente dudó, no quería demostrar que algo así lo afectaba, sería contraproducente luego de su historia inventada. Le fue inevitable cerrar los ojos y apretar los dientes al pensar de nuevo en todo lo que le pasó, pero tampoco podía demostrar indiferencia, su mente se lo impedía. - Lo… lo siento… -. Su mirada se fue directamente a la mujer, quien no iba a comprenderlo, o al menos eso supuso el cocinero, pero al menos podría demostrarle que existía algo de ese mismo dolor en él.
Que no iba a estar tan sola como él se sentía.
Tal vez, era un alivio para su propia mente también. Eran muy parecidos, en demasiadas cosas, daba un poco de miedo pensarlo.
- Vengo de la isla de Dawn, del East Blue, ¿acaso hay algún problema con eso? -. Fue su respuesta ante la anterior pregunta del marine, ya un poco más cansado de su presencia. - No creo que eso tenga algo que ver con mi historia, tampoco entiendo el porqué debería importarte eso o de donde viene ella -. Al fin y al cabo, la mujer sólo había demostrado empatía por alguien, mientras que el marine no dejaba de tener esa expresión que parecía juzgar a ambos.
Estaba a punto de pedirle que se vaya, pues no quería causar un desastre (Aunque algo le decía que si llegaba a intentar echar al hombre iba a comenzar algo peor que un desastre), pero pronto recordó que lo necesitaba para hablar con la mujer.
Ella, Bai, parecía haber captado la atención del marine, tal vez podría hacer algo con eso. - Bai, ¿deseas algo más? -. Una sonrisa más tranquila se mostró en su rostro, mirando a la mujer y acercando su mano al brazo de ella, sin tocarla pues no quería alejarla tampoco. - Puedo darte más bebida si quieres -. Utilizó algo de esas clases que su maestro le había enseñado, un poco de esa actuación que le dijo que podría llevarlo a no ser mal visto por los más ricos del planeta.
Algo rozó su cabello, una mano grande, pesada por un momento, pero cálida y liviana en cuanto se decidió a dar ese gesto de amor. El cocinero giró su rostro, vio a la mujer alada consolándolo, tratando sus heridas mentales, de una forma que ya conocía. Su madre lo hacía, era de los pocos gestos que su cuerpo débil y enfermo le permitían hacer sin dolor, era de las primeras cosas que él mismo había realizado, un cariño a su pequeña hermana, un cariño que no era recordado por más nadie que él.
Sus ojos brillaron, llenándose de lágrimas que no alcanzaron a salir antes de que la misma muchacha cortara el contacto. Continuó mirándola un momento, ella le arrebató el lápiz de las manos en cuanto su agarre se debilitó, hasta que su cerebro reaccionó y bajó la cabeza, utilizando uno de sus brazos, y la manga de su abrigo, para limpiar esas lágrimas que no habían llegado a aparecer frente a los demás.
Era la primera vez que alguien le dedicaba un gesto así, la primera vez que sentía una pizca de cariño desde que su maestro y sus hijos lo vieron partir. Fue en ese momento que notó lo solo que estaba, el tiempo que había pasado desde la tragedia, cuánto anhelaba volver a sentir el calor de su familia.
No, no debía caer en algo así de nuevo, no otra vez.
Levantó su rostro, descubriendo la conversación que los otros dos habían llevado a cabo durante esos segundos, con palabras que el muchacho del mechón blanco no alcanzó a comprender ni por asomo. Decidió entonces centrarse en lo que la mujer dibujaba: dos personas de palo. ¿Sus padres? ¿Amigos? Tal vez completos desconocidos… El marine le había preguntado de que isla venía, seguramente se lo preguntó a ella también y está contando sobre su isla.
![[Imagen: 6iTE6JR.jpeg]](https://i.imgur.com/6iTE6JR.jpeg)
“Sería genial poder entender algo”, pensó el muchacho.
Y entonces un nuevo detalle fue agregado al dibujo, marcas que contaban poco, al mismo tiempo que afectaban a Uker de maneras que ni ella ni el marine se imaginarían. Fuego, eso debía ser fuego, el mismo elemento que lo vio correr, el mismo elemento que tiró abajo las casas de su pueblo, el mismo elemento que marcó su espalda. Un dolor que no se iba, una marca que no desaparecía, una pérdida que seguía existiendo.Ese olor, el olor a quemado, el olor de su propia piel siendo víctima del fuego, no abandonaba su mente.
Sus labios temblaron, su mente dudó, no quería demostrar que algo así lo afectaba, sería contraproducente luego de su historia inventada. Le fue inevitable cerrar los ojos y apretar los dientes al pensar de nuevo en todo lo que le pasó, pero tampoco podía demostrar indiferencia, su mente se lo impedía. - Lo… lo siento… -. Su mirada se fue directamente a la mujer, quien no iba a comprenderlo, o al menos eso supuso el cocinero, pero al menos podría demostrarle que existía algo de ese mismo dolor en él.
Que no iba a estar tan sola como él se sentía.
Tal vez, era un alivio para su propia mente también. Eran muy parecidos, en demasiadas cosas, daba un poco de miedo pensarlo.
- Vengo de la isla de Dawn, del East Blue, ¿acaso hay algún problema con eso? -. Fue su respuesta ante la anterior pregunta del marine, ya un poco más cansado de su presencia. - No creo que eso tenga algo que ver con mi historia, tampoco entiendo el porqué debería importarte eso o de donde viene ella -. Al fin y al cabo, la mujer sólo había demostrado empatía por alguien, mientras que el marine no dejaba de tener esa expresión que parecía juzgar a ambos.
Estaba a punto de pedirle que se vaya, pues no quería causar un desastre (Aunque algo le decía que si llegaba a intentar echar al hombre iba a comenzar algo peor que un desastre), pero pronto recordó que lo necesitaba para hablar con la mujer.
![[Imagen: p0GHCKB.jpeg]](https://i.imgur.com/p0GHCKB.jpeg)
Ella, Bai, parecía haber captado la atención del marine, tal vez podría hacer algo con eso. - Bai, ¿deseas algo más? -. Una sonrisa más tranquila se mostró en su rostro, mirando a la mujer y acercando su mano al brazo de ella, sin tocarla pues no quería alejarla tampoco. - Puedo darte más bebida si quieres -. Utilizó algo de esas clases que su maestro le había enseñado, un poco de esa actuación que le dijo que podría llevarlo a no ser mal visto por los más ricos del planeta.
