You're nothing special we lose everyday - T2 P Relativo
#2
Ah, el deber; Nociones de profunda interiorización pues sus significados varían enormemente según la mente que lo piense, en el caso del albino resultaba imposible alejarse de una regla única en su vida, y esa era descuidar a los necesitados, dejar a su suerte a quienes no pueden hacer nada por defenderse, y quizás ese sea el motivo principal por el cual evitó bajo toda circunstancia posible hospedarse en las zonas más adineradas de Samba, pese a poder hacerlo sin ningún tipo de problemas.

El cóctel ideal para realizar algunas misiones de incógnito, relativamente alejado de su llamada "zona activa caliente", en donde algunos lugareños ya reconocían levemente la cara del marine, resaltando entre las pintas generales que habitaban por allí. Iba con varias mudas de su haori blanco, misma prenda que seleccionó para aquella ocasión, y no se veía barato precisamente. Además, el perfume refinado delataba su cuna de oro, haciendo fácil el ubicar que no pertenece a un sitio como aquel y ayudando a la idea de identificarlo, o recordarlo al completo tras un primer contacto.

Sin embargo, aquel día debía utilizar todos sus recursos sociales para diluir cualquier tipo de reconocimiento inicial que lo vincule a desmontar actividades corruptas o ilegales por las inmediaciones, y una vez se alejó de la música y la alegría, posicionándose frente a la puerta roja, sonrió con un deje de confianza que en parte lo ayudaba a mantener la tranquilidad como mayor baza. Antes de golpear la puerta, se acomoda las gafas de sol negras, y termina quitándoselas al sentirlas una molestia en interiores, guardándolas en un bolsillo interno, posterior a eso sí hace notar su presencia.

Sus ojos cerúleos se deslumbran al presenciar la figura de una pelirrosa, su belleza es indiscreta y el porte que trae resalta su posición autoritaria, como guardiana de la puerta. La inspección no pasa desapercibida, y parcialmente decide contestar únicamente con su nombre, intentando facilitar el ingreso para luego comenzar con su propio juego particular, al final, se le daba exquisitamente bien desvariar y entretener a las personas. —Hasegawa Shin. —aseguró, previo a contestar el segundo comentario. —Estamos en las mismas. Yo no imaginaba que alguien tan dulce me recibiría desde el principio, si es una estrategia para que baje la guardia... está funcionando. —asiente, utilizando un tono tan meloso que según quien escuche, puede volverse adictivo, traspasando entonces la llamativa puerta una vez se le permitió y sintiendo que todo había comenzado al cerrarse a sus espaldas.

Salta a la vista que una de sus intenciones principales es embelesar a la chica que lo recibió, aunque sus siguientes frases le complicaban abrirse paso entre el trabajo para intentar que fuese ella quien bajase la guardia. Dejaría de llamarse a sí mismo un donjuán experto si no pudiese hilar lo recibido a una forma de redirigirla a donde le interesaba, y con ello en mente decidió que estaría bien empezar por su nombre. —Ya se lo dije, señorita. ¿Por qué mejor no me dices tú cómo te llamas? Así estaríamos en igualdad de condiciones. —su sonrisa fue sutil, el tono acompañó los gestos, y esperó pacientemente la guía en el interior de aquel lugar.

Lo del armario fue original, y el descenso hasta aquel sótano se hizo ameno entre el vaivén suave del andar contrario. No contó los escalones, pero sí memorizó la ruta, tanto como para poder guiar, o en el peor de los casos realizar un escape preciso, prestó toda la atención que pudo en función de ello, manteniendo la efectividad a su nivel máximo. Fue sorprendido por el cambio de temperatura en el interior de la recepción, aunque ignoró aquel detalle cuando se vio obligado a seguirla a otra habitación, esta vez totalmente negra salvo por unas fichas frente a otra presencia adicional, esta vez masculina. A lo mejor sus truquitos de seducción no serían tan efectivos con aquel sujeto.

Ante el hombre, entrecierra los ojos. Él lo llama por su nombre y asume que es normal considerando que fue la llave que permitió su ingreso, ¿pero qué hay de esa sensación de familiaridad tan elevada? Una incertidumbre muy parecida a cuando se tiene una palabra en la punta de la lengua, pero nunca termina de llegar. —¡Tú! —le señala, porque evidentemente no le recuerda bien y no quería quedar fuera de la fiesta.

Nota que la pelirrosa sigue en ahí, y toma asiento. El juego no se describe y no sabe del todo bien de qué forma va a poder entretenerlos hasta la llegada de los refuerzos, lo cierto es que debía encontrar una manera de mantenerlos ahí sin que sospechen nada, por ello centra su atención nuevamente en la mujer. —Oyeee, ¿me recuerdas cómo se llama? —se coloca el dorso de la mano a un costado de la boca, enfocado a la fémina, expresando aquel susurro que simula no ser escuchado por quien tiene delante, aunque era evidente que todos pudieron oírlo. Una de las clásicas payasadas de Hasegawa.

—No fumo, mi estimado. Dicen que pudre los dientes, ¿y quién soy yo para arruinar esta sonrisa? Sé que alegra a más de uno verla... —el ego de siempre, la charlatanería usual. Ni en una misión como esa podía quedarse tranquilo y centrado en el deber, pero quizás es por eso que lo eligieron, la naturalidad y tendencia hacia la estupidez en las situaciones menos indicadas.

—¡Pero! —exclama repentinamente, elevando la diestra hacia el techo, con el dedo índice levantado —Sí que bebo, ¿podría pedirle alcohol a alguno de ustedes? Claro que mi condición es que los tres compartamos una copa... —desinhibición, claro, apostaba por ello, aunque tenía que tener cuidado, porque su tolerancia no era buena precisamente.

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[Imagen: vEBNZb3.png]


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RE: You're nothing special we lose everyday - T2 P Relativo - por Hasegawa Shin - 29-01-2026, 02:10 AM

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