30-01-2026, 04:33 AM
Como le gusta a la gente tocar las pelotas… Tenía sentido, algunos de los alumnos seguían ofuscados, molestos por la negligente clase que había impartido. Es normal que buscaran algún superior para notificarlo y que me sacaran a patadas de allí y no me dejaran volver a entrar. Traté de improvisar algo que me sacara de esta y poder seguir tonteando con la alumna sin interrupciones pero una vez más ella fue más rápida.
Indicó que había una salida, una que nadie usaba y podríamos usar para escapar sin ser vistos. Sonreí, genuinamente, pues me gustaba ver que era rápida de mente, sabía pensar y buscar soluciones rápidas, algo que hacía a aquella mujer aún más atractiva, por si no fuese suficiente su explosiva figura. Asentí y esperé que indicara el camino.
Esperé que tomara sus cosas, se colocara delicadamente una prenda de abrigo. Una que apenas tampoco le cubría demasiado, lo cual agradecí, pero tampoco parecía que fuese en ropa interior. Me senté sobre el dulce con las piernas cruzadas y me moví detrás de ella, casi hipnotizado por el movimiento de sus caderas. Pasamos por los vestuarios, hasta llegar al pasillo que había mencionado. Según nos alejábamos, el ambiente de caos y ajetreo del aula fue interrumpido por silencio, el cual solamente era interrumpido por los pasos del grácil caminar de la Lunarian.
De golpe casi llegando a la puerta, se detuvo, algo que no vi venir, haciéndome frenar tarde y casi chocar de cara con el culo de la imponente morenaza. “¿Por qué he frenado?” Pregunté maldiciéndome a la vez que volvía a elevar la galleta para ambos quedar cara a cara, absorto por sus profundos ojos claros.
Antes de salir me aclaró que se había dado cuenta de mi engaño, que antes incluso de que cambiara el acento ella se había dado cuenta que no era un profesor y que no me llamaba Ernesto. Me dejé caer sobre el dulce y me llevé la mano a la cara para comenzar a reír. -Joder… ¿Tanto se ha notado? -Pregunté entre carcajadas, tratando de calmarme. -Realmente eres lista de cojones, pensé que había clavado la actuación. Al menos un novato de recepción me había dejado pasar como si nada.
Sequé mis lágrimas y volví a reincorporarme para mirar el rostro de facciones divinas que tenía frente a mi de nuevo, di un pequeño brinco impulsándome con los brazos para llegar al borde del dulce, para acortar la distancia entre ambos. -Mi verdadero nombre es Iggy un placer conocerla señorita, una humilde estrella del rock a su servicio. -Hice una leve reverencia, inclinando levemente la espalda, sin levantarme de mi posición. Mi tono de voz sonaba con picardía, como si estuviera exagerado cada una de las palabras que pronunciaba.
En cuanto mencionó la cabaña no lo disimulé, cerré los puños, los ojos y mordiendo mi labio inferior lo celebré como si ya hubiese ganado, dando por hecho que las “clases privadas” eran algo inminente. Pero como si hubiese leído mi evidente reacción me comentó que estas “clases” se ganaban no se daban. Tras esto salió del edificio, decidida y con una seguridad abrumadora.
Tras aquello, no pude esperar, sonreí atontado como un niño, dispuesto a jugar a un juego al que no le gustaba perder. Me puse en pie y crují mi cuello, tronándolo hacia ambos lados. Decidido empujé salí al exterior justo detrás de ella. Salimos a una plaza la cual estaba bastante concurrida, hecho que nos podría ayudar a escabullirnos. No parecía que nadie nos siguiera lo cual agradecí bastante, no obstante me solté el pelo el cual llevaba recogido como si aquel cambio fuese a suponer alguna diferencia en que me reconocieran o no.
No obstante no dejé que la peliblanca avanzara demasiado, aceleré la velocidad del dulce hasta alcanzarla por detrás. Mis brazos rodearon su cuello de forma posesiva, con la suficiente fuerza para no dejarla continuar con si trayectoria e hiciera una pausa. Apreté mi pecho contra su espalda y comencé a susurrarle lo suficientemente cerca de su oído para que a cada palabra sintiera el calor de mi cargara respiración a cada palabra. -Ahora te toca a ti responderme una cosa… Si te diste cuenta que no era profesor… ¿Por qué me dejaste continuar una clase… En la que obviamente tú tenías toda mi atención? -Mordí levemente su lóbulo y mis manos volaban libres contorneando su figura desde sus hombros hacia abajo.
Por si no fuera suficiente le di la vuelta, quedando ambos cara a cara. Estaba tan cerca que sentía su pecho pegado al mío, agarré sus mejillas con ambas manos para que no desviara la mirada y con el mismo tono de voz, cargado de picardía y lujuria proseguí mi discurso. -Así que… A pesar saber parar cuando la ocasión lo requiere… pero una vez lleguemos a la cabaña no pienso detenerme hasta hacerte gritar mi nombre…
Tras esto volví a mover la galleta hacia atrás, dejando tras de mí una tensión que tarde o temprano acabaría estallando. -Pero antes de que eso pase… ¿Podría tener el honor de saber el nombre de la diosa que tengo enfrente? -Incliné la cabeza y me llevé la mano al pecho con la misma dramatización que caracterizaba a casi todas mis acciones, esperando una respuesta y que comenzara a indicarme el camino hacia aquella cabaña prometida.
Indicó que había una salida, una que nadie usaba y podríamos usar para escapar sin ser vistos. Sonreí, genuinamente, pues me gustaba ver que era rápida de mente, sabía pensar y buscar soluciones rápidas, algo que hacía a aquella mujer aún más atractiva, por si no fuese suficiente su explosiva figura. Asentí y esperé que indicara el camino.
Esperé que tomara sus cosas, se colocara delicadamente una prenda de abrigo. Una que apenas tampoco le cubría demasiado, lo cual agradecí, pero tampoco parecía que fuese en ropa interior. Me senté sobre el dulce con las piernas cruzadas y me moví detrás de ella, casi hipnotizado por el movimiento de sus caderas. Pasamos por los vestuarios, hasta llegar al pasillo que había mencionado. Según nos alejábamos, el ambiente de caos y ajetreo del aula fue interrumpido por silencio, el cual solamente era interrumpido por los pasos del grácil caminar de la Lunarian.
De golpe casi llegando a la puerta, se detuvo, algo que no vi venir, haciéndome frenar tarde y casi chocar de cara con el culo de la imponente morenaza. “¿Por qué he frenado?” Pregunté maldiciéndome a la vez que volvía a elevar la galleta para ambos quedar cara a cara, absorto por sus profundos ojos claros.
Antes de salir me aclaró que se había dado cuenta de mi engaño, que antes incluso de que cambiara el acento ella se había dado cuenta que no era un profesor y que no me llamaba Ernesto. Me dejé caer sobre el dulce y me llevé la mano a la cara para comenzar a reír. -Joder… ¿Tanto se ha notado? -Pregunté entre carcajadas, tratando de calmarme. -Realmente eres lista de cojones, pensé que había clavado la actuación. Al menos un novato de recepción me había dejado pasar como si nada.
Sequé mis lágrimas y volví a reincorporarme para mirar el rostro de facciones divinas que tenía frente a mi de nuevo, di un pequeño brinco impulsándome con los brazos para llegar al borde del dulce, para acortar la distancia entre ambos. -Mi verdadero nombre es Iggy un placer conocerla señorita, una humilde estrella del rock a su servicio. -Hice una leve reverencia, inclinando levemente la espalda, sin levantarme de mi posición. Mi tono de voz sonaba con picardía, como si estuviera exagerado cada una de las palabras que pronunciaba.
En cuanto mencionó la cabaña no lo disimulé, cerré los puños, los ojos y mordiendo mi labio inferior lo celebré como si ya hubiese ganado, dando por hecho que las “clases privadas” eran algo inminente. Pero como si hubiese leído mi evidente reacción me comentó que estas “clases” se ganaban no se daban. Tras esto salió del edificio, decidida y con una seguridad abrumadora.
Tras aquello, no pude esperar, sonreí atontado como un niño, dispuesto a jugar a un juego al que no le gustaba perder. Me puse en pie y crují mi cuello, tronándolo hacia ambos lados. Decidido empujé salí al exterior justo detrás de ella. Salimos a una plaza la cual estaba bastante concurrida, hecho que nos podría ayudar a escabullirnos. No parecía que nadie nos siguiera lo cual agradecí bastante, no obstante me solté el pelo el cual llevaba recogido como si aquel cambio fuese a suponer alguna diferencia en que me reconocieran o no.
No obstante no dejé que la peliblanca avanzara demasiado, aceleré la velocidad del dulce hasta alcanzarla por detrás. Mis brazos rodearon su cuello de forma posesiva, con la suficiente fuerza para no dejarla continuar con si trayectoria e hiciera una pausa. Apreté mi pecho contra su espalda y comencé a susurrarle lo suficientemente cerca de su oído para que a cada palabra sintiera el calor de mi cargara respiración a cada palabra. -Ahora te toca a ti responderme una cosa… Si te diste cuenta que no era profesor… ¿Por qué me dejaste continuar una clase… En la que obviamente tú tenías toda mi atención? -Mordí levemente su lóbulo y mis manos volaban libres contorneando su figura desde sus hombros hacia abajo.
Por si no fuera suficiente le di la vuelta, quedando ambos cara a cara. Estaba tan cerca que sentía su pecho pegado al mío, agarré sus mejillas con ambas manos para que no desviara la mirada y con el mismo tono de voz, cargado de picardía y lujuria proseguí mi discurso. -Así que… A pesar saber parar cuando la ocasión lo requiere… pero una vez lleguemos a la cabaña no pienso detenerme hasta hacerte gritar mi nombre…
Tras esto volví a mover la galleta hacia atrás, dejando tras de mí una tensión que tarde o temprano acabaría estallando. -Pero antes de que eso pase… ¿Podría tener el honor de saber el nombre de la diosa que tengo enfrente? -Incliné la cabeza y me llevé la mano al pecho con la misma dramatización que caracterizaba a casi todas mis acciones, esperando una respuesta y que comenzara a indicarme el camino hacia aquella cabaña prometida.
Cosos
