Procedía a hacer puré de tontatta a esa mosca molesta que no paraba de interponerse en mi viril duelo con el hijo de Yohualli cuando, de repente, pude notar como mi pie era forzado a desviar su trayectoria, dejándome completamente confuso al respecto y profundizando inmediatamente - y a pesar de mi estado de agotamiento - mi haki de observación, hasta un rango de 10 metros, para volver a tener en el punto de mira al enano demicalvo, ¿sería posible que realmente dentro de aquel monitroni se escondiera una fuerza sin igual? Como aquellas tiras cómicas de antaño de Davy el Tontatta, ese personaje que afirmaba ser como 10 veces más fuerte que tú… ¿Sería ese el caso? No, ¡ni pensarlo! No podía aceptar que alguien tan cobarde como él fuera más fuerte que el macho.
Estando ubicado a la izquierda de mi pie derecho tras, de alguna manera que se escapaba a mí comprensión, desplazarlo hacia su derecha, levanté, levemente, este mismo pie - describiendo, en primer lugar, una arco ascendente y en diagonal hacia él -, con la misma intención de continuar con mi acción anterior, aplastarle con todo el peso de mi hombría mientras podía sentir como, lentamente, el dumitrufi daba un paso hacia atrás y percibía una hostilidad que se representó en una forma de disparo que, al contrario que en anteriores ocasiones, no emularon ningún silbido. Habiéndolo notado, quise aprovechar el haber movido mi gigantesco pie sobre él para, gracias a mi haki de armadura aún activo, poder bloquearlo antes de espachurrarle con mis titánicas fuerza. No obstante, su pericia con el arma era tal que, antes de que mi pie bloqueara su trayectoria, consiguió sortear tremendo obstáculo, pudiendo sentir como, este disparo, se dirigía hacia mi cabeza, siendo demasiado rápido como para poder esquivarlo y estando demasiado agotado como para poder manifestar mi armadura espiritual en la zona de impacto.
Pero antes de que este disparo golpeara mi rostro, otros dos disparos - después de que pudiera percibir auditivamente como un par de objetos metálicos cayeran al suelo - de forma simultánea se escucharon, encontrándose, está vez a aproximadamente medio metro de él, un enorme muro en forma de pie de por medio, habiéndome dado más tiempo a poder desplazarlo. Sin embargo, lejos de pensar que lo podría bloquear a la perfección, lo cierto era que, uno de los dos disparos que salieron de su arma de fuego, ardió en llamas, formando una explosión de casi tres metros de radio, que envolvería, tanto al propio personajillo, como a gran parte de mi pierna, no pudiendo mitigar este daño gracias a la armadura que envolvía mi pie - al contrario de lo que sí hizo con la otra bala -.
Exclamé dolorido, al mismo tiempo la primera bala impactaba en mi cara estallando, en esta ocasión, en un haz luminoso que me dificultó la vista por completo. ¡Estaba harto de esa mosca! ¡Era el rey de los moscardones!
Terminé de asestarle un pisotón, teniendo mi pie aún en lo alto, impactándolo con furia hacia el suelo y esperando que el hombrecillo encontrara finalmente su aciago destino, aquel por interponerse en una batalla de testosterona y musculosos sudorosos en su máximo esplendor.
Sin dejar de presionar mi pie derecho sobre la superficie, pude escuchar como el hijo de Yohualli, ahora sin estar transformado al igual que yo, exigía que le hiciera saber sobre por qué le guardaba tanto rencor a su padre, ¿quería saber que era lo que nos relacionaba? ¿Acaso eso aliviaría su alma de guerrero, como heredero del máscara del águila del Oro y la Plata? Suspiré, mirándole fijamente, aunque con algo de dificultad al sentir como mis ojos no enfocaban bien por culpa de la anterior explosión lumínica.
Dije, extendiendo mi brazo izquierdo, con la palma de dicha mano completamente abierta, a la par que contraía mi otro brazo, con la diestra cerrada, para llevarla a mi costado, terminando por flexionar mis dos piernas. Si quería saber la verdad, primero deberían hablar nuestros músculos y nuestros puños. Solo uno de los dos saldría victorioso de este encuentro y, aquel sería yo, el macho.
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Estando ubicado a la izquierda de mi pie derecho tras, de alguna manera que se escapaba a mí comprensión, desplazarlo hacia su derecha, levanté, levemente, este mismo pie - describiendo, en primer lugar, una arco ascendente y en diagonal hacia él -, con la misma intención de continuar con mi acción anterior, aplastarle con todo el peso de mi hombría mientras podía sentir como, lentamente, el dumitrufi daba un paso hacia atrás y percibía una hostilidad que se representó en una forma de disparo que, al contrario que en anteriores ocasiones, no emularon ningún silbido. Habiéndolo notado, quise aprovechar el haber movido mi gigantesco pie sobre él para, gracias a mi haki de armadura aún activo, poder bloquearlo antes de espachurrarle con mis titánicas fuerza. No obstante, su pericia con el arma era tal que, antes de que mi pie bloqueara su trayectoria, consiguió sortear tremendo obstáculo, pudiendo sentir como, este disparo, se dirigía hacia mi cabeza, siendo demasiado rápido como para poder esquivarlo y estando demasiado agotado como para poder manifestar mi armadura espiritual en la zona de impacto.
Pero antes de que este disparo golpeara mi rostro, otros dos disparos - después de que pudiera percibir auditivamente como un par de objetos metálicos cayeran al suelo - de forma simultánea se escucharon, encontrándose, está vez a aproximadamente medio metro de él, un enorme muro en forma de pie de por medio, habiéndome dado más tiempo a poder desplazarlo. Sin embargo, lejos de pensar que lo podría bloquear a la perfección, lo cierto era que, uno de los dos disparos que salieron de su arma de fuego, ardió en llamas, formando una explosión de casi tres metros de radio, que envolvería, tanto al propio personajillo, como a gran parte de mi pierna, no pudiendo mitigar este daño gracias a la armadura que envolvía mi pie - al contrario de lo que sí hizo con la otra bala -.
- ¡AGHHHH! ¡MALDITO ENANO-DAPE!-
Exclamé dolorido, al mismo tiempo la primera bala impactaba en mi cara estallando, en esta ocasión, en un haz luminoso que me dificultó la vista por completo. ¡Estaba harto de esa mosca! ¡Era el rey de los moscardones!
- ¡TOMA ESA-DAPE!-
Terminé de asestarle un pisotón, teniendo mi pie aún en lo alto, impactándolo con furia hacia el suelo y esperando que el hombrecillo encontrara finalmente su aciago destino, aquel por interponerse en una batalla de testosterona y musculosos sudorosos en su máximo esplendor.
Sin dejar de presionar mi pie derecho sobre la superficie, pude escuchar como el hijo de Yohualli, ahora sin estar transformado al igual que yo, exigía que le hiciera saber sobre por qué le guardaba tanto rencor a su padre, ¿quería saber que era lo que nos relacionaba? ¿Acaso eso aliviaría su alma de guerrero, como heredero del máscara del águila del Oro y la Plata? Suspiré, mirándole fijamente, aunque con algo de dificultad al sentir como mis ojos no enfocaban bien por culpa de la anterior explosión lumínica.
- ANTES DE QUE EXHALES TU ÚLTIMO ALIENTO DE VIDA, TE CONTARÉ-DAPE-
Dije, extendiendo mi brazo izquierdo, con la palma de dicha mano completamente abierta, a la par que contraía mi otro brazo, con la diestra cerrada, para llevarla a mi costado, terminando por flexionar mis dos piernas. Si quería saber la verdad, primero deberían hablar nuestros músculos y nuestros puños. Solo uno de los dos saldría victorioso de este encuentro y, aquel sería yo, el macho.
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