[Pasado/Social] Error micológico
#3
Había ido delante de Bai casi todo el camino con esa mezcla de atención extrema y distracción selectiva; me sentía tranquila con ella a mis espaldas, es por ello que en alguna ocasión incluso había omitido el sonido de su cuerpo pisando hojas. El chapoteo constante de las botas grandes contra el barro le marcaba el ritmo, como si fuera un tambor lejano, casi ni llamaba mi atención. Se sentía como una nana cantada que te relajaba. Plop, plop. Pero cuando el sonido cambiaba, yo alzaba la vista, alerta, por puro reflejo. Tal vez fue eso lo que me alertó y asustó en un inicio.

Y cuando escuché el ¡plam!, me detuve en seco. Levanté la cabeza justo a tiempo para ver a Bai echarse un poco hacia atrás, llevarse la mano a la frente… y quedarse muy quieta. Mi cola se erizó, alerta. Durante un segundo, muy breve, el mundo se redujo a esa figura enorme en medio del verde— ¿...Bai? —dije, mi voz pequeña pero clara, con ese filo de preocupación que no necesitaba traducción.

No entendí bien las palabras que siguieron, pero sí entendí el gesto del pulgar alzado, la sonrisa forzada, el modo en que intentaba restarle importancia. Fruncí el ceño. No le gustaba esa sonrisa. Era la misma que había visto otras veces en gente que decía “estoy bien” cuando no lo estaba del todo. Pensé que tan solo se había dado un nimio golpe al que incluso yo misma debía restarle importancia.

Aun así, asintió. No insistí. Aprendí hacía mucho que insistir, a veces, solo empeoraba las cosas. Seguí avanzando, ahora un poco más despacio, consciente de cómo Bai apartaba ramas con un cuidado. Noté ese cambio. “Antes no iba así”, pensé. ¿Ahora está pensando en mí? Y esa idea me produjo un calor extraño en el pecho, incómodo y agradable a la vez.

Cuando el bosque cambió. No fue algo brusco, sino una transición suave, como si el suelo hubiera decidido volverse… caprichoso. Mis ojos se abrieron un poco más de lo habitual. Me agaché casi de inmediato, tocando el suelo con cuidado, como si aquel tapiz multicolor de setas que acababa de encontrar pudiera desaparecer si lo miraba demasiado fuerte. Había sombreros grandes, pequeños, retorcidos, algunos traslúcidos, otros con colores tan intensos que parecían pintados a mano.

Levanté la cabeza y empecé a hacer gestos rápidos, señalando aquí y allá—. No, esas no… esas sí… Han dijo que estas cantan —añadí, tocándome la sien con un dedo, intentando explicar algo que no tenía palabras sencillas.

Por fortuna las onomatopeyas sí las entendía, aquel “wow” y el tono empleado. Sonreí de oreja a oreja. Me gustaba cuando alguien grande se maravillaba por cosas pequeñas. Cuando Bai hizo el gesto de cocinar, Alana parpadeé… y luego reí. Una risa breve, casi un soplido. Era sorprendente lo fácil que a veces resultaba hacerse entender con alguien que no hablaba tu mismo idioma.

— Sí —asentí con la cabeza, moviendo las manos—. Sí comida.

Mientras recolectaba, yo me movía como si el lugar me reconociera. Ya había cazado dinosaurios; las setas serían más sencillas. Mis manos sabían dónde tocar, qué evitar. De vez en cuando levantaba la vista cuando Bai me llamaba y seguía las indicaciones con pequeños saltos, agradecida por la ayuda desde arriba.

Cuando Bai me ofreció las manos para subir, Alana me quedé mirándolas un instante. Eran enormes. Sólidas. Seguras. Acepté. Me acomodé sobre el hombro con cuidado, agarrándome a una correa, y cuando Bai se irguió, solté un pequeño “oh” ahogado. Desde allí arriba, el mundo se veía distinto. Más grande. Más lento. Apoyé la mejilla contra el cuello de Bai un segundo, por puro equilibrio… y luego me incorporé, mirando alrededor con ojos brillantes. Desde que había estado sobre Dong, no había vuelto a experimentar una sensación así.

Cuando Bai preguntó a dónde ir, no respondí de inmediato. Cerré los ojos. Escuché. Me dejé llevar por ella y su buen juicios. Abrí los ojos y señalé sin dudar.

— Allí —dije, apuntando justo hacia donde la luz se filtraba mejor—. Donde el sol entra… donde hay un claro.

Aunque probablemente Bai ya hubiese elegido el lugar concreto. No sabía qué iba a pasar después. Solo sabía que, cuando comiéramos esas setas, estaríamos pletóricas de energía. Allí, tan solo habría que encender una pequeña fogata, ensartar las setas como si fuesen pinchos y dejar que se hiciesen mínimamente, por no comerlas crudas y tener una indigestión un tanto dolorosa. Poco o nada había aprendido de Han y de su cocina pero al menos a hacer las cosas al fuego sí, aunque se me quedasen pasadas…
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[Pasado/Social] Error micológico - por Alana Sahiba - 23-01-2026, 12:40 PM
RE: [Pasado/Social] Error micológico - por Alana Sahiba - 25-01-2026, 01:06 PM

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