31-01-2026, 08:15 PM
Moja se encontraba inmerso en sus quehaceres diarios dentro del campamento, cumpliendo con la disciplina que siempre lo había caracterizado. Entre sus tareas estaba la revisión minuciosa de sus guantes de combate, asegurándose de que no presentaran grietas ni desgastes, así como el recuento del material médico: botiquines y herramientas básicas. Todo debía estar en orden. No solo era un marine de campo, sino que recientemente había asumido un nuevo oficio, el de médico, una responsabilidad que se tomaba con absoluta seriedad.
Mientras trabajaba, también se detuvo a acicalar los nuevos galones de su uniforme. Hacía apenas unas semanas había recibido la llamada oficial anunciando su ascenso a Sargento. Aquel rango no era solo un título, para Moja simbolizaba estar un paso más cerca de construir una justicia más firme y real para el mundo. Era la prueba de que sus sacrificios, su disciplina y su lealtad no habían pasado desapercibidos.
Tras terminar sus preparativos, Moja salió al claro central del campamento para iniciar su ronda habitual. Todo parecía transcurrir con normalidad… hasta que un silencio extraño se apoderó del lugar. En ese instante, el Den Den Mushi oficial del comandante Stroud comenzó a sonar, rompiendo la calma.
La llamada no tardó en revelar su gravedad.
Se les asignaba una misión de extrema urgencia, localizar el campamento de la División 86, una unidad con la que se había perdido toda comunicación hacía ya cinco meses. Además de informar sobre lo ocurrido al llegar, debían encontrar el tesoro natural que aquella división estaba investigando y escoltarlo de vuelta a una base de la Marina.
Nada más finalizar la comunicación, el comandante Stroud dio la orden de ponerse en marcha de inmediato. Explicó que conocía una posible zona donde la división podría haber acampado en un primer momento, mientras que el Contramaestre Bertram aportó una segunda ubicación alternativa.
Moja no perdió un segundo. Corrió hacia su tienda, se colocó con firmeza los guantes de combate y se colgó la mochila repleta de botiquines y material médico. Aquella misión podía requerir algo más que fuerza bruta.
-Iré por arriba, observaré desde lo alto- indicó a sus compañeros con tono calmado pero decidido.
Alzó los brazos y creó dos flechas vectoriales, posicionándolas con precisión. Con movimientos ágiles, comenzó a utilizarlas como puntos de impulso, saltando de una a otra y desplazándose entre las copas de los árboles con rapidez y silencio, convirtiéndose en una sombra que avanzaba por encima del campamento.
Mientras trabajaba, también se detuvo a acicalar los nuevos galones de su uniforme. Hacía apenas unas semanas había recibido la llamada oficial anunciando su ascenso a Sargento. Aquel rango no era solo un título, para Moja simbolizaba estar un paso más cerca de construir una justicia más firme y real para el mundo. Era la prueba de que sus sacrificios, su disciplina y su lealtad no habían pasado desapercibidos.
Tras terminar sus preparativos, Moja salió al claro central del campamento para iniciar su ronda habitual. Todo parecía transcurrir con normalidad… hasta que un silencio extraño se apoderó del lugar. En ese instante, el Den Den Mushi oficial del comandante Stroud comenzó a sonar, rompiendo la calma.
La llamada no tardó en revelar su gravedad.
Se les asignaba una misión de extrema urgencia, localizar el campamento de la División 86, una unidad con la que se había perdido toda comunicación hacía ya cinco meses. Además de informar sobre lo ocurrido al llegar, debían encontrar el tesoro natural que aquella división estaba investigando y escoltarlo de vuelta a una base de la Marina.
Nada más finalizar la comunicación, el comandante Stroud dio la orden de ponerse en marcha de inmediato. Explicó que conocía una posible zona donde la división podría haber acampado en un primer momento, mientras que el Contramaestre Bertram aportó una segunda ubicación alternativa.
Moja no perdió un segundo. Corrió hacia su tienda, se colocó con firmeza los guantes de combate y se colgó la mochila repleta de botiquines y material médico. Aquella misión podía requerir algo más que fuerza bruta.
-Iré por arriba, observaré desde lo alto- indicó a sus compañeros con tono calmado pero decidido.
Alzó los brazos y creó dos flechas vectoriales, posicionándolas con precisión. Con movimientos ágiles, comenzó a utilizarlas como puntos de impulso, saltando de una a otra y desplazándose entre las copas de los árboles con rapidez y silencio, convirtiéndose en una sombra que avanzaba por encima del campamento.
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