28-01-2026, 01:54 AM
Los efectos no se dispersan de inmediato, pero eso no significa que Hasegawa esté perdido en tiempo y espacio, u olvidase sus formas ante situaciones fuera de lo común. El primer pensamiento que lo atraviesa es la sensación de haberse equivocado con la chica, pues su mirada iluminada y el tono meloso se alzan casi como una invitación implícita, era raro y le hace entrecerrar los ojos, porque en ocasiones esa podía ser una trampa para personas con poca empatía.
Quizás por mal interpretar las señales al hombre de antes le pasó lo que le pasó, aunque eso hablaba más de lo estúpido del sujeto que de una mujer que decidió ser agradable en todo momento y circunstancia.
Una vez le cuestiona si puede llamarlo simplemente 'Shin' responde por primera vez, había evitado interrumpirla, haciendo la interacción debidamente dinámica. —¿Héroe? Por favor, Runin... sólo evité un posible asesinato y la retirada pacífica del agresor. Sería lo que describes si hubiese tenido los reflejos necesarios para evitar que te golpee, lo siento por ello. —remarcó, antes de contestar directamente la pregunta —Y sí, casi que lo prefiero. Mis compañeros me llaman "Soldado Hasegawa", empieza a ser aburrido escuchar constantemente mi apellido... —se queja al aire, soltando un suspiro largo.
El nombre de la fémina se le hizo de lo más dulce, por ello instantes atrás degustó el pronunciarlo, sin embargo contuvo el instinto seductor que exclamaba a los gritos su deseo de aparecer, sólo lucía pequeños destellos. No era el tipo de hombre que se aprovechaba de una situación desafortunada y vulnerable para abordar de ese modo a nadie, no entraba en su razonamiento de ningún modo.
Sin embargo, lo que sí podía hacer era aceptar la invitación, y en vez de pagar un plato de comida compartir ese pequeño momento con ella, imaginó que algo de contacto social le vendría bien para terminar de pasar el mal trago. Notó, también, su mejilla húmeda, aunque de momento no hizo nada para remediarlo —Claro. ¡Que sean dos cuencos de sopa con champiñones! —con eso último se dirigió al tabernero, alzando al unísono su mano derecha, con los dedos índice y medio levantados, señalando el número mencionado.
Y quizás por ello fue agarrado con la guardia baja, observando de reojo la cercanía que produce Kitay. No le alarma, sólo es sorprendido, otra vez. Mucho más cuando escucha sus palabras, ¿tan evidente fue su estado de ebriedad? El shock inicial lo deja parcialmente enmudecido, instante que aprovecha para sonreír y cerrar los ojos, resignando la razón y recibiendo el consiguiente apoyo que prometió brindarle si las cosas se torcían con un falso testimonio del hombre arrestado.
No pasó por alto que le llamó "cariño", ni iba a dejar el agradecimiento difuminarse entre más palabrerío, por ende, buscó un pañuelo blanco y totalmente pulcro en el interior de sus ropajes, y aprovechando la cercanía, cerrándola incluso más, colocándose casi cara a cara, apoya la tela suave y refinada (con las iniciales de sus dos clanes talladas en un bordeado dorado) en la mejilla húmeda de Runin. El cuidado es absoluto, realizando movimientos lentos y medidos, como una caricia sin contacto directo. No la mira a los ojos hasta el final, cuando considera la tarea terminada, retirando el pañuelo de su piel y manteniendo una sonrisa bastante afable.
—Que sea nuestro secreto, Runin. —y antes de volver a su posición inicial, con la mano que sujetaba la tela blanca extiende el dedo índice y le da un toque pequeño en la nariz, como si fuese un adulto recordándole una lección a una niña traviesa.
—Fue un mal día. Y hoy lo tenía libre del trabajo... —confesó, dejando respirar el breve momento íntimo de antes, donde se respiraba complicidad. —En tu caso, tu mejilla se va a inflamar un poco, pero el frío que aplicaste ha sido suficiente para evitar moratones poco estéticos. Soy médico. —le sacó la punta de la lengua, rememorando durante ese instante la forma en que ella se relamió segundos atrás. De verdad que hacía un esfuerzo inenarrable para mantenerse centrado mientras esperaban la comida.
—Por cierto, 'cariño'. —trajo a colación su forma de hablar, no burlándose, pero sí devolviéndole el pequeño "golpe" a los umbrales de resistencia contra la tentación —Antes dijiste que no querías verte como alguien atrevida o aprovechada. Con lo primero no tengo problema, y lo segundo... por favor, creí que yo te daría esa imagen. Pero me alegra ver que a pesar de todo mantienes el ánimo, conozco a muchas personas que en tu lugar serían un manojo de nervios. —no se le hacía extraño, las personas son distintas y eso es un hecho. Nunca se imaginó un escenario donde estuviese pecando de inocente.
Quizás por mal interpretar las señales al hombre de antes le pasó lo que le pasó, aunque eso hablaba más de lo estúpido del sujeto que de una mujer que decidió ser agradable en todo momento y circunstancia.
Una vez le cuestiona si puede llamarlo simplemente 'Shin' responde por primera vez, había evitado interrumpirla, haciendo la interacción debidamente dinámica. —¿Héroe? Por favor, Runin... sólo evité un posible asesinato y la retirada pacífica del agresor. Sería lo que describes si hubiese tenido los reflejos necesarios para evitar que te golpee, lo siento por ello. —remarcó, antes de contestar directamente la pregunta —Y sí, casi que lo prefiero. Mis compañeros me llaman "Soldado Hasegawa", empieza a ser aburrido escuchar constantemente mi apellido... —se queja al aire, soltando un suspiro largo.
El nombre de la fémina se le hizo de lo más dulce, por ello instantes atrás degustó el pronunciarlo, sin embargo contuvo el instinto seductor que exclamaba a los gritos su deseo de aparecer, sólo lucía pequeños destellos. No era el tipo de hombre que se aprovechaba de una situación desafortunada y vulnerable para abordar de ese modo a nadie, no entraba en su razonamiento de ningún modo.
Sin embargo, lo que sí podía hacer era aceptar la invitación, y en vez de pagar un plato de comida compartir ese pequeño momento con ella, imaginó que algo de contacto social le vendría bien para terminar de pasar el mal trago. Notó, también, su mejilla húmeda, aunque de momento no hizo nada para remediarlo —Claro. ¡Que sean dos cuencos de sopa con champiñones! —con eso último se dirigió al tabernero, alzando al unísono su mano derecha, con los dedos índice y medio levantados, señalando el número mencionado.
Y quizás por ello fue agarrado con la guardia baja, observando de reojo la cercanía que produce Kitay. No le alarma, sólo es sorprendido, otra vez. Mucho más cuando escucha sus palabras, ¿tan evidente fue su estado de ebriedad? El shock inicial lo deja parcialmente enmudecido, instante que aprovecha para sonreír y cerrar los ojos, resignando la razón y recibiendo el consiguiente apoyo que prometió brindarle si las cosas se torcían con un falso testimonio del hombre arrestado.
No pasó por alto que le llamó "cariño", ni iba a dejar el agradecimiento difuminarse entre más palabrerío, por ende, buscó un pañuelo blanco y totalmente pulcro en el interior de sus ropajes, y aprovechando la cercanía, cerrándola incluso más, colocándose casi cara a cara, apoya la tela suave y refinada (con las iniciales de sus dos clanes talladas en un bordeado dorado) en la mejilla húmeda de Runin. El cuidado es absoluto, realizando movimientos lentos y medidos, como una caricia sin contacto directo. No la mira a los ojos hasta el final, cuando considera la tarea terminada, retirando el pañuelo de su piel y manteniendo una sonrisa bastante afable.
—Que sea nuestro secreto, Runin. —y antes de volver a su posición inicial, con la mano que sujetaba la tela blanca extiende el dedo índice y le da un toque pequeño en la nariz, como si fuese un adulto recordándole una lección a una niña traviesa.
—Fue un mal día. Y hoy lo tenía libre del trabajo... —confesó, dejando respirar el breve momento íntimo de antes, donde se respiraba complicidad. —En tu caso, tu mejilla se va a inflamar un poco, pero el frío que aplicaste ha sido suficiente para evitar moratones poco estéticos. Soy médico. —le sacó la punta de la lengua, rememorando durante ese instante la forma en que ella se relamió segundos atrás. De verdad que hacía un esfuerzo inenarrable para mantenerse centrado mientras esperaban la comida.
—Por cierto, 'cariño'. —trajo a colación su forma de hablar, no burlándose, pero sí devolviéndole el pequeño "golpe" a los umbrales de resistencia contra la tentación —Antes dijiste que no querías verte como alguien atrevida o aprovechada. Con lo primero no tengo problema, y lo segundo... por favor, creí que yo te daría esa imagen. Pero me alegra ver que a pesar de todo mantienes el ánimo, conozco a muchas personas que en tu lugar serían un manojo de nervios. —no se le hacía extraño, las personas son distintas y eso es un hecho. Nunca se imaginó un escenario donde estuviese pecando de inocente.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
