El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto]
#2
Los ojos grises de Stroud, oscuros y entornados, iban de un lado a otro, mientras él permanecía a un lado del campamento. Sus manos se hallaban tras su espalda, donde solían estar, con su postura perfectamente erguida y marcial. Aquel calor húmedo lo aturdía un poco. Pensaba en el recorrido de la División por Little Garden, con sus altos y, sobre todo, con sus bajos. Por mucho que Kibai, Moja y Bertram fuesen vigías mucho más efectivos de lo que él jamas pudiera serlo, prestar atención era su forma de pensar. Mantener el entorno vigilado, saberse en control del espacio que le rodeaba, era lo que le daba margen para la reflexión. Los navegantes de uno y otro lado de la Justicia transitaban por Little Garden con asiduidad, procurando detenerse allí el tiempo estrictamente necesario antes de proseguir su viaje. Pronto les llegaría el turn...

Berep berep berep berep.

Su Den Den Mushi empezó a sonar, sacándolo de su ensimismamiento.

Berep berep berep berep.

Stroud tomó el caracol y desenganchó la pieza que hacía de micrófono, y la voz del tal Harrison empezó a fluctuar como un torrente desde la boca de la criatura. Stroud comprendió a la perfección el tono; aquel no era el tipo de interlocutor que se fuese a preocupar de recibir demasiadas confirmaciones del otro lado. Volcaría la información sobre él, se aseguraría de que había quedado meridianamente claro, y colgaría; y así fue, en esencia. ¿Qué diantres era una división científica? Stroud se rascó ligeramente la cabeza mientras tomaba nota mentalmente de todas las órdenes recibidas. Al finalizar el torrente de órdenes e indicaciones de Harrison, la llamada terminó con el sonido de gatcha del Den Den Mushi. Stroud inspiró en silencio, apretando ligeramente los labios, y observó a sus compañeros de división, mientras volvía a dejar el Den Den Mushi en su lugar. Evidentemente, ante órdenes directas no cabía vacilar.

"Bueno, pues ya lo habéis oído," dijo, haciendo un ademán hacia el caracol por el que todos acababan de recibir la llamada, mientras tomaba su pesado abrigo blanco y se lo ceñía sobre los hombros, antes de echar mano de su mochila, "preparaos para salir."

Había poco más que el abrigo que tuviese que tomar, además de su mochila, cargada con lo esencial para una jornada de exploración: raciones militares para un par de días, su brújula, cuerda, una manta, cerillas, una antorcha, yesca... Tenía por costumbre estar siempre listo para el servicio, incluso en sus ratos de asueto; nunca se sabía cuándo podía llegar, precisamente, una llamada como aquella. Mientras esperaba a que los demás estuviesen listos para partir, rumió cómo iban a hacerlo. Las órdenes habían sido cristalinas: buscar el campamento, informar al cuartel, buscar el tesoro, extraerlo y llevarlo a Arabasta. Arabasta... Eso debía de quedar a al menos un par de islas en la corriente, si no más. Stroud hizo memoria, recordando sus cartas náuticas, de cuánto tardarían en llegar hasta allí. Con suerte, no demasiado. Antes, eso sí, habrían de pasar por el reino de Drum. Parecía que iban a tener cantidad de cosas que hacer. Se le vino a la mente el último periódico, en el que se avisaba de una especie de convocatoria en Arabasta para entrar a formar parte del Zoodiacool. Una mancha de gilipollas pretenciosos y sin el adecuado sentido de la disciplina, por lo que había oído el joven Marine, pero gente con talento, qué duda cabía, y con algunos miembros realmente excepcionales. Tal vez fuese interesante echar un ojo.

Cuando sus compañeros de división empezaron a agruparse, Stroud repasó algunas ideas en voz alta. "Bien, la primera y prioritaria de las órdenes es buscar el campamento, en eso han sido muy explícitos," afirmó Stroud. "Vuestras dotes de caza nos van a ir que ni pintadas. Cinco meses sin contacto... se tendría que haber intervenido mucho antes," masculló para sí, antes de volver al volumen habitual, "pero cinco meses es mucho tiempo. Incluso si encontramos el campamento, no sabemos en qué condiciones estará, ni qué habrá, así que estad preparados para lo que sea. Respecto a su posible localización, tengo algunas ideas," afirmó, tomando una pequeña rama del suelo y poniéndose en cuclillas, dibujando una forma cuadrada en el barro. "Por lo que he podido explorar de la isla, que no es demasiado, hay algunas zonas habitables, no muy diferentes a esta," explicó, haciendo un ademán con el dedo índice indicando la situación del campamento a su alrededor, "la mayoría a unas cuantas horas selva a través desde aquí. Como no tenemos ninguna pista, y ni siquiera sabemos qué leches estaban haciendo aquí, vamos a empezar a la vieja usanza, buscando y descartando," dijo, marcando varias cruces en localizaciones precisas del rudimentario mapa que había dibujado, y varias rutas que convergían en el que debía de ser su propio campamento. Dibujó una N, indicando el norte. Contempló su propio dibujo por unos segundos. "Si esa división científica tenía más de medio cerebro, es probable que eligiesen una zona aproximadamente por aquí," añadió, dando un toque y haciendo un círculo sobre un área al oeste de su actual localización. "Acampar ahí les habría permitido guardar una distancia prudencial del volcán, al mismo tiempo que habrían mantenido más o menos vigilada la costa, y con acceso sencillo a un río. En esta zona, la vida salvaje parece algo más calmada, además, por lo que no habría sido una mala opción," concluyó. "En marcha."

Ajustándose la visera de la gorra sobre la cabeza, y asegurándose de que los demás fuesen tras él, Stroud inició la marcha hacia el oeste a través de la jungla. Era consciente de que había posibilidades de que aquello se alargase más de la cuenta, probablemente necesitando dar unas cuantas vueltas antes de dar con ninguna pista, pero había que empezar por alguna parte. Y las zonas habitables que había encontrado durante sus jornadas de exploración de la isla eran la opción más evidente. Ya descartarían lo que tuviesen que descartar. En el silencio de la selva, hizo una señal con las manos, indicando la formación que seguirían: la habitual en áreas como esta. Él encabezaría el grupo; a su derecha, Moja, y a su izquierda, Kibai, ambos a una distancia prudencial, pero suficiente como para poder comunicarse con facilidad y reaccionar con presteza en caso de peligro. En la retaguardia, Bertram, aventajado en el combate a distancia y con los instintos afilados de un cazador, capaz de advertir de cualquier peligro que pudiese acechar. Caminarían hacia el oeste, selva a través, hasta dar con un pequeño lago en mitad de la jungla, momento en que virarían ligerísimamente hacia el noroeste. Desde allí, llegar a la zona de claros solo les llevaría un par de horas. Con un poco de suerte, habrían peinado la zona para antes del atardecer. Si no encontraban nada allí, acamparían y continuarían con su búsqueda mañana. Un plan sólido.

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RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - por Stroud Nanashi - 30-01-2026, 11:30 AM

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