El pulso bajo la palmera [ P.A. - Social| Shin ]
#4
Hay premios que se expresan en simples palabras de gratitud o incluso miradas discretas, acompañadas de sonrisas tenues. Habitualmente esos gestos pequeños indican la fragilidad de las personas que transmiten el agradecimiento, aunque bajo la perspectiva del marine todos tienen el mismo valor, sin importar lo gigante o pequeño del presente, pues considera regalos incluso las muestras de felicidad en los afectados tras los incidentes que enfrentan.

¿Entonces qué resultó diferente en esta ocasión? En cuanto ve a la comerciante, alta como ella sola, rodear la mesa con sus joyas en pasos cortos hasta eventualmente recortar las distancias, Hasegawa por dentro deseaba que la situación escale. Ya sea utilizando como recurso lo que hizo por ella, o encandilándola con su carisma nato hasta deslizarse en cada parte de su amplio cuerpo poco a poco. Sus ojos no escondían los sectores donde se posaban, pudiendo imaginar con una precisión bastante exacta las partes ocultas bajo los escasos centímetros de tela que vestía.

E incluso así, no fue difícil redirigir su atención a los ojos esmeralda de la mujer, obvio, permitiéndose una parada en los labios morenos que le regalaron unas cuantas palabras instantes después.

Resultó instintivo; En cuanto ella lo sostuvo de las mejillas, la diestra del albino se posó en uno de los muslos ajenos. No fue sutil, el agarre resultó firme, aunque sin llegar a hundir los dedos del todo en esa piel suave, más allá de que evidentemente, ganas le sobraban. Mantenía un control sutil desde esa pequeña acción, una muestra del carácter que portaba en paralelo con su carisma, porque Shin nunca fue alguien que se achicara ante este tipo de cercanías, de hecho, lo disfrutaba como el que más, y por ello no existió rubor alguno en sus mejillas, sólo una sonrisa que buscaba mantenerla hipnotizada en el momento, extender el tiempo de contacto con esos muslos lo más que pudiese, al unísono en que la escuchaba con suma atención.

No interrumpe, la deja pronunciar el agradecimiento, explicarle el fastidio que le causan las confusiones en el comercio, y por supuesto que disfruta de la caricia adicional que le regala, deslizando al mismo tiempo su mano en la piel contraria, trazando una suave línea hasta el eventual distanciamiento, porque si bien, ella fue quien se acercó, no podía abusar.

Su silencio fue elección, y se mantuvo incluso tras la separación, en donde ella se endereza tras añadir otro "gracias" a la lista. Supuso que habría resultado más problemático que de ayuda no cuidar la salud de su mercancía, en ese tipo de escenarios complejos afecta más de lo que podría ayudar una intervención de ese tipo.

Hasegawa ignoraba las miradas del resto, incluso olvidó a la pobre señora a la que le hizo la promesa de caer en su estafa. Estaba totalmente hechizado por la presencia de la mujer alada, observando sus plumas negras, recorriendo esas curvas nuevamente, carente de cualquier tipo de vergüenza. Las palabras se siguen sumando, y el silencio del marine llama la atención viniendo de alguien tan parlanchín, es un respeto muy considerado a la personalidad de la comerciante.

Un calor especial latía en su cuerpo ante las sugerentes ideas que plantea, envueltas en excusas de negocios, como el anillo que elevó entre el espacio de ambos. Shin, por su parte, volvió a recortar las distancias, observándola hacia arriba con la misma confianza con la cual se presentó en primera instancia, por fin dispuesto a volver a hablar, a sumergirse en los sonidos de sus joyas cada vez más íntimos, a esconderse del resto del mundo bajo la sombra de la palmera, bajo la mirada única de esa peligrosa mujer. En ese momento, donde todo parecía ir con más lentitud, en un tempo repleto de expectativas, no deseaba nada más.

Y bien sabía que ante mujeres tan imponentes como ella, no podía equivocarse o dudar.

—Oportunidades únicas, ¿hm? —cuestionó, comenzando a rodearla hasta ubicarse detrás de ella. Observó sus tatuajes con descaro, sintió su aroma adictivo y dejó reposar los segundos suficientes para darle a entender que, efectivamente, la estaba mirando de maneras 'indebidas'. —Tengo delante de mí la excusa perfecta para volver. Reiteradas veces. Incontables. —susurró, asomándose por un costado de la mujer, generando cercanías peligrosas y aún mirándola hacia arriba.

—Me encantaría aportar a su humilde negocio, pero verá, estoy más interesado en el tesoro que representas... tú. —no iba a tutearla, parte de la seducción implicaba romper ciertos ejes de confianza, mostrar atrevimiento, la disposición de tomar lo que uno desea sin pedir permiso. —¿Me permitiría acompañarla a ese lugar lejano a la muchedumbre? Creo que podríamos entendernos mejor con un poco de privacidad rodeándonos. Sólo un poco. —¿desnudarla con otros mirando? No tendría problemas, aunque no era moralmente compatible con su labor, debía tener una pequeña dosis de autocontrol.

—Pero antes me gustaría saber tu nombre. A mí puedes llamarme Shin... —indicó, disminuyendo levemente la amplitud de su sonrisa e incluso la intensidad de su carisma. Todo pasó a envolverse en destellos de lujuria, manteniéndose en un margen de complicidad silenciosa, una energía que todavía no había sido expuesta por ninguno de los dos, lo cual se volvía más divertido, incluso.

—No voy a mentirte. Se me da fatal ignorar el impulso de sinceridad que me está atacando ahora mismo. —añadió antes de cederle el espacio necesario para presentarse —Así que te lo diré. Muero por mirarte a la misma distancia que antes un rato más. Nunca conocí a nadie que me causara esta sensación. —se encogió levemente de hombros con una actitud sobrada, repleta de confianza, como si le hubiese puesto nombre a algo evidente que quizás, muchos otros no se animarían a decir.

Sin embargo, con la energía entre ambos, esos pequeños retazos de atracción incendiándose, no podía callarse.

Karmas
[Imagen: vEBNZb3.png]


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RE: El pulso bajo la palmera [ P.A. - Social| Shin ] - por Hasegawa Shin - 18-01-2026, 06:59 AM

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