29-01-2026, 10:29 PM
El aire en el "Devil’s Nest" se había vuelto una amalgama espesa de humo de tabaco, olor a ron barato y la humedad punzante que emanaba de decenas de cuerpos entregados al frenesí de la danza y tal vez fuera por formar parte de ese frenesí la joven mercante lo disfrutaba. Hiiragi sentía cómo el calor del local se adhería a su piel, humedeciendo el vello blanco que nacía en sus hombros y descendía hasta sus codos, mientras sus orejas de conejo se agitaban con espasmos rítmicos, captando cada nota rasgada de la guitarra que dominaba la estancia. La peliblanca soltó una carcajada llena de vitalidad al notar el cambio drástico en los movimientos de Cill; aquel hombre, que apenas unos minutos atrás tropezaba con sus propios pies, ahora se desplazaba con una fluidez técnica que le resultaba sorprendente.
La Humink se dejó llevar por el giro que el pirata le propuso, sintiendo el roce de su mano por su cintura antes de ser lanzada hacia afuera y atraída de nuevo con un tirón firme. Sus ojos rubíes brillaron con una chispa de análisis comercial mientras estudiaba la nueva postura de su compañero; Cill ya no bailaba como un aprendiz, sino que marcaba cada paso con la precisión de un espadachín ejecutando una serie de estocadas invisibles, claro que eso no era exactamente a lo que ella estaba acostumbrada a la pista de baile pero era algo nuevo y divertido de compartir. Aquel momento de despertar y brillar mental del pelinegro no pasó desapercibido para ella, quien disfrutaba de la armonía que ahora compartían en la pista, donde el blanco de su pelaje y el negro de la cabellera de él se mezclaban en un torbellino de contrastes cuando sus cuerpos se acercaban lo suficiente entre paso y paso de baile.
-Parece que has encontrado un lenguaje que tus pies entienden mucho mejor que mis instrucciones, Cill o tu eres un excelente aprendiz o mis habilidades como maestra de baile son mejores de lo que yo esperaba.- comentó la joven con una sonrisa traviesa mientras sus orejas se orientaban hacia el rostro del pirata, enfocando toda su atención en sus gestos. -Esa forma de moverte... es casi como si estuvieras trazando mapas con los pies o cortando el aire con cada giro. Me gusta, tiene un filo que no esperaba encontrar en un pirata tan sonriente de cabello desarreglado, espero que no te ofenda superar las expectativas de esta coneja.- agregó, dejando que su cola de conejo realizara un movimiento rápido de satisfacción mientras se acercaba de nuevo a él tras el desafío de su dedo índice.
Se colocó frente a frente, dejando que la música fluyera a través de su cuerpo esbelto de un metro setenta, permitiendo que la adrenalina del baile hiciera que su corazón de conejo bombeara con esa fuerza que tanto le gustaba sentir. El sudor perleaba su frente, bajando por su cuello y desapareciendo bajo el borde de su ropa, pero Hiiragi no parecía dispuesta a detenerse a menos que fuera necesario. Sin embargo, su curiosidad por el hombre que tenía delante empezaba a competir con su deseo de seguir saltando.
-¿A dónde me sigues? A donde el viento nos lleve, aunque por ahora mis pies se preguntan si prefieres seguir gastando la madera de esta pista o si el pirata tiene sed de algo más que movimiento.- dijo la peliblanca, ladeando la cabeza con ese gesto tan suyo que hacía que una oreja cayera perezosamente mientras la otra permanecía erguida antes de también caer más lentamente. -Podemos volver a la barra y dejar que la garganta se refresque un poco mientras me cuentas cómo un hombre que baila como si blandiera un arma terminó acariciando las orejas de una "posible espía" de la Marina. Tengo un interés meramente profesional en saber qué clase de historias guarda un tipo tan peculiar como Tú.- sentenció con una mirada cargada de picardía y una seguridad que rozaba la provocación, probablemente porque era en cierto sentido una provocación.
Para Hiiragi, el baile era una forma de conocer un fragmento del alma de las personas, pero las palabras eran la moneda con la que ella realmente comerciaba. Estaba deseosa de escuchar anécdotas de mares lejanos y aventuras prohibidas, algo que solo un pirata con esa mirada podría ofrecerle. -La elección es tuya, navegante de tabernas. ¿Seguimos siendo el espectáculo de la noche o nos retiramos a conspirar entre vasos de ron y cerveza?- concluyó con una risita, esperando ver si Cill prefería la acción física o el intercambio de palabras en la penumbra de la barra.
La Humink se dejó llevar por el giro que el pirata le propuso, sintiendo el roce de su mano por su cintura antes de ser lanzada hacia afuera y atraída de nuevo con un tirón firme. Sus ojos rubíes brillaron con una chispa de análisis comercial mientras estudiaba la nueva postura de su compañero; Cill ya no bailaba como un aprendiz, sino que marcaba cada paso con la precisión de un espadachín ejecutando una serie de estocadas invisibles, claro que eso no era exactamente a lo que ella estaba acostumbrada a la pista de baile pero era algo nuevo y divertido de compartir. Aquel momento de despertar y brillar mental del pelinegro no pasó desapercibido para ella, quien disfrutaba de la armonía que ahora compartían en la pista, donde el blanco de su pelaje y el negro de la cabellera de él se mezclaban en un torbellino de contrastes cuando sus cuerpos se acercaban lo suficiente entre paso y paso de baile.
-Parece que has encontrado un lenguaje que tus pies entienden mucho mejor que mis instrucciones, Cill o tu eres un excelente aprendiz o mis habilidades como maestra de baile son mejores de lo que yo esperaba.- comentó la joven con una sonrisa traviesa mientras sus orejas se orientaban hacia el rostro del pirata, enfocando toda su atención en sus gestos. -Esa forma de moverte... es casi como si estuvieras trazando mapas con los pies o cortando el aire con cada giro. Me gusta, tiene un filo que no esperaba encontrar en un pirata tan sonriente de cabello desarreglado, espero que no te ofenda superar las expectativas de esta coneja.- agregó, dejando que su cola de conejo realizara un movimiento rápido de satisfacción mientras se acercaba de nuevo a él tras el desafío de su dedo índice.
Se colocó frente a frente, dejando que la música fluyera a través de su cuerpo esbelto de un metro setenta, permitiendo que la adrenalina del baile hiciera que su corazón de conejo bombeara con esa fuerza que tanto le gustaba sentir. El sudor perleaba su frente, bajando por su cuello y desapareciendo bajo el borde de su ropa, pero Hiiragi no parecía dispuesta a detenerse a menos que fuera necesario. Sin embargo, su curiosidad por el hombre que tenía delante empezaba a competir con su deseo de seguir saltando.
-¿A dónde me sigues? A donde el viento nos lleve, aunque por ahora mis pies se preguntan si prefieres seguir gastando la madera de esta pista o si el pirata tiene sed de algo más que movimiento.- dijo la peliblanca, ladeando la cabeza con ese gesto tan suyo que hacía que una oreja cayera perezosamente mientras la otra permanecía erguida antes de también caer más lentamente. -Podemos volver a la barra y dejar que la garganta se refresque un poco mientras me cuentas cómo un hombre que baila como si blandiera un arma terminó acariciando las orejas de una "posible espía" de la Marina. Tengo un interés meramente profesional en saber qué clase de historias guarda un tipo tan peculiar como Tú.- sentenció con una mirada cargada de picardía y una seguridad que rozaba la provocación, probablemente porque era en cierto sentido una provocación.
Para Hiiragi, el baile era una forma de conocer un fragmento del alma de las personas, pero las palabras eran la moneda con la que ella realmente comerciaba. Estaba deseosa de escuchar anécdotas de mares lejanos y aventuras prohibidas, algo que solo un pirata con esa mirada podría ofrecerle. -La elección es tuya, navegante de tabernas. ¿Seguimos siendo el espectáculo de la noche o nos retiramos a conspirar entre vasos de ron y cerveza?- concluyó con una risita, esperando ver si Cill prefería la acción física o el intercambio de palabras en la penumbra de la barra.
Código:
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