24-01-2026, 05:28 AM
Día 30 de Primavera, año 17
Hay días en los que caminar por el puerto puede otorgar a un alma atormentada esa extraña sensación de paz que solo alguien así puede disfrutar. Por lo general, tendría la posibilidad de disfrutar de la brisa marina como quien trata de sostener con fuerza la conexión con esa gran masa de agua. Triste es, para Choi Hae-won, que su capacidad de volver a disfrutar del mar y nadar en él se haya cortado cuando tomó aquella elección hace días.
Comer una fruta del diablo no fue la decisión más sencilla. Bien pudo haberla entregado, vendido e incluso dejado en aquel cofre, pero la primera mordida que le dio le instó a no detenerse hasta que tuviese incorporada la fuerza de esa maldición convertida en don. Saber que no tendría la capacidad de volver a sumergirse en las aguas del mar es, en sí mismo, un sentimiento certero de ruptura mental que parece quebrantar sus ilusiones.
Con tal de volverse más fuerte y proteger a los civiles, tiene que estar dispuesta a todo lo que sea necesario.
Deberá protegerse. Deberá cuidar su cuerpo con el fin de no morir tan fácilmente ni caer ante las adversidades más duras. Sus capacidades para nadar y sus muchas clases no le servirán para nada a partir de hoy, y esa incapacidad es la que más le duele. Al observar el mar de lejos, la dama solo puede contemplarlo con una extraña nostalgia en su mirada tranquila y su dulzura inigualable. Escucharlo cantar es lo que más disfruta en tiempos como esos, sin embargo, no está allí para eso.
Vendrían nuevos reclutas, y ella se encargaría de guiar a uno de ellos, o al menos esas fueron las órdenes. Por supuesto, se acercaba el día para retirarse nuevamente de la isla y, de esa manera, volver a trasladarse. No tenía claro cuál sería el nuevo destino por el que tendrían que pasar, sin embargo, la preparación tendría que estar a la orden del día sin importar qué pase en el mundo que ahora mismo los alcanza y arrastra impiadosamente.
No dice nada al ver cómo es que uno de los transportes se acerca a la zona portuaria. Ella solo se acomoda el cabello detrás de la oreja cuando el viento empieza a soplar con fuerza. Tendría que recibir, según tiene entendido, a un Bucaneer... o algo así logró captar de uno de sus superiores, el que habla como si todo el mundo pudiese entender esos términos raros que solo esa persona usa.
