31-01-2026, 08:27 PM
“Me alegra mucho que decidiera aceptar mi humilde invitación señorita Miyori” Expresó la hermosa doncella de apariencia nívea y orejas de conejo, mientras caminábamos en dirección del establecimiento que ella recomendaba para sostener una buena conversación entre chicas. “Hay uno de estos establecimientos donde he querido comer desde que vi que tenían pastel de zanahoria” Agregó, a decir verdad hacía tiempo que no probaba una buena rebanada de pastel de zanahoria, si, esa seria una buena elección de merienda para el día de hoy. - Pues vamos, parece delicioso. - Respondí con una sonrisa amable, dejando que la emoción se mezclara en el timbre de mi voz.
Nos adentramos en las calles que rodeaban la plaza de Samba. Explorar los distintos establecimientos no era una tarea complicada; simplemente pasamos de uno a otro, en busca de la cafetería que prometía ser la mejor elección para sentarnos a platicar, no apartaba mi mirada del camino y evitaba tocar a las personas cuando transitamos entre ellas, de vez en cuando miraba a Hiiragi para no perder el rastro, pero tambien podia notar las miradas curiosas de las personas al vernos pasar entre ellas, más bien, dirigidas hacia las orejas de la hermosa doncella albina - *¿Cómo se sentirán?* - Pensé al menos un instante pero al segundo siguiente rechacé por completo aquella idea, negando suavemente con la cabeza en silenciosa desaprobación. - *Debo respetarla, no debo ser imprudente.*
Un hermoso establecimiento antiguo permanecía humilde a la luz del día, su fachada parecía ser meramente de madera y no contaba con segunda planta como la mayoría de los demás establecimiento. “Pues para ser una aprendiz su música me resulta bastante agradable” comentó ella, y eso logró robarme una sonrisa de agradecimiento mientras estaba atenta a lo que me decía. “El local se llama "El café de Hugh" parece que tiene algo de historia pero el dueño del local la mitad del tiempo está muy ocupado para contar mucho al respecto” - Bueno, una buena historia es bien contada a su tiempo, supongo, quizás podamos tener suerte hoy de escucharla. - Respondí mientras ambas entrábamos al establecimiento compartiendo en cómplices alguna que otra sonrisas e ideas. Y claro, nuestra mera presencia resultaba peculiar para algunos comensales, otros únicamente estaban demasiado absorto en sus platicas como para prestarnos atención.
Aunque el establecimiento fuese pequeño era muy solicitados sus servicios, nos tomó unos minutos encontrar un buen lugar donde sentarnos, pero Hiiragi fue más rápida que yo y ya estaba tomando la mesa que estaba posicionada cerca de una columna, y mi sonrisa se amplió como si la chica coneja hubiese encontrado un gran tesoro. Al acercarme ella me ayudó a acomodar bien mi silla como si de un caballero se tratase pero la verdad era cuestión de modales, yo haría lo mismo por ella. - Muchas gracias Señorita Hiiragi. - Dije mientras me sentaba cómoda sobre la silla, y aprovechaba a dejar mi violín a un costado de las patillas de la silla. “Te recomiendo ir pensando que vas a pedir porque pasará a tomar el pedido dentro de un rato y no volverá durante otro buen rato sin importarle que hayas pedido algo o no, las desventajas de que solo el dueño y un empleado entienda un local con esta concurrencia” Explicó, y asentí con la cabeza entendiendo su recomendación, por lo que miré rápido la carta del local.
“Dime ¿Que te ha traído a la hermosa isla de Samba? Si es que no eres local claro.” Preguntó, lo que hizo que apartara mi atención del menú, aunque ya sabía que iba a pedir. “Yo por mi parte he tenido la suerte de llegar aquí tras un incidente con mi anterior grupo de viaje, así que digamos que estoy haciendo borrón y cuenta nueva tanto en mi carrera profesional como vida cotidiana.” - Lamento saber que hayas tenido complicaciones con tu antiguo grupo de viaje…. - Dije con empatía mientras comprendía esperando que no hubiera tenido ninguna otra complicación posterior a ello.
-Bueno…- Expresé suave mientras dejaba la carta del menú sobre la mesa y juntaba mis manos por encima de la mesa, observando los ojos carmesí de mi acompañante. - No soy de Samba, al contrario vengo de Baquella, de un pueblo llamado Baterilla…- Dije mientras mi mirada bajaba y recordaba mi pueblo natal con una sonrisa amena…- Mi familia se dedica a dos oficios, a la pescadería y a la carpinteria, mis hermanos y mi padre son hombres muy diligentes en el oficio jejeje - Dije con amor, recordando a esos hombres que tanto adoro. - Pero digamos que mi fascinación ha sido otra… - Subí la mirada para ver de nuevo a la señorita de aspecto de conejo - Me encanta la música, y es por eso que decidí aventurarme al mundo y conocer más de lo que he aprendido en mi pueblo, hasta el momento ha sido una excelente experiencia. - Sonreí feliz de mi decisión y de mis sueños. - Seguramente mi familia está preocupada desde que me fui, pero estoy segura que al volver a ellos, y descubran en mí una persona aún más talentosa, entenderán que encontré mi propósito en esta vida.
-He conocido muchas personas en Samba, sin duda inolvidables… - Dije mientras pensaba en aquel chico peli negro que conocí no hace mucho en el ultimo festival en la plaza. - Y hoy tengo la fortuna de conocerte a ti Hiiragi. - Recalqué sonriente mientras alzaba la mano en cuanto noté que el mesero nos dedicó una mirada notando que eramos clientes recién llegadas.
-¿Que hay de ti?, mencionaste que antes estabas en grupo de viaje del cuál tuviste complicaciones y comenzar de nuevo, supongo que también eres extranjera como yo, jeje.
Nos adentramos en las calles que rodeaban la plaza de Samba. Explorar los distintos establecimientos no era una tarea complicada; simplemente pasamos de uno a otro, en busca de la cafetería que prometía ser la mejor elección para sentarnos a platicar, no apartaba mi mirada del camino y evitaba tocar a las personas cuando transitamos entre ellas, de vez en cuando miraba a Hiiragi para no perder el rastro, pero tambien podia notar las miradas curiosas de las personas al vernos pasar entre ellas, más bien, dirigidas hacia las orejas de la hermosa doncella albina - *¿Cómo se sentirán?* - Pensé al menos un instante pero al segundo siguiente rechacé por completo aquella idea, negando suavemente con la cabeza en silenciosa desaprobación. - *Debo respetarla, no debo ser imprudente.*
Un hermoso establecimiento antiguo permanecía humilde a la luz del día, su fachada parecía ser meramente de madera y no contaba con segunda planta como la mayoría de los demás establecimiento. “Pues para ser una aprendiz su música me resulta bastante agradable” comentó ella, y eso logró robarme una sonrisa de agradecimiento mientras estaba atenta a lo que me decía. “El local se llama "El café de Hugh" parece que tiene algo de historia pero el dueño del local la mitad del tiempo está muy ocupado para contar mucho al respecto” - Bueno, una buena historia es bien contada a su tiempo, supongo, quizás podamos tener suerte hoy de escucharla. - Respondí mientras ambas entrábamos al establecimiento compartiendo en cómplices alguna que otra sonrisas e ideas. Y claro, nuestra mera presencia resultaba peculiar para algunos comensales, otros únicamente estaban demasiado absorto en sus platicas como para prestarnos atención.
Aunque el establecimiento fuese pequeño era muy solicitados sus servicios, nos tomó unos minutos encontrar un buen lugar donde sentarnos, pero Hiiragi fue más rápida que yo y ya estaba tomando la mesa que estaba posicionada cerca de una columna, y mi sonrisa se amplió como si la chica coneja hubiese encontrado un gran tesoro. Al acercarme ella me ayudó a acomodar bien mi silla como si de un caballero se tratase pero la verdad era cuestión de modales, yo haría lo mismo por ella. - Muchas gracias Señorita Hiiragi. - Dije mientras me sentaba cómoda sobre la silla, y aprovechaba a dejar mi violín a un costado de las patillas de la silla. “Te recomiendo ir pensando que vas a pedir porque pasará a tomar el pedido dentro de un rato y no volverá durante otro buen rato sin importarle que hayas pedido algo o no, las desventajas de que solo el dueño y un empleado entienda un local con esta concurrencia” Explicó, y asentí con la cabeza entendiendo su recomendación, por lo que miré rápido la carta del local.
“Dime ¿Que te ha traído a la hermosa isla de Samba? Si es que no eres local claro.” Preguntó, lo que hizo que apartara mi atención del menú, aunque ya sabía que iba a pedir. “Yo por mi parte he tenido la suerte de llegar aquí tras un incidente con mi anterior grupo de viaje, así que digamos que estoy haciendo borrón y cuenta nueva tanto en mi carrera profesional como vida cotidiana.” - Lamento saber que hayas tenido complicaciones con tu antiguo grupo de viaje…. - Dije con empatía mientras comprendía esperando que no hubiera tenido ninguna otra complicación posterior a ello.
-Bueno…- Expresé suave mientras dejaba la carta del menú sobre la mesa y juntaba mis manos por encima de la mesa, observando los ojos carmesí de mi acompañante. - No soy de Samba, al contrario vengo de Baquella, de un pueblo llamado Baterilla…- Dije mientras mi mirada bajaba y recordaba mi pueblo natal con una sonrisa amena…- Mi familia se dedica a dos oficios, a la pescadería y a la carpinteria, mis hermanos y mi padre son hombres muy diligentes en el oficio jejeje - Dije con amor, recordando a esos hombres que tanto adoro. - Pero digamos que mi fascinación ha sido otra… - Subí la mirada para ver de nuevo a la señorita de aspecto de conejo - Me encanta la música, y es por eso que decidí aventurarme al mundo y conocer más de lo que he aprendido en mi pueblo, hasta el momento ha sido una excelente experiencia. - Sonreí feliz de mi decisión y de mis sueños. - Seguramente mi familia está preocupada desde que me fui, pero estoy segura que al volver a ellos, y descubran en mí una persona aún más talentosa, entenderán que encontré mi propósito en esta vida.
-He conocido muchas personas en Samba, sin duda inolvidables… - Dije mientras pensaba en aquel chico peli negro que conocí no hace mucho en el ultimo festival en la plaza. - Y hoy tengo la fortuna de conocerte a ti Hiiragi. - Recalqué sonriente mientras alzaba la mano en cuanto noté que el mesero nos dedicó una mirada notando que eramos clientes recién llegadas.
-¿Que hay de ti?, mencionaste que antes estabas en grupo de viaje del cuál tuviste complicaciones y comenzar de nuevo, supongo que también eres extranjera como yo, jeje.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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