28-01-2026, 08:43 AM
El tacto, el calor que emanaba del cuerpo ajeno... Todos pequeños factores que lo encendían como nunca a nadie más. Sus ojos regresaron de vuelta hacia el rubio, buscando su rostro. Adoraba su tacto, de alguna extraña forma era, cuanto menos, de lo más satisfactorio. Era como si aquella insatisfacción se desvaneciera de un momento a otro solo por tenerlo frente a él y sentirlo cerca. Hacerlo esperar resultaba en una tortura, sus ojos incluso descendieron, buscando con la mirada qué pudiera estar haciendo. Sin embargo la erección que poseía solo lograba impedirle ver con claridad. Demasiado para disfrutar de las vistas, aunque sí alcanzaba a ver su pelvis y el miembro del rubio. Ah mierda, esa visión solo lo volvió más desesperado. ¿Sería suave? ¿Quizás algo más salvaje? Mordió su labio inferior, descendiendo sin ser capaz de apartar la mirada de la zona. ¿Cuánto más tenía que esperar?
¿Cómo podía estar tan desesperado cuando llevaba tanto tiempo sin ser pasivo? ¿Por qué diantres solo estaba deseando que lo penetrase como si no hubiera un mañana? Mierda... Normalmente siempre era al revés, solía ser activo, el que no tenía cuidado, pero con Tezca... Con él era diferente.
Al fin, allí estaba, entrando. Tan lento que era desesperante y, debido a la ausencia de preparación, pudo sentir el dolor, él mismo lo apretaba desde su interior causa del dolor, quizás demasiado. Su cuerpo temblaba, sus manos se elevaron, buscando el tacto de su cuerpo, poder sentirlo entre sus dedos. Tuvo que respirar, jadeando, tratando de acostumbrarse al tamaño. Hacía demasiado tiempo desde que lo penetraron y, de hecho, quien fue el último había sido el mismo que tenía frente a él. No... de hecho desde que le conoció no había habido nadie más. Trató de enfocar su mirada, el vaho saliendo de entre sus labios, buscar la mirada ajena.
Sus manos finalmente alcanzaron el rostro ajeno, ambas, desde los laterales de su mejilla. Sus ojos lo miraban con seguridad, su pecho ascendía y descendía, cada vez más habituado a la intromisión que poseía en su interior. Sus pulgares lo acariciaron como si fuera algo precioso, sus ojos no podían perder detalle en aquella mirada. Incluso, en un momento dado, su mano izquierda posicionó un largo mechón que caía frente al rostro ajeno, colocándolo tras su oreja.
Lo sintió, la penetración, el movimiento de sus caderas. Su mandíbula se apretó, las manos, de forma involuntaria, se apretaron más a sus mejillas. Su cuerpo temblaba, su espalda se arqueaba. Todavía no se acostumbraba del todo, pero él mismo lo admitía; lo deseaba, incluso si había dolor, no le importaba, solo lo volvía más excitante. Su miembro palpitaba, sacudiéndose al movimiento del vaivén que marcaba el ritmo ajeno. Sus labios, además, no podían cesar los jadeos, saliendo de forma insistente a cada movimiento contrario. Los ojos se elevaron al tacto en sus labios, sus manos ahora descendiendo del rostro ajeno, una de ellas aferrándose a las sábanas con firmeza y la otra descendiendo hasta uno de sus glúteos, atrayéndolo hacia sí mismo. Sus ojos se enfocaron de nuevo, buscando la mirada de tezca, percibiendo mejor su cercanía. Sus ojos no podían hacer más que contemplar sus ojos y... descender hasta sus labios. Ah mierda, ¿por qué siempre los buscaba? ¿Por qué los ansiaba tanto? Era solo un beso... ¿no es así? No era algo que buscara activamente con nadie... Con nadie más que él. ¿Por qué? ¿Qué había de diferente? Sus labios se abrieron, mordisqueando el pulgar que se acercaba a sus labios, succionándolo, sus ojos fijos en un aire más pícaro, buscando de esta forma aliviar su sed interna de deborar sus labios una vez más. Su lengua era la que trabajaba con el dedo en su interior. ¿Qué era esa sensación que le oprimía tanto el pecho? ¿Que lo aplastaba y le hacía sentir incluso más? ¿Qué diablos era? No... ¿Quién era el hombre que lograba esas sensaciones en él?

—Tezca...
¿Cómo podía estar tan desesperado cuando llevaba tanto tiempo sin ser pasivo? ¿Por qué diantres solo estaba deseando que lo penetrase como si no hubiera un mañana? Mierda... Normalmente siempre era al revés, solía ser activo, el que no tenía cuidado, pero con Tezca... Con él era diferente.

—¡HAAAH!
Al fin, allí estaba, entrando. Tan lento que era desesperante y, debido a la ausencia de preparación, pudo sentir el dolor, él mismo lo apretaba desde su interior causa del dolor, quizás demasiado. Su cuerpo temblaba, sus manos se elevaron, buscando el tacto de su cuerpo, poder sentirlo entre sus dedos. Tuvo que respirar, jadeando, tratando de acostumbrarse al tamaño. Hacía demasiado tiempo desde que lo penetraron y, de hecho, quien fue el último había sido el mismo que tenía frente a él. No... de hecho desde que le conoció no había habido nadie más. Trató de enfocar su mirada, el vaho saliendo de entre sus labios, buscar la mirada ajena.
Sus manos finalmente alcanzaron el rostro ajeno, ambas, desde los laterales de su mejilla. Sus ojos lo miraban con seguridad, su pecho ascendía y descendía, cada vez más habituado a la intromisión que poseía en su interior. Sus pulgares lo acariciaron como si fuera algo precioso, sus ojos no podían perder detalle en aquella mirada. Incluso, en un momento dado, su mano izquierda posicionó un largo mechón que caía frente al rostro ajeno, colocándolo tras su oreja.

—Muévete, Tezca.
Lo sintió, la penetración, el movimiento de sus caderas. Su mandíbula se apretó, las manos, de forma involuntaria, se apretaron más a sus mejillas. Su cuerpo temblaba, su espalda se arqueaba. Todavía no se acostumbraba del todo, pero él mismo lo admitía; lo deseaba, incluso si había dolor, no le importaba, solo lo volvía más excitante. Su miembro palpitaba, sacudiéndose al movimiento del vaivén que marcaba el ritmo ajeno. Sus labios, además, no podían cesar los jadeos, saliendo de forma insistente a cada movimiento contrario. Los ojos se elevaron al tacto en sus labios, sus manos ahora descendiendo del rostro ajeno, una de ellas aferrándose a las sábanas con firmeza y la otra descendiendo hasta uno de sus glúteos, atrayéndolo hacia sí mismo. Sus ojos se enfocaron de nuevo, buscando la mirada de tezca, percibiendo mejor su cercanía. Sus ojos no podían hacer más que contemplar sus ojos y... descender hasta sus labios. Ah mierda, ¿por qué siempre los buscaba? ¿Por qué los ansiaba tanto? Era solo un beso... ¿no es así? No era algo que buscara activamente con nadie... Con nadie más que él. ¿Por qué? ¿Qué había de diferente? Sus labios se abrieron, mordisqueando el pulgar que se acercaba a sus labios, succionándolo, sus ojos fijos en un aire más pícaro, buscando de esta forma aliviar su sed interna de deborar sus labios una vez más. Su lengua era la que trabajaba con el dedo en su interior. ¿Qué era esa sensación que le oprimía tanto el pecho? ¿Que lo aplastaba y le hacía sentir incluso más? ¿Qué diablos era? No... ¿Quién era el hombre que lograba esas sensaciones en él?
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
