30-01-2026, 06:59 PM
Creo que lo encontré…
Bueno… En realidad, no es de extrañar en absoluto que así fuera. Si van a ponerse a analizar la situación, los Bucaneer no son precisamente difíciles de distinguir, no cuando tiene el uniforme de la marina puesto y mide unos tres metros de altura, a ojo de quien sabe medir por causa de su profesión. Es complejo para alguien como Choi socializar de lleno con las nuevas personas a su alrededor, pero no puede negarlo: le gusta conocer gente dentro de su propia facción.
Es verdad, de igual modo, que hay todo tipo de miradas en el ambiente en dirección a los que, como ellos, ostentan con aparente orgullo la imagen de la marina y todo lo que ello implica: desde admiración por el buen orden y la vocación a servir al bien común, hasta la de recelo, desconfianza e incluso odio, por haber sido afectados por la cara oscura de la organización. Y no lo puede negar. Claro que no. Pero ella tiene también ese extraño pensamiento de que, sin importar lo que ocurra, todo tiene su lado bueno y su lado malo.
Por supuesto, hay cosas que ella jamás podría perdonar, por más buena que sea cierta gente. No importan los motivos, no cuando se es consciente de que esto podría traer malaria a otras personas.
Por eso, no tolera a los piratas bajo ningún concepto. Así como tampoco detesta la esclavitud, la apropiación, la usura o la infidelidad. Son cosas que para ella rozan lo imperdonable. El peso de la moralidad le hace caer en la cuenta de que sus valores se han construido bajo la base que le ha sido enseñada desde que encerró a sus padres.
—Usted debe ser el señor Rifenhardt, ¿verdad?
Probablemente, no vuelva a pronunciar bien su apellido en mucho tiempo, aunque su memoria sea de lo más prodigiosa.
No sabe si está haciendo bien o no en presentarse de ese modo, pero lo que sí puede decir es una cosa: el desgraciado sí es alto. Muy alto. Demasiado alto. Levantar la cabeza para poder mirarlo al rostro es un poco incómodo, sí, pero sabe que tiene que acostumbrarse a ese tipo de cosas cuando se trata con personas de esa estirpe.
—Hmmm... Lamento interrumpir su comida —Levanta una mano hacia arriba, en caso de que él no la vea… aunque no cree que haga una verdadera diferencia al respecto de otras cosas—. Se me había notificado que vendrían compañeros a la isla y que usted sería uno de ellos. Mi nombre es Hae-won —Sonríe y realiza una ligera reverencia respetuosa—. Choi, Hae-won. Es un placer poder conocerle.
Es bueno ver a compañeros de aspecto fuerte entre sus filas. Por supuesto, ha visto y conocido cada cosa rara dentro del cuerpo de marines, que esto puede llegar a ser lo más normal que ha visto en mucho tiempo.
—No es necesario que se detenga de su actividad. Quería hablar con usted para poder mostrarle los puntos de encuentro que patrullaremos por los próximos días, aunque seguramente le lleguen las asignaciones oficiales en breves a través de una misiva. No sabemos cuánto tiempo podremos quedarnos en la isla, pero sería interesante recorrer las inmediaciones para futuras operaciones.
Y, de paso, estar más al tanto de lo que puede ofrecer este sitio e investigar el modo de vida de sus habitantes, para futuras confrontaciones en caso de ser necesarias.
Bueno… En realidad, no es de extrañar en absoluto que así fuera. Si van a ponerse a analizar la situación, los Bucaneer no son precisamente difíciles de distinguir, no cuando tiene el uniforme de la marina puesto y mide unos tres metros de altura, a ojo de quien sabe medir por causa de su profesión. Es complejo para alguien como Choi socializar de lleno con las nuevas personas a su alrededor, pero no puede negarlo: le gusta conocer gente dentro de su propia facción.
Es verdad, de igual modo, que hay todo tipo de miradas en el ambiente en dirección a los que, como ellos, ostentan con aparente orgullo la imagen de la marina y todo lo que ello implica: desde admiración por el buen orden y la vocación a servir al bien común, hasta la de recelo, desconfianza e incluso odio, por haber sido afectados por la cara oscura de la organización. Y no lo puede negar. Claro que no. Pero ella tiene también ese extraño pensamiento de que, sin importar lo que ocurra, todo tiene su lado bueno y su lado malo.
Por supuesto, hay cosas que ella jamás podría perdonar, por más buena que sea cierta gente. No importan los motivos, no cuando se es consciente de que esto podría traer malaria a otras personas.
Por eso, no tolera a los piratas bajo ningún concepto. Así como tampoco detesta la esclavitud, la apropiación, la usura o la infidelidad. Son cosas que para ella rozan lo imperdonable. El peso de la moralidad le hace caer en la cuenta de que sus valores se han construido bajo la base que le ha sido enseñada desde que encerró a sus padres.
—Usted debe ser el señor Rifenhardt, ¿verdad?
Probablemente, no vuelva a pronunciar bien su apellido en mucho tiempo, aunque su memoria sea de lo más prodigiosa.
No sabe si está haciendo bien o no en presentarse de ese modo, pero lo que sí puede decir es una cosa: el desgraciado sí es alto. Muy alto. Demasiado alto. Levantar la cabeza para poder mirarlo al rostro es un poco incómodo, sí, pero sabe que tiene que acostumbrarse a ese tipo de cosas cuando se trata con personas de esa estirpe.
—Hmmm... Lamento interrumpir su comida —Levanta una mano hacia arriba, en caso de que él no la vea… aunque no cree que haga una verdadera diferencia al respecto de otras cosas—. Se me había notificado que vendrían compañeros a la isla y que usted sería uno de ellos. Mi nombre es Hae-won —Sonríe y realiza una ligera reverencia respetuosa—. Choi, Hae-won. Es un placer poder conocerle.
Es bueno ver a compañeros de aspecto fuerte entre sus filas. Por supuesto, ha visto y conocido cada cosa rara dentro del cuerpo de marines, que esto puede llegar a ser lo más normal que ha visto en mucho tiempo.
—No es necesario que se detenga de su actividad. Quería hablar con usted para poder mostrarle los puntos de encuentro que patrullaremos por los próximos días, aunque seguramente le lleguen las asignaciones oficiales en breves a través de una misiva. No sabemos cuánto tiempo podremos quedarnos en la isla, pero sería interesante recorrer las inmediaciones para futuras operaciones.
Y, de paso, estar más al tanto de lo que puede ofrecer este sitio e investigar el modo de vida de sus habitantes, para futuras confrontaciones en caso de ser necesarias.
