[Aventura T2 - P. Relativo] - Nadie piensa en los niños.
#4

El sonido de los pasos resuena hueco ahí donde pisa, cuando los tacones sortean cuerpos y el objetivo se alza frente a los oscuros orbes de quien, por primera vez, mantiene acalladas las palabras. Siente el penetrante aroma metálico impregnar sus vestimentas, su cuerpo, sus fosas nasales, incluso su garganta y pulmones; como si se tratase de una invitación al caos. Relame los labios intentando saborear la sensación sin éxito aparente, percatándose de sus verdaderas intenciones: Al final de aquella travesía desea que las malogradas paredes metálicas no sean lo único de donde brote aquel particular aroma.

Está a punto de empujar las oxidadas puertas cuando los escucha, voces a gritos, desinteresadas de quién pueda llegar a escucharlos, confiados en su séquito de imberbes debiluchos que ahora yacen formando parte de la basura a la que pertenecen. De manera inconsciente Runin gira tres veces el brazo derecho. La primera vez sucede cuando al escuchar cómo llaman “asquerosos” a sus amigos. La segunda vez cuando escucha la palabra “dieta” y el tercer giro lo realiza cuando sus oídos captan las vociferaciones de la mujer en el interior, pidiendo otro jamón.

Una parte de sí le ruega irrumpir, reventando las puertas de un solo golpe y abalanzarse sin importar absolutamente nada. La otra, la que logra imponerse, se ha transformado en silenciosa ira: una que no requiere de ningún estímulo para actuar, que permanece latente y asfixiante, saturando el ambiente de una tensión incómoda y opresiva. ¿Cómo es el dicho? “Perro que ladra no muerde”. En ese momento Runin no tiene planeado ladrar.

La mirada se centra en el escenario frente a ella. Es amplio, pulcro, rosa. La mirada de la morena se afila y una pequeña arruga aparece en el puente de la naríz antes de respirar profundo, conteniéndose lo suficiente como para no empezar a romper todo a su alrededor; en especial al escuchar de nueva cuenta la voz de la fémina que reposa sobre una amplia cama de apariencia sencilla pero claramente costosa, lo suficiente como para resistir el peso de quien la llama “puta”.

Los labios se transforman en una línea. Continúa hablando. Piensa, la luz de sus guantes y la fruta del diablo iluminan su rostro. Continúen haciéndolo. La presencia del hombre provoca que las manos de Runin se estremezcan, siente picazón, como si algo dentro de ella le rogase hacer algo al respecto. Continúa mirándome así. Los orbes chocolate fijos en la escena, en el hombre que le observa con evidente hostilidad, en el jamón que seguramente es parte de las raciones de la iglesia. Continúa tragando. El corazón bombea fuerte en su pecho, se siente incluso en sus oídos.

Repulsivo.

Sus vocablos, miradas, intenciones, aspectos, dejes, amenazas, insultos. Todo, absolutamente todo le parece nauseabundo. La mente de Runin solo puede pensar en una cosa.

Quiero matarlos.

Quiero matarlos, necesito matarlos, lo haré, los mataré.

Les quitaré las entrañas, haré que vomiten la comida, que lloren, que se arrepientan.

Que se arrodillen y pidan piedad, que griten e insulten en charcos de sangre.

Los mataré, los mataré, los mataré, los mataré, los mataré.

Ĺ̷͖̥̠͙͓o̵̧̱̦̖̳͗s̴̨͋̂ ̸̤͒m̸̻̫̂͂͘̕ạ̸̙͊̕͠t̸̮͕͔͋̈ȁ̴̢r̴̗̲̺̫̆é̵̱̊.̵̡͖̘̥͘ͅ




—¡Stellar…

La voz suena ronca y baja mientras va ganando intensidad. El instinto es superior a la racionalidad, al menos en un primer golpe cargado de intención, rabia, brutalidad y frustración. La amazona se mueve rápido sin darle tiempo a reaccionar a su objetivo. Llegando frente a él de manera ofensiva rota completamente su cadera, ha tenido que bajar un poco el eje para poder atacar correctamente. 

—Distortion! —Suena amarga, llena de coraje, de impaciencia, de odio. Lo primero que el enano tuerto siente es el puño de la fémina al realizar un uppercut deformado en su contra, golpeando el mentón de este, haciéndo retroceder a su enemigo hasta golpear la cama de su abusiva intento de pareja. No le importa si es un enano tuerto. ¿Piedad? Qué gracioso concepto. Retrocede en un salto sin dejar de observar a ambos. Los labios se fruncen con excesiva aberración.


—No tengo tiempo para escuchar a obesas sin vida o a gnomos de jardín; cariño. Me llevaré la comida que le pertenece a la iglesia y ustedes desearán no habera robado. —Como pocas veces la voz de la fémina se percibe gélida, no hay rastro de la típica coquetería, de implicaciones interesantes o contorneos, no.

Runin Kitay se está dejando llevar por sus instintos más básicos. Mientras las palabras son exclamadas vuelve a girar el brazo derecho otras tres veces, cargando de nueva cuenta la habilidad base de su fruta del diablo, preparándose para el siguiente golpe.
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OFF ROL
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RE: [Aventura T2 - P. Relativo] - Nadie piensa en los niños. - por Runin D. Kitay - 22-01-2026, 08:47 PM

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