[Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo.
#1
Puerto de Sorbet Norte – 36 de Primavera
01:00PM – Medio Dia – Fresco



 
Il Bellissimo Ristorante di Lorenzzo era un exquisito establecimiento gastronómico situado en el puerto de la ciudad de Sorbet Norte, dedicado a complacer día tras día a los más diversos paladares de todo el South Blue.

A diario, numerosos comensales, llegados a bordo de cruceros, veleros y galeones, se veían atraídos hacia el restaurante, deseosos de probar los deliciosos platillos cuyo aroma envolvía y perfumaba todo el puerto.
Al cruzar las finas puertas de roble y la elegante vidriería, uno se sentía transportado a un escenario donde reinaban la estética, el confort y las apariencias refinadas. El salón principal, de quince metros de largo por quince de ancho, ofrecía un espacio amplio y armonioso en el que los clientes disfrutaban de su experiencia culinaria.

El lugar estaba adornado con seis mesas de caoba, cada una acompañada por su respectivo juego de cuatro sillas. Estas se distribuían con precisión: tres a la izquierda y tres a la derecha, separadas entre sí por una distancia exacta de tres metros. En los extremos de cada lado se alzaban finas estanterías con vidrieras y diversos adornos, que iban desde trofeos de pesca hasta piezas de caza, combinando a la perfección con las elegantes alfombras que cubrían el suelo y aportaban un aire de lujo y distinción.

Desde el techo, a una altura de diez metros, pendía un imponente candelabro de tres metros por tres, fabricado en un metal brillante, cuya presencia iluminaba el salón y reforzaba la sensación de grandeza y sofisticación del lugar.

No solo el aspecto del lugar lo presentaba como un establecimiento fino y de buenas maneras; la melodiosa música que el empleado de guardia interpretaba al piano envolvía a los clientes en un ambiente de tranquilidad, confort y agrado, completando una experiencia tan placentera como sofisticada.

Más allá de la vista se encontraba la entrada a la cocina, dividida por dos puertas metálicas que intentaban, sin lograrlo del todo, encapsular los finos aromas que emergían de su interior. Bastaba con tomar asiento en una de las mesas para que el apetito despertara de inmediato, avivado por el deseo ansioso de probar aquellos platillos.

Y si el escenario, los aromas, la comida, no fueran suficientes, se encontraba Lorenzzo.

Ohhhh Lorenzzo, un regordete y bajo (1.30M) hombre de rostro apuesto que aparentaba 55 años, vestía fino traje negro e iba de mesa en mesa atendiendo a cada comensal con el mayor servicio que podrían experimentar en sus vidas.

¿Hacía falta vino? Allí estaba Lorenzzo.

¿Se acabó el pan? Allí estaba Lorenzzo.

¿Olvidaste llevar papel al baño? Claro que sí, Lorenzzo resolvía con agrado cada uno de los problemas que sucedieran.

Aquella tarde no fue la excepción. Lorenzo se encontraba brindando el servicio más especial de toda la isla a sus comensales, pues tenía casa llena. Nada se le escapaba, ninguna petición le parecía excesiva; siempre respondía con clase y dedicación. Incluso llegó a ofrecer un masaje para relajar la espalda de uno de los clientes, realizando cada gesto con una perfección impecable.

El ambiente era hermoso, la tarde exquisita, hasta que desde la cocina salió el cheff del restaurante. O al menos eso se podría apreciar por su gran y exagerado gorro llamado toque. “¡Lorenzzo! ¡¿Qué estamos haciendo?! ¡Tenemos que cerrar il ristorante! ¡toda esta gente se encuentra en peligro!” Agitaba los brazos con preocupación en dirección al dueño del lugar.

“Shhhhh, ¡calma! ¡cuida tu juicio, Alessandro!” Regaño con severidad el hasta el momento siempre amable Lorenzzo. Luego pareció entender que su actuación había cambiado y volvió a un gesto más empático. “Ohhh mi scuso, mi scuso,  Signore y sinorinas, per favore disfruten de la comida, vuelto con todos en un momento.” Se disculpa con los presentes y tras una ligera reverencia, camino a Alessandro, lo agarro del brazo y lo llevo de nuevo a la cocina.

Su tema de conversación fue un secreto para los comensales, que, extrañados por lo que acababa de ocurrir, no podrían pensar que se tratara de algo malo.

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La fuerte brisa marina entonces hizo que de un fuerte golpe las puertas se abrieran de golpe, siempre era Lorenzzo quien recibía a los clientes, pero al estar ocupado nadie recibió a los tres individuos que llegaron tras el fuerte viento que alborotó un poco los cabellos de quienes estaban adentro.

Se trataba de tres gyojin, hombres pez nacidos en las profundidades del océano.

El primero era un individuo de piel cobriza clara, contextura fornida y casi dos metros de altura. Vestía una yukata azul y sandalias, llevaba un tridente a la espalda y un extraño casco que parecía formar parte natural de su cabeza.

El segundo, aún más peculiar que el primero, también era un hombre, pero de piel pálida y complexión delgada. De menor estatura, apenas alcanzaba el metro sesenta. Su cabeza y espalda mostraban claros rasgos de una mantarraya. Vestía una chaqueta negra abierta, pantalones a rayas y botas negras, y portaba dos pistolas, una a cada lado de las caderas.

El tercero, de rostro similar al de un pulpo, poseía una piel de intenso tono cobrizo y tentáculos que recorrían parte de su cuerpo. Su complexión era atlética y su estatura similar a la del segundo. Vestía pantalones hasta las rodillas, una bandana en la cabeza, un chaleco rojo y zapatos negros. Varias espadas colgaban distribuidas por todo su cuerpo, listas para ser usadas.



“ÑIÑIÑIÑI ¡Que nadie se mueva! ¡esto es un atraco a nombre de los Red Fish Pirates! ¡Entreguen su dinero y nadie morirá en vano ÑIÑIÑI!”

La voz siniestra y aguda del hombre pez con cara de pulpo espantó a los presentes. Algunos se quedaron estupefactos sin saber cómo responder a la noticia, mientras que una mujer intentó levantarse con afán y corrió hacia el interior, pero el sonido de un disparo opacó su huida.

El arma del gyojin de tes pálida se encontraba desenfundada, le disparó en la espalda sin la más mínima misericordia. “ÑEÑEÑEÑE ¡¿Qué parte de entreguen su dinero y nadie morirá no entendieron?! ¿acaso son estúpidos?” Exclamó el sanguinario gyojin, llenando de pánico a todos, a quienes se les hizo un nudo en la garganta por lo sucedido.

“Chichi, pasa por cada una de las mesas para que te entreguen lo que tienen.” Ordenó con malicia en su mirada.

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“¿Quién te hizo Jefe Sanchi? Jump, en fin, ojalá no me llenen de pulgas estos horribles humanos.” Respondió Chichi, el Gyojin pulpo, y sacó de su chaleco una gran bolsa, para a continuación caminar hacia la primera de las mesas. Allí coloco el saco frente a quien se encontraba sentado. “Eh, tú, entrégame todo lo que tienes.” Amenazó con soberbia, mirando a quien fuera que se encontraba en esa mesa.

Se encontraba a escasos centímetros de la persona, esperando que cooperara mientras su hermano Sanchi le apuntaba con sus armas.

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]


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[Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - por Ryota Miyamoto - 22-01-2026, 04:46 AM

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