02-02-2026, 01:05 AM
Algunos momentos son demasiado especiales como para pasar desapercibidos en las memorias de uno, el motivo puede adjudicarse a muchas situaciones, sin embargo, en el caso de Hasegawa todo iba encaminado a un punto emocional bastante fuerte, las personas.
Ahora conocía su nombre, y podía titular la escena vivida junto a ella incluso aunque hasta ese momento había sido breve. Las promesas de una continuación flotaban en el aire, lo cual brindaba esperanzas de poder continuar a su lado, observándola desde todas las perspectivas que eventualmente decidiera mostrarle.
'Ashera', un nombre tan único como su sola presencia. Hasta ese entonces no había conocido a nadie de su índole, y no dudaba de que incluso entre gente de esa misma raza ella seguiría siendo igual de invaluable, como las mejores joyas de colección en posesión de todo buen vendedor, del catálogo especial que no está destinado a las manos de nadie más. Cada vaivén de su cadera, cada movimiento suave lo hipnotiza, encerrándolo aún más en esa pequeña burbuja, más apretada a medida que compartían tiempo juntos, aprisionándolos en libertad, como una paradoja difícil de explicar, o imposibles apareciendo frente a los ojos de los más escépticos. Es un magnetismo distinguible de cualquier tipo de sensación que haya experimentado antes, y si no fuese por lo dulce de las previas, habría sido incluso más directo.
—No me gusta decir obviedades, pero es un placer, Ashera. —pronuncia su nombre con lentitud, en un tono ligeramente más grave del habitual sin salir de la naturalidad que determina siempre sus acciones. Pretende llevarla al mismo punto de asombro que siente por ella, mantener vivas las pequeñas chispas que surgen entre ambos hasta eventualmente convertirlas en un incendio.
—Lo tomaré como una invitación. —contestó lleno de confianza, previo a los movimientos de la altísima mujer alrededor del tablón. La siguió en silencio y sin moverse de su lugar, los ojos azules recorriendo cada centímetro de la piel morena a medida que iba encontrando los pliegues, guardando cada joya, convirtiendo la trivialidad en arte y exponiendo la silueta que luce en su bikini cuando se agacha. Su momento favorito, si se lo preguntan. Quizás justo después de cuando tuvo su rostro lo suficientemente cerca como para sentir el aire exhalado contra su piel.
Las palabras que le siguen consiguen robarle un suspiro, pues la mezcla entre expectación y la clara invitación tan íntima llenan su pecho de calidez, un calor que viaja a los demás puntos de su cuerpo, incitándolo a desear adelantar el tiempo y al mismo segundo contenerse, la experiencia estaba siendo demasiado sensorial como para perderse un solo instante de lo que representa Ashera. El tintineo de sus joyas, el pareo acomodándose por su cuenta con cada movimiento, los pasos y las cercanías que produce con tan poco, es una explosión deliciosa de sensualidad, a la cual podía volverse absolutamente adicto.
—Acepto la invitación. —aseguró, una vez ella terminó de hablar, instantes que disfrutó como si fuese el mejor dulce que haya probado nunca, y con un gesto de su mentón la invitó a caminar. —¿Quieres que te ayude a llevar las joyas? —cuestionó, iniciando la marcha justo al lado de Ashera independientemente de la decisión que tomara.
Todas las respuestas se las guardó para tener temas de charla durante el paseo, en situaciones así había que saber jugar con los silencios, y lo mantuvo hasta que surgió la necesidad de que alguien rompa el hielo. Ocupó ese espacio, haciéndolo todo más natural —Es mi día libre, puedes secuestrarme el tiempo que consideres necesario. —una breve pausa, donde la mira de soslayo. —La idea de la brisa y escuchar sonidos distintos es tentadora, pero Ashera... debo preguntar. —vuelve a mirar al frente, atreviéndose a jugar con fuego.
—¿Es normal que lleves a desconocidos donde vives? —dejó que la cuestión se asiente y sea procesada antes de darle contexto. —No me mal interpretes, yo habría hecho lo mismo contigo, y tengo mis razones. —aseguró, los presentaría de inmediato —Tu seguridad es única, pareces tener conocimientos sobre cómo vender cualquier cosa al público, y obvio, de las joyas. Me gustan las personas inteligentes, con quienes se puede conversar sobre todo. Lo que consigues es difícil, pocos logran causar la sensación casi de inmediato de querer conocerlos más. —entonces, la mirada de reojo regresa.
—En simples palabras, quiero saber tus motivos. —a paso lento, disfrutando el paseo con un tempo tranquilo, observa los puestos donde no se había aventurado antes, dibujando una sonrisa confiada en sus labios, pues es consciente del peso de lo siguiente que va a decir. La energía sexual resultaba evidente, la sensualidad de Ashera parecía bailar con su propio instinto seductor, en una melodía que entonaban ambas voces a cada intercambio verbal compartido, ¿entonces por qué ocultarlo? Ponerle un cetro lleno de ganas y expectativas se le hacía divertido.
—Dependiendo de lo que respondas, hasta podríamos considerar eso de pasar directamente al postre más tarde. —no volteó a mirarla, mantuvo una pose firme y su andar igual de tranquilo, todo mientras su tono relajado parecía capaz de tranquilizar a cualquier persona, especialmente producido para que incluso una frase tan atrevida como aquella resonase bien.
—Por cierto, cuando veas donde quieras comprar la comida, avisa, ¿okey? —e interrumpió en el momento justo, volteando a verla directamente y sacándole la lengua, un gesto que duró poco antes de transformarse en sonrisa, rebajando la tensión de su anterior comentario. Nociones básicas en interacciones de ese tipo, Hasegawa aprendió a generar salidas sutiles a respuestas complejas, entendiendo que si se utilizaban estos últimos medios la respuesta a un avance posiblemente será "no".
Quiere conocerla mejor, desde luego. Sin embargo, eso no apaga su deseo por ella.
Karmas
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
