El whisky de los condenados [Priv. María Merlot] [Pasado]
#2
Narrador / María Merlot

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La noche…
El día…
Todo transcurría igual…

La semi sirena dio vueltas en la cómoda cama de la habitación que compartiría con la hermosa Oni. No tenía sueño, los últimos eventos de su vida la tenían pensativa como una pequeña revolución en su interior, ganas de comerse al mundo, pero sin saber por dónde comenzar, nunca nadie le explico cómo construir paso a paso los cimientos de un sueño, solo Ashveil había incitado ideales de libertad en ella… y ahora, estaba ausente, en silencio… ¿Acaso volverían a arrancarle la esperanza de vivir? ¡No! Ahora que conocía que en sus manos estaba su destino, no dejaría que nadie más la maniatara, no sin pelar, no sin gritar, y por supuesto para… triunfar.

Se levanto, no iba a continuar perdiendo el tiempo acostada. Se dirigió, a su rincón desordenado y especial, dónde guardaba los pergaminos, lápices y los libros, estos últimos regalos de Hyakinthos; él conocía sus ganas por el conocimiento, aunque le costaba demasiado porque era ignorante de demasiadas cosas, pero su mente estaba lista para el aprendizaje, a pesar de que sabía leer y escribir, nunca tuvo la oportunidad de ponerlo en práctica, porque de ella no esperaban una erudita sino una cortesana. Su carisma y belleza, además de su alegre y extrovertida personalidad les abrieron caminos en los trueques informales, a conseguir algo a mejor costo o por mejores beneficios. Esa habilidad buscaba llevarla al siguiente nivel, y sabía que el mundo era grande, más grande que lo que sus ojos alguna vez podrían abarcar. Y por ese horizonte que se abría ante ella, es que se sentía más viva que nunca para ser una Cazadora de Historias, una Arquitecta de Encuentros, una Sirena del Comercio que convertirá el “tengo” de alguien en el “quiero” de otro alguien, y si eso también se traducía a los suculentos chismes, entonces… solo podría ganar y ganar.

Intercambiar información…
Intercambiar objetos…
Intercambiar y comerciar…

Lo tenía claro, como el día. Así que tomo el “librito” más delgado que le dio el medico… se trataba de una especie de panfleto sobre el comercio en Whisky Peak, la isla en la que se encontraban anclados. Al abrirlo la chica se sorprendió, hablaba de muchas cosas, pero no había nada sobre el comercio, el punto estaba vacío, pero tenía recursos como la ganadería, y un cementerio. ¿Tendrían negocios con la muerte? Después de todo, morir era el fin común de todos. ¿Debía invertir un par de berrys en el cementerio local? Tomo su libreta de notas y apunto algunas cosas que llamaron su atención sobre los posibles mercados en la isla, pero por ahora, más allá de un negocio, lo que ella realmente creía que necesitaba era… emoción en forma de noticias jugosas mundanas. Así que dejando la libreta de un lado, se puso a escribir algo sobre un pergamino, y repitió el proceso por diez veces.

Cuando vio sus manos manchadas por la tinta se detuvo, el pijama con forma de tiburón también tenía algunas salpicaduras, pero la joven solo sonrió, estaba contenta de poder explayarse en un hobbie que la hacía feliz, aunque no supiera luego como vería la luz sus creaciones.

Levantándose del suelo, y estirándose, decidió ir por algo de comer. Una manzana tal vez, pero sus pasos, como siempre la llevaron en una dirección opuesta pero mucho más interesante: La Cubierta del Flush Royal. La brisa nocturna la recibió con un abrazo poco cálido, haciendo que las cuerdas y los mástiles rugieran. A lo lejos pudo ver al hombre de su fanatismo: Hyakinthos. ¿Qué hacia ahí? No lo sabía pero una sonrisa se apodero de sus labios y se acerco sin dudarlo. En él ella había encontrado paz y consuelo, fortaleza y seguridad, no conocía su pasado, tampoco quería hacerlo, solo quería acompañarlo y llenarse con su serena presencia.

Jmmm… ¿Tu tampoco puedes caer en los brazos del dios del sueño?

Le hablo antes de que ella pudiera hacerse sentir, su voz no sonaba como siempre y con una nueva brisa, el olor a mar se mezclo con el del licor. María arrugo la nariz, no le gustaba el efecto de ciertas sustancias en su cuerpo, sustancias que la hicieran perder la facultad de defenderse o escapar, por eso evitaba las drogas, el alcohol o cualquier otra cosa que pudiese dejarla a merced de… otros. Sin embargo, no juzgaba a quien buscaba un momento de diversión y desahogo; y si ahora mismo, Algodón de Azúcar le pidiera beber con él, ella aceptaría sin dudarlo, lo que él dijera… era su ley marcial.

¿Acaso algo te molesta, sirena de azul celeste?

La botella cayo, rodando hasta su posición. María observo el vidrio, luego la espalda del hombre. Se inclino y recogió la botella, sujetándola contra su pecho y sintiendo aún liquido en su interior. Levanto la mirada al cielo como si buscará una respuesta, no era tan tonta ni insensible para no darse cuenta del ambiente que rodeaba a su querido médico. No quería incomodarlo, debería irse y dejarlo en la intimidad de su introspección.

No…
No, no…
No, no, no…

Ella no lo dejaría solo, así él se lo pidiera a gritos, y aunque entendiera la complejidad de sus emociones, o porque estaba en ese estado, ella se quedaría y lo apoyaría… así fuera en silencio. La joven camino hasta su lado, pero no llego a mirarlo, porque él no parecía querer ser visto, se volteó y deslizo por la baranda del barco, quedado sentada a su lado, a lo que solo pudo inclinar su cabeza para buscar calor en la pierna del rosado. Un sutil toque, como el aleteo de una mariposa. María no solía tocar a Hyakinthos, él estaba por encima de esas acciones, no quería ensuciar a su adorado salvador del alma, pero habían excepciones y esa ocasión era una de ellas — … no hay comercio en esta isla — su voz salió suave y algo alegre, aunque baja como si estuviera contando un secreto, como si fuera la respuesta que buscaba el hombre de ojos amarillos — … por eso los carpinteros estaban tan felices, tuvieron demanda de algo en meses — recordó a sus nuevos amigos de la astillaría — … tener algo, para alguien que quiere otro algo… ¿crees que algún día pueda hacerlo yo también? — le pregunto con cierto temor, también era humana, también dudaba de sí misma — … todos creen que estoy loca, que en mi cabeza solo hay hermoso cabello pero… mi locura es la cordura que les falta. Si nunca me han enseñado, como pueden esperar de mi… mi mente cosas más allá de mis ensoñaciones. Ella es mi… tesoro. Aquí adentro, Algodón de Azúcar, hay más… mucho más… — pego su cara de la pierna, y acaricio su mejilla contra esta, en busca de un amparo que no sabía que necesitaba hasta ese momento — … nunca me ha interesado saber quién fui pero quiero descubrir quien puedo ser… y ahora todo parece… perderse en… la nada… a veces, temo despertar… y que todo haya sido un sueño, una enervación de mis deseos por… lo que nunca podre alcanzar… — su voz fue apagándose, con un matiz de añoranza.

Por alguna razón, el estado de animo del medico la sacudió. La chica decidió entonces abrir la botella y dar un sorbo profunda. El licor quemo su garganta, dulce y picante, la hizo toser un par de veces acompañando el soplar del viento…

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RE: El whisky de los condenados [Priv. María Merlot] [Pasado] - por Maria Merlot - 18-01-2026, 04:54 PM

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