30-01-2026, 10:44 PM
La brisa invernal se mantuvo presente y refrescante para quienes hubieran estado correteando o moviéndose suficiente en Samba para entrar en calor aquel viento era una bendición que ayudaba mermar la pegajosa sensación de humedad tropical -Me alegra mucho que decidiera aceptar mi humilde invitación señorita Miyori- dijo volviendo a hacer otro pequeño gesto para demostrar su respeto a la artista callejera -Hay uno de estos establecimientos donde he querido comer desde que vi que tenían pastel de zanahoria- explicó mientras empezaba a andar.
La joven de ojos rojos empezó a caminar a una de las calles que rodeaban la plaza y estaban llenos de establecimientos, a uno de los que locales pequeños con una fachada de madera y sin segunda planta, un edificio humilde pero que orgullosamente permanecía de pie a pesar de la competencia que le rodeaba por todos los frentes, una demostración de su calidad o de sus precios accesibles tal vez, quizás de ambas cosas.
-Pues para ser una aprendiz su música me resulta bastante agradable.- reitero la mujer con felpudas orejas de conejo -El local se llama "El café de Hugh" parece que tiene algo de historia pero el dueño del local la mitad del tiempo está muy ocupado para contar mucho al respecto.- agregó mientras entraba al nombrado establecimiento de forma sonriente y relajada, algunas miradas se posaron en la extraña mujer conejo mientras que otras se dirigieron a la peli-naranja algunas miradas con curiosidad y otras con indiferencia, pero la mayoría de los consumidores seguían en sus asuntos.
Con el establecimiento a más de la mitad de su capacidad tomaba un momento encontrar o seleccionar una buena mesa donde sentarse, pero finalmente Hiiragi opto por una que estaba cerca de una columna y no tenía tan buena vista del exterior pero si permitía observar el movimiento que había en la cafetería.
La humink se tomó un momento para hacer el gesto y ayudar a su acompañante a sentarse como haría cualquier caballero que la invitase, por más de que ella no fuese un caballero la coneja entendía que la dama de orbes turquesa merecía al menos ser tratada con dicha delicadeza, en opinión de Hiiragi -Te recomiendo ir pensando que vas a pedir porque pasará a tomar el pedido dentro de un rato y no volverá durante otro buen rato sin importarle que hayas pedido algo o no, las desventajas de que solo el dueño y un empleado entiendan un local con esta concurrencia- explicó de forma lectiva mientras sonreía.
Era fácil notar que a pesar de querer agasajar a la artista Hiiragi había perdido un poco de su atención para dedicarla a mirar cómo se movía el local y cotillear que clases de personas concurrían a ese lugar, ahora que tenía la oportunidad de verlo como una cliente en persona, pero rápidamente regresó su atención a la artista.
-Dime ¿Que te ha traído a hermosa isla de Samba? Si es que no eres local claro.- preguntaba pues aún no sabía distinguir demasiado bien a los locales y sus atuendos o costumbres por fuera de la cultura que compartían los trabajadores del campo de cañas -Yo por mi parte he tenido la suerte de llegar aquí tras un incidente con mi anterior grupo de viaje, así que digamos que estoy haciendo borrón y cuenta nueva tanto en mi carrera profesional como vida cotidiana.- dijo antes de soltar una risita genuinamente alegre por su propia situación y la libertad que podía disfrutar.
La joven de ojos rojos empezó a caminar a una de las calles que rodeaban la plaza y estaban llenos de establecimientos, a uno de los que locales pequeños con una fachada de madera y sin segunda planta, un edificio humilde pero que orgullosamente permanecía de pie a pesar de la competencia que le rodeaba por todos los frentes, una demostración de su calidad o de sus precios accesibles tal vez, quizás de ambas cosas.
-Pues para ser una aprendiz su música me resulta bastante agradable.- reitero la mujer con felpudas orejas de conejo -El local se llama "El café de Hugh" parece que tiene algo de historia pero el dueño del local la mitad del tiempo está muy ocupado para contar mucho al respecto.- agregó mientras entraba al nombrado establecimiento de forma sonriente y relajada, algunas miradas se posaron en la extraña mujer conejo mientras que otras se dirigieron a la peli-naranja algunas miradas con curiosidad y otras con indiferencia, pero la mayoría de los consumidores seguían en sus asuntos.
Con el establecimiento a más de la mitad de su capacidad tomaba un momento encontrar o seleccionar una buena mesa donde sentarse, pero finalmente Hiiragi opto por una que estaba cerca de una columna y no tenía tan buena vista del exterior pero si permitía observar el movimiento que había en la cafetería.
La humink se tomó un momento para hacer el gesto y ayudar a su acompañante a sentarse como haría cualquier caballero que la invitase, por más de que ella no fuese un caballero la coneja entendía que la dama de orbes turquesa merecía al menos ser tratada con dicha delicadeza, en opinión de Hiiragi -Te recomiendo ir pensando que vas a pedir porque pasará a tomar el pedido dentro de un rato y no volverá durante otro buen rato sin importarle que hayas pedido algo o no, las desventajas de que solo el dueño y un empleado entiendan un local con esta concurrencia- explicó de forma lectiva mientras sonreía.
Era fácil notar que a pesar de querer agasajar a la artista Hiiragi había perdido un poco de su atención para dedicarla a mirar cómo se movía el local y cotillear que clases de personas concurrían a ese lugar, ahora que tenía la oportunidad de verlo como una cliente en persona, pero rápidamente regresó su atención a la artista.
-Dime ¿Que te ha traído a hermosa isla de Samba? Si es que no eres local claro.- preguntaba pues aún no sabía distinguir demasiado bien a los locales y sus atuendos o costumbres por fuera de la cultura que compartían los trabajadores del campo de cañas -Yo por mi parte he tenido la suerte de llegar aquí tras un incidente con mi anterior grupo de viaje, así que digamos que estoy haciendo borrón y cuenta nueva tanto en mi carrera profesional como vida cotidiana.- dijo antes de soltar una risita genuinamente alegre por su propia situación y la libertad que podía disfrutar.
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