[Pasado/Social] Error micológico
#1
Después de tantas aventuras por Little Garden, había llegado a la conclusión de que no era una isla, sino que era un recuerdo antiguo de la tierra conservado a la fuerza. La vegetación crecía sin pedir permiso, desbordada, exuberante, como si nadie le hubiera enseñado nunca el concepto de límite (“que envidia”, llegué a pensar en más de una ocasión). Los troncos eran tan anchos que no podía rodearlos ni con todo el cuerpo estirado, aunque hay que decir que eso tampoco era ningún logro, y las hojas, enormes y carnosas, filtraban la luz del sol en haces irregulares que caían sobre el suelo. Cada paso levantaba un olor distinto: tierra húmeda, savia espesa, flores demasiado dulces, algo metálico que no supe identificar. Empezaba a notar resentida la nariz de tantas mezclas de olores.

— Necesito setas para algunos brebajes —comuniqué a Bai, aún en el barco—. ¿Me acompañas? —salir a la aventura, sola, en un lugar de seres enormes siendo yo una enana… lo mejor era tener una compañía equiparable en tamaño.

El aire de ese día era cálido, denso, y aun así se movía en una brisa lenta que recorría el sotobosque, haciendo crujir las copas altas y provocando un murmullo constante, como si tras cada hoja te fueses a encontrar con un dinosaurio. Por eso siempre me movía despacio, con cuidado. No tanto por miedo, o al menos no solo por eso, sino porque aquel lugar daba la sensación de observarte en todo momento, como si todo tuviera tiempo de sobra para reaccionar y a la vista estaba de que así era.

Ya en la selva, explorando lo inexplorado, me agacharía en varias ocasiones, separando con ambas manos un colchón de hojas caídas. Una vez me percaté de que el suelo estaba vivo, oscuro, casi negro, tan fértil que parecía manchar solo con mirarlo. No, no era el suelo, eran lombrices, o alguna especie de ellas. Di un respingo, asqueada, y retrocedí varios pasos. Estaban entre raíces retorcidas, gruesas, serpenteantes—. ¡Puaj! ¡Ten cuidado, Bai! En este sitio parece que no está permitido bajar la guardia.

Un poco más adelante aparecieron las primeras setas. Eran grandes, carnosas, con el sombrero aún semicerrado, de un color crema moteado de marrón. Perfectas. Demasiado perfectas, quizá. Las observé largo rato antes de tocarlas, inhalando su aroma. Tenían ese olor terroso que siempre me había parecido reconfortante, mezclado con algo más… algo dulce, apenas perceptible—. Bien… —murmuré para mí misma.

Fue entonces cuando noté el cambio. No un ruido concreto, sino una alteración en el ritmo del bosque. Algo pesado desplazándose con calma, sin prisa, como si no tuviera enemigos naturales a los que temer. Giré la cabeza despacio. Era Bai—. Que susto… —para mí todo ser era gigante, desproporcionado, y eso me asustaba en un lugar donde toda amenaza era aún más desproporcionada—. Perdona.

Parpadeé, reajustando la mirada. Levanté una mano en un saludo simple. No sabía si me entendería, pero el gesto era universal. Después le hice un gesto para que se acercase a ver, señalé el suelo, las setas, y luego imité el gesto de cortar con los dedos. Después llevé la mano a la boca, exagerando un poco la expresión de satisfacción. Comer. Comida. Seguro. O eso creía—. Hemos venido buscando setas para curar pero hay quien dice que la comida también cura. Podemos pararnos a coger fuerzas en un rato. ¿Qué te parece? No soy Han pero algo se podrá hacer.

Por el momento cogí unas cuantas setas; empecé con una, cortando con cuidado. El interior era blanco, firme, sin señales evidentes de toxicidad. Nada que me hiciera dudar… lo suficiente. Las guardé en la bolsa de tela que llevaba al pecho, otras se las tendí a Bai, dado mi diminuto tamaño, era complejo cargar tanta cantidad y aún así tener operativas las manos para seguir buscando, y avancé unos pasos más. El paisaje cambiaba sutilmente a cada metro: flores, hongos, líquenes.

Me detuve ante otro grupo de setas. Estas eran distintas. Más pequeñas, con el sombrero azulado, casi iridiscente, como si reflejaran el cielo filtrado por las copas. Me incliné, frunciendo el ceño. Olían raro. Dulces. Demasiado.

Negué con la cabeza y levanté una mano hacia Bai, palma abierta, en un gesto claro de advertencia. Luego señalé las setas azules y exageré un temblor con el cuerpo, como si algo malo ocurriera. No. Estas no. A veces se me olvidaba que Bai sí era capaz de entenderme a mí pero… me había adaptado a esa forma de comunicación. ¿Importaba? Cuando lo relevante es que llegue el mensaje a la persona contraria.

Me alejé de ellas… y sin embargo, más adelante, casi ocultas entre musgo espeso y raíces, encontré otras muy parecidas a las primeras. Mismo tamaño, mismo color base. Solo que el sombrero tenía un brillo extraño, casi aceitoso. Dudé. El bosque estaba en silencio ahora, un silencio expectante. Podía sentirlo en la piel.

— Se parecen demasiado… —murmuré, más para convencerme que por certeza. Las corté para ver su interior—. ¿Qué opinas?
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[Pasado/Social] Error micológico - por Alana Sahiba - 23-01-2026, 12:40 PM

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