45 de Primavera, Samba.
Escuchas música a lo lejos, suena en una calle por la que has pasado, la diversión y la alegría está ahí, pero no es al sitio que tienes que ir ¿Estás seguro de esto? Quizás te lo preguntes, pero el deber llama ¡Y la ley te ha pedido ayuda a ti! A ti, nadie más que a ti para esta situación, por lo tanto luego de un largo día estudiando el caso, aquí estás.
Frente a una puerta roja en un sitio corriente. Seguro habrías esperado una puerta negra de metal, un lugar de mala muerte que se cae a trozos, pero no ¡Es como cualquier hogar! Porque jamás te esperarías que tu vecino tenga un sitio así ¿No? Un par de golpes son suficientes para que alguien abra la puerta, es una mujer de lentes que se los acomoda al verte.
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—Huh, y tú quién eres —
Entrecierra los ojos, te revisa esperando que digas algo ¡Tu nombre será suficiente como para que te deje pasar! Te apunta con su mano derecha, como si llevase una pistola y entonces sonríe — Ah si, eres el tipo al que están esperando. Pensé que serías más… maleante — la última palabra sale arrastrada, como si no quisiera decir la palabra correcta, quizás ¿Asesino sería mejor? ¿Psicópata? ¿Un maníaco? Pero esas declaraciones son muy fuertes para lanzarlas en la calle — Pasa.
Un paso atrás y la puerta se abre por completo, mostrándote un sitio que se ve completamente normal. — ¿No traes compañía o un bolso? Seguro la trajiste anoche, sí debe ser algo — ¿Traer qué? ¿Por qué no te da explicaciones? Es como si supieras algo que deberías conocer, un detalle mínimo que hará que todo encaje… y lo hará eventualmente — Vamos chico ¿Cómo te llamabas?
La muchacha se mueve con suavidad, son pasos que resuenan por la madera, hasta que finalmente abre un armario lleno de ropa que en realidad no parece de ella. Un par de golpes y un tirón ¡Tadá! La puerta se abre dejando ver que hay algo, pero tienes que bajar al sótano.
Son cuarenta escalones en un pasillo que no es estrecho, podrían pasar al menos tres personas ahí, a lo desconocido, a lo que algunos dirían que es en realidad tu destino.
Ya en el piso inferior, a un montón de metros bajo tierra te encuentras una bonita recepción que tiene hasta algo que se asemeja al aire acondicionado ¡Todo muy lindo y cómodo! Seguro es un cachivache con un dial de esos. No es la guarida del horror, sino más bien un sitio finamente decorado, lleno de luz, pero con un silencio perturbador. No se escucha nada dentro, no hay personas, no hay cuchicheos, solo está el tacón de tu anfitriona que indica que debes moverte para seguirla, hasta llegar a una puerta más ¿Cuántas van ya? ¿Tres o cuatro? La abre, dejando ver una sala negra, con cada objeto en su interior de ese color y entonces aparece un hombre sentado detrás de una mesa, simple, no hay ni un ápice del lujo del exterior. Dentro de tanto negro vez algo que te llama la atención, son fichas de colores, lo único que ahí parece ser distinto.
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—Shin— te llama el hombre con aspecto ligeramente desaliñado. Es mayor que tu ¡Y podrías jurar que lo has visto antes! ¿Pero de donde? ¿De de esas aburridas reuniones de clanes en donde todos se odian y se quieren sacar los ojos? Sí, debe de ser de por ahí ¡Quizás si hubieses puesto un poquitito más de atención sabrías! Pero ya es muy tarde para eso — Qué diablos haces aquí — tu llegada ha producido algo en él, lo suficiente como para hacer un ademán de prender un cigarrillo solo porque estás frente a él — Bueno no importa, tendrás tu razones y yo tengo las mías para dejarte entrar.
¿Cuáles serán? Quizás si le preguntas te pueda contestar.
—Siéntate muchacho, antes de que comencemos a jugar. No te quedes como tonto ahí mirándome ¿Fumas? Saca uno.
Porque luego de esto seguro las cosas van a cambiar.
Información de la aventura
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