22-01-2026, 03:09 AM
—Crueldad y frivolidad —. Las palabras se deslizaron por su lengua casi con deleite, como quien saborea un buen postre, incluso se permitió sonreír, algo notable aún cuando tuviera puesta una mascarilla, pues sus ojos se entrecerraron ligeramente y sus irises brillaron mostrando una evidente complacencia. —La naturaleza es cruel, mi estimada, no hay nada extraño en ello cuando se trata de sobrevivir… ¿Es una decisión? Sí, lo es, pero no elegiría a un animal por sobre mí —. Se encogió de hombros con la indiferencia de alguien acostumbrado a hacer este tipo de trabajos sucios, alguien que no tiene miedo de manchar sus manos con tal de salir airoso.
Sus manos entonces se movieron con cuidado, enguantadas hasta la mitad del antebrazo, tantearon el cuerpo y notaron lo blando del tejido, además, de algo aún más curioso que esa suavidad inusual, pues al menos para eso si que estaba preparado, después de todo, creía conocer bien los efectos que ese veneno en específico tendría sobre un cuerpo, ya sea humano o animal; sin embargo, algo más, un calor extraño, lo hizo sacar la mano y retroceder medio paso y, justo en ese momento, la voz de Alana volvió a escucharse.
—Sí, es la idea de ese veneno —dijo con voz suave mientras miraba de reojo a la más pequeña y volvía a moverse, intentando ignorar esa sensación calurosa y acercándose de nuevo para cortar más piel y carne, haciendo que los tejidos muertos cayeran hacia los lados sin oposición, como si se trataran de trozos de gruesa y apestosa tela. —Es una mezcla que preparé con plantas que puedes encontrar en esta isla si sabes dónde buscar —. Con confianza usó su propia fuerza para mover algo de la piel que caía ahora a los lados del dinosaurio como un par de cortinas. —Digamos que es un batido letal hecho con una plata que daña las células de los músculos y los nervios, otra que funciona como agente inhibidor, para evitar que el animal se recupere y otra que causa un colapso metabólico y como cuerpo entra en una fatiga extrema, eso hace que parezca que, simplemente, se apaga.
Sus ojos repasaron con atención el interior del animal, como si buscara memorizar cada parte de este para poder, luego, hacer un dibujo que le ayudara a entender mejor a la criatura. Curiosa era la manera en la que funcionaba su mente, pues, ese lado olvidadizo y distraído que mostraba en su vida diaria parecía quedar a un lado cuando se trataba de estudios, ya sea de medicina, biología o botánica, incluso, podría dar una charla, horas y días después, sobre lo que vio, sin necesidad de tomar apuntes, pero…de todos modos, estos eran necesarios. Le gustaba tener todo documentado.
Fue durante esos minutos de observación que pudo notar algo que, nuevamente, lo hizo dar medio paso hacia atrás, procurando tomar cierta distancia de seguridad por lo que sabía que podía suceder ahora y, por lo visto, su improvisada compañera también había escuchado lo mismo.
—Sí, lo escucho, fuerte y claro ¿No te parece interesante? —Escuchó la burbuja estallando y, en ese momento, se acercó lo suficiente para ver el proceso, pero no demasiado como para estar al alcance de cualquier mezcla que pudiera salirse de control. El veneno aún hacía efecto y, frente a ellos, tenían una muestra clara del funcionamiento en las células muertas. La sangre parecía “hervir” y de ahí venía ese calor que sintió antes y que lo hizo sacar la mano del interior del cuerpo, justo a tiempo. —¿Qué le di? Lo que te dije antes, pero para ser más específico, es un veneno citotóxico; sin embargo, debo ser sincero, es la primera vez que veo este en específico actuar en un animal tan grande. Es maravilloso —. Se movió hacia atrás para buscar una jeringa, la que encontró en el mismo sitio de dónde sacó su arma punzocortante —. Cuando lo “fabriqué” por primera vez hice pruebas en organismos más pequeños…bueno, pequeño según los parámetros de esta isla —. Es decir, insectos del tamaño de chihuahuas.
En ese instante, la jeringa, con una aguja de un tamaño mayor al que usarías en un ser humano de tamaño promedio, entró en una de las venas del animal y, el médico, aprovechó para extraer de esta una cantidad considerable de sangre que, para ese punto, no solo estaba caliente, sino que tenía una consistencia más espesa y un color más oscuro, casi negruzco.
—Sírvete como quieras de lo que tengo en mi botiquín, está abierto, aunque no creo tener guantes o mascarillas tan pequeñas, de todos modos, dijiste que podías improvisar, así que seguro encuentras algo ahí que puedas adaptar a ti —. Terminó de extraer la sangre y sintió muchas ganas de ajustarse mejor la mascarilla, después de todo, algo le decía que el cuerpo empezaba a emanar gases que no debería estar respirando, pero, lamentablemente, no podía sentir el olor. Su sistema respiratorio resultaba tan defectuoso como su memoria.
—Y, por cierto, disculpa si crees que te he faltado el respeto al olvidarme de ti, pero…nada personal…No suelo recordar los nombres de las personas, ni siquiera sus rostros o voces. No sé cuándo comenzó. Desde que tengo…jmmmm… “memoria”, ha sido igual. Dicen que es amnesia —. No solía detallar demasiado sobre sí mismo, pero en ese momento sintió la necesidad de hacerlo, quizá era porque la chica frente a él compartía profesión, tal vez así podía tener un punto de vista interesante más que una mirada de lástima.
Para ese momento no sabía si su colega se había colocado o no alguna mascarilla improvisada o unos guantes, pero, de todos modos, se acercó a ella para ofrecerle la jeringa ahora llena de sangre de dinosaurio y señaló a su lado, en donde había unos cinco tubos de recolección de sangre, indicándole que podía rellenar el tubo con los fluidos almacenados en el cilindro de la jeringa.
—Tómalo como una ofrenda de buena fe o una disculpa por mi mala memoria. No sé de donde vengas o en donde te estes quedando mientras estas aquí, pero seguro tienes algún lugar menos…selvático, en donde puedas analizar la sangre y lo que le hizo el veneno —. Se apartaría cuando la chica tomara la jeringuilla y buscaría otra para poder repetir el procedimiento, lo que no tardó en hacer, pues con cada segundo que pasaba la sangre se espesaba más y más. Demasiado rápido para su gusto. Una lástima…aunque eso probaba la efectividad del veneno.
—Tus manos están más limpias que las mías ¿Puedes ayudarme con las notas? Prometo compartirlas y no me iré pronto de esta isla, así que podríamos estudiarlas juntos si crees que es necesario —. Hablaba mientras se alejaba de nuevo con un tubo lleno de sangre y la guardaba con cuidado en los de recolección. La llevaría consigo al barco. —Ahora me falta recolectar muestra de piel y de tejido…Llevaría conmigo alguno que otro órgano, pero…no traje nada lo suficientemente grande para conservarlo —. Suspiró con pesadez, como si acabara de darse cuenta de una desgracia y, técnicamente, lo era, pues ir al barco por mejor equipo para almacenar partes de ese dinosaurio, sería una pérdida de tiempo. Cuando volviera lo más seguro era que el cuerpo estuviera demasiado dañado y, tal vez, mordisqueado por otros animales.
—¿También quieres muestras de ello? —Dejó a un lado la muestra de sangre espesa y volvió al cuerpo para sacar de este justo lo que dijo antes: cuero y carne. —Jmmm…aunque creo que tendremos que trabajar rápido en sacar esto. Este cuerpo se deteriorará rápido y el veneno se volverá menos obvio con el paso de las horas, así que la descomposición puede atraer animales indeseados para nosotros…entonces…Jmmm…tal vez sea mejor que me ayudes aquí en lugar de con las notas…esas podemos trabajarlas después —. Quizá no era necesario proponer algo tan obvio, pues estaba más que seguro que la tontatta querría participar de forma más activa en la “investigación”.
