03-02-2026, 03:11 AM
La descomunal estampida de lagartos prehistóricos había dejado el ambiente enrarecido. El contraste entre el tremendo alboroto y el tímido silencio, no hizo sino más que tensar hasta el extremo el espíritu de nuestros protagonistas, los Piratas de la Mano Vacía. Aquel evento los había aturdido, magullado y separado, y entonces apareció esa perversa calma. Sobre todo para Han, el cual se hallaba solo, en el claro a los pies de la calavera sur de los Reyes Marinos, completamente recuperado del susto. No tardó en arrancar la marcha, siguiendo las pisadas de los triceratops en sentido opuesto. Asió su Den Den Mushi para tomar contacto con sus compañeros, cuanto menos tiempo estuvieran separados, mejor.
En el otro escenario, con Alana, Zhang y Silencio como protagonistas, el silencio había sido interrumpido por un par de actores, bastante peculiares, que estaban a punto de entrar en escena. El mink, todavía flotando a diez metros sobre el pisoteado suelo y con sus dos compañeros sobre él, se desplazó un par de metros hacia la rama más cercana antes de coger el minúsculo caracol de Alana y llamar a Lan para informarle de su situación. Tras colgar, el mismo animal comenzó a sonar, fue la pequeña tontatta la que respondió. Era Han, confirmando su posición aproximada y que se encontraba en buenas condiciones. No todo iban a ser desgracias.
Han había logrado ocultarse entre un denso arbusto y la base de un gigantesco tronco muerto, semihueco, con las raíces todavía bajo tierra. La respuesta de su compañera le había dibujado una sonrisa en el rostro. Pronto volvería a estar junto a sus compañeros, solo tenía que esperar a que ellos llegasen. El silencio solo lo rompían los secos golpes provocados por el choque contra el suelo de diversas frutas maduras cayendo desde las ramas de los árboles cercanos. Era inquietante, sobre todo después del concierto de redobles de pezuñas que habían dado aquellos reptiles apenas cinco minutos atrás. Un rumor lejano, como un tímido zumbido, cada vez más notorio pero todavia imperceptible para el monje de larga melena oscura, pretendía hacer añicos aquel silencio. No todo iba a ser tranquilidad.
Las orejas del mink asno se orientaron hacia atrás, todo lo que pudieron, al percibir las voces de Belty Gearless y Máximo Noveno Nalgarejo, quienes se acercaban con paso calmado hacia nuestros amigos piratas. Alana también los ubicó, pero por su afinado olfato. Sendos aromas eran bastante característicos y por qué no decirlo, muy llamativos. La intrínseca curiosidad de Zhang generó un giro de ciento ochenta grados en su tren superior, algo imposible para cualquiera que no posea una de esas particulares habilidades del diablo, impulsándolos, acto seguido, hacia la dirección de la que provenían las voces, generando a su alrededor una bruma gélida. No recorrieron muchos metros antes de detenerse en seco tras divisar a la pareja desconocida. Una jovencita de melena azul, ataviada con unas mallas y un corsé deportivos, contrastando con un par de tacones rojos, a juego con un lazo en el cuello del mismo color. Su compañero, un gyojin bastante alto y corpulento, de piel verde azulada y larga melena plateada recogida en una cola de caballo y vestido con una coraza muy ligera, un taparrabos con su cinturón, botas altas y unos brazaletes en los antebrazos. Definir a la pareja como peculiar era quedarse corto. Ambos cargaban unas mochilas desproporcionadamente grandes, sobre todo la de Nalgarejo, la cual casi sobresalía un par de metros sobre su espalda y un metro a cada lado de sus brazos. El tipo no hacía muy buena cara, estaba completamente empapado en sudor y parcialmente encogido. Esa parecía la razón por la cual habían aminorado el ritmo.
– Te dije que era demasiado peso, hasta para ti. Cabezota. – La muchacha parecía preocupada con un tinte de enfado. – Y yo te he dicho que el problema no es el peso. Me ha dado un calambre en estos hipnóticos abdominales de acero. – El gyojin se irguió súbitamente, tensando sus brazos para llevar sus puños sobre sus ingles y extender ambos pulgares para señalar los músculos que acababa de mencionar, además de lucir sus bíceps, tríceps, pectorales y más músculos de su tonificado cuerpo. Durante un segundo. – ¡AUCH! – Su cuerpo volvió a encogerse de inmediato, forzado por una contracción repentina de su abdomen. Un escalofrío recorrió su espinazo. Los pinchazos cada vez eran más agudos y más frecuentes. – Pues lo que digo yo, demasiado peso. Cabezota. – El gyojin negaba con la cabeza gacha y las manos cubriendo su vientre. – Uff… Qué frío de repente. – Máximo se abrazó a sí mismo, frotándose con sus brazos para generar calor. – Anoche me pase con los burpees… Pero batí mi propio record. – La cara de Máximo pasó de mostrar dolor a mostrar orgullo. – Anoche te pasaste comiendo ese apestoso pescado. Ya te dije que el refrigerador no funciona bien, no pude arreglarlo. CA BE ZO TA. – Belty negó con la cabeza. – Es esa maldita niebla, en marcha o nos enfríaremos. – De pronto, el rostro del gyojin cambió de expresión a una de alerta. Los piratas estaban a unos quince metros de ellos, a diez metros de altura, cubiertos parcialmente por las ramas de los inmensos árboles autóctonos y la bruma generada por el mink albino. El tiempo se detuvo, tanto Zhang como Alana podían sentir la tensión del momento y se preguntaban si habían sido descubiertos. Nalgarejo se quitó la pesada carga con gran agilidad antes de dar un salto a ras de suelo hacia su derecha, para ocultarse así entre la densa flora herbácea. Cinco eternos segundos después todos los presentes alcanzaron a oír una notoria ventosidad. Puede que Belty tuviera razón y ese pescado no estuviera en buenas condiciones para el consumo.
El lejano zumbido que alcanzaba a escuchar Han, cada vez era más nítido y fue llenándose de matices, tales como voces, muchas voces, sonando al unísono. El rumor fue definiéndose como un conjunto de gran cantidad de pasos acompasados, marcando un mismo ritmo equidistante y firme. Las voces parecían canturrear algo a coro, pero todavía estaban lejos, solo el extremo silencio a los alrededores del muchacho le permitía intuir que era aquello que se acercaba. Debía ser un grupo muy numeroso para poder ser escuchado desde tanta distancia.
Tras un largo e incómodo minuto, el gyojin volvió a aparecer al lado de su compañera, mucho más sudado que antes. – Aaaahg… Malditos e irresistibles burpees... Si no moldearan tan bien este cuerpazo… – Parecía realmente agotado, el malestar era evidente. – Esa diarrea si que va a moldear tu cuerpo. Cabezota. – La joven parecía molesta con la situación, negaba sin parar con la cabeza y miraba su reloj constantemente. – El idiota del Teniente nos va a joder bien si no llegamos a tiempo. Coge los trastos y andando, tenemos que estar cerca ya. – Belty sacó un pequeño mapa y oteó las cercanías después de observarlo. – ¿En qué momento me pareció buena idea ir por la ruta larga? – La muchacha suspiró profundamente frotándose los ojos con sus dedos pulgar y corazón derechos. – Porque no puedes resistirte a una sesión Max Body Building. Nada mejor para conseguir un cuerpazo como éste. – Nalgarejo se perdió recorriendo con su mirada su fornido cuerpo, besando aleatoriamente las partes a las que llegaba con los labios. – Tengo que parar a estirar Belty, en cuanto se me pase el tirón seguimos. – El gyojin se tumbó bocabajo en el suelo y alzó su tren superior hacia la postura de la cobra. El dolor hacía mella en su rostro, pero su obstinación era más fuerte, o más bien, más terca. Entre gemidos de dolor seguía estirando mientras Belty lo agarraba del tirante de su coraza, estirando con fuerza de ella, tratando de alzar a su compañero en vano. – ¡AAAAAH! ¡Ahí te quedas! Yo voy tirando, la bronca para ti. – La chica arrancó con paso firme para proseguir su ruta, y parar a los cinco metros antes de girarse hacia su compañero. – Vamos Nalgas… Te preparo una bebida de proteínas, necesitas combustible. Cabezota. – Volvió atrás sus pasos junto al gyojin, con gesto condescendiente, para prepararle una infusión, a ver si así se recomponía un poco. – ¡Eres la mejor! Aaahg… – Era fácil engañarlo con la palabra “proteínas” metida en la treta. Belty se puso a hervir agua en una taza mientras Máximo seguía estirando, tratando de descontracturar un músculo que no estaba contracturado.
En el otro escenario, con Alana, Zhang y Silencio como protagonistas, el silencio había sido interrumpido por un par de actores, bastante peculiares, que estaban a punto de entrar en escena. El mink, todavía flotando a diez metros sobre el pisoteado suelo y con sus dos compañeros sobre él, se desplazó un par de metros hacia la rama más cercana antes de coger el minúsculo caracol de Alana y llamar a Lan para informarle de su situación. Tras colgar, el mismo animal comenzó a sonar, fue la pequeña tontatta la que respondió. Era Han, confirmando su posición aproximada y que se encontraba en buenas condiciones. No todo iban a ser desgracias.
Han había logrado ocultarse entre un denso arbusto y la base de un gigantesco tronco muerto, semihueco, con las raíces todavía bajo tierra. La respuesta de su compañera le había dibujado una sonrisa en el rostro. Pronto volvería a estar junto a sus compañeros, solo tenía que esperar a que ellos llegasen. El silencio solo lo rompían los secos golpes provocados por el choque contra el suelo de diversas frutas maduras cayendo desde las ramas de los árboles cercanos. Era inquietante, sobre todo después del concierto de redobles de pezuñas que habían dado aquellos reptiles apenas cinco minutos atrás. Un rumor lejano, como un tímido zumbido, cada vez más notorio pero todavia imperceptible para el monje de larga melena oscura, pretendía hacer añicos aquel silencio. No todo iba a ser tranquilidad.
Las orejas del mink asno se orientaron hacia atrás, todo lo que pudieron, al percibir las voces de Belty Gearless y Máximo Noveno Nalgarejo, quienes se acercaban con paso calmado hacia nuestros amigos piratas. Alana también los ubicó, pero por su afinado olfato. Sendos aromas eran bastante característicos y por qué no decirlo, muy llamativos. La intrínseca curiosidad de Zhang generó un giro de ciento ochenta grados en su tren superior, algo imposible para cualquiera que no posea una de esas particulares habilidades del diablo, impulsándolos, acto seguido, hacia la dirección de la que provenían las voces, generando a su alrededor una bruma gélida. No recorrieron muchos metros antes de detenerse en seco tras divisar a la pareja desconocida. Una jovencita de melena azul, ataviada con unas mallas y un corsé deportivos, contrastando con un par de tacones rojos, a juego con un lazo en el cuello del mismo color. Su compañero, un gyojin bastante alto y corpulento, de piel verde azulada y larga melena plateada recogida en una cola de caballo y vestido con una coraza muy ligera, un taparrabos con su cinturón, botas altas y unos brazaletes en los antebrazos. Definir a la pareja como peculiar era quedarse corto. Ambos cargaban unas mochilas desproporcionadamente grandes, sobre todo la de Nalgarejo, la cual casi sobresalía un par de metros sobre su espalda y un metro a cada lado de sus brazos. El tipo no hacía muy buena cara, estaba completamente empapado en sudor y parcialmente encogido. Esa parecía la razón por la cual habían aminorado el ritmo.
– Te dije que era demasiado peso, hasta para ti. Cabezota. – La muchacha parecía preocupada con un tinte de enfado. – Y yo te he dicho que el problema no es el peso. Me ha dado un calambre en estos hipnóticos abdominales de acero. – El gyojin se irguió súbitamente, tensando sus brazos para llevar sus puños sobre sus ingles y extender ambos pulgares para señalar los músculos que acababa de mencionar, además de lucir sus bíceps, tríceps, pectorales y más músculos de su tonificado cuerpo. Durante un segundo. – ¡AUCH! – Su cuerpo volvió a encogerse de inmediato, forzado por una contracción repentina de su abdomen. Un escalofrío recorrió su espinazo. Los pinchazos cada vez eran más agudos y más frecuentes. – Pues lo que digo yo, demasiado peso. Cabezota. – El gyojin negaba con la cabeza gacha y las manos cubriendo su vientre. – Uff… Qué frío de repente. – Máximo se abrazó a sí mismo, frotándose con sus brazos para generar calor. – Anoche me pase con los burpees… Pero batí mi propio record. – La cara de Máximo pasó de mostrar dolor a mostrar orgullo. – Anoche te pasaste comiendo ese apestoso pescado. Ya te dije que el refrigerador no funciona bien, no pude arreglarlo. CA BE ZO TA. – Belty negó con la cabeza. – Es esa maldita niebla, en marcha o nos enfríaremos. – De pronto, el rostro del gyojin cambió de expresión a una de alerta. Los piratas estaban a unos quince metros de ellos, a diez metros de altura, cubiertos parcialmente por las ramas de los inmensos árboles autóctonos y la bruma generada por el mink albino. El tiempo se detuvo, tanto Zhang como Alana podían sentir la tensión del momento y se preguntaban si habían sido descubiertos. Nalgarejo se quitó la pesada carga con gran agilidad antes de dar un salto a ras de suelo hacia su derecha, para ocultarse así entre la densa flora herbácea. Cinco eternos segundos después todos los presentes alcanzaron a oír una notoria ventosidad. Puede que Belty tuviera razón y ese pescado no estuviera en buenas condiciones para el consumo.
El lejano zumbido que alcanzaba a escuchar Han, cada vez era más nítido y fue llenándose de matices, tales como voces, muchas voces, sonando al unísono. El rumor fue definiéndose como un conjunto de gran cantidad de pasos acompasados, marcando un mismo ritmo equidistante y firme. Las voces parecían canturrear algo a coro, pero todavía estaban lejos, solo el extremo silencio a los alrededores del muchacho le permitía intuir que era aquello que se acercaba. Debía ser un grupo muy numeroso para poder ser escuchado desde tanta distancia.
Tras un largo e incómodo minuto, el gyojin volvió a aparecer al lado de su compañera, mucho más sudado que antes. – Aaaahg… Malditos e irresistibles burpees... Si no moldearan tan bien este cuerpazo… – Parecía realmente agotado, el malestar era evidente. – Esa diarrea si que va a moldear tu cuerpo. Cabezota. – La joven parecía molesta con la situación, negaba sin parar con la cabeza y miraba su reloj constantemente. – El idiota del Teniente nos va a joder bien si no llegamos a tiempo. Coge los trastos y andando, tenemos que estar cerca ya. – Belty sacó un pequeño mapa y oteó las cercanías después de observarlo. – ¿En qué momento me pareció buena idea ir por la ruta larga? – La muchacha suspiró profundamente frotándose los ojos con sus dedos pulgar y corazón derechos. – Porque no puedes resistirte a una sesión Max Body Building. Nada mejor para conseguir un cuerpazo como éste. – Nalgarejo se perdió recorriendo con su mirada su fornido cuerpo, besando aleatoriamente las partes a las que llegaba con los labios. – Tengo que parar a estirar Belty, en cuanto se me pase el tirón seguimos. – El gyojin se tumbó bocabajo en el suelo y alzó su tren superior hacia la postura de la cobra. El dolor hacía mella en su rostro, pero su obstinación era más fuerte, o más bien, más terca. Entre gemidos de dolor seguía estirando mientras Belty lo agarraba del tirante de su coraza, estirando con fuerza de ella, tratando de alzar a su compañero en vano. – ¡AAAAAH! ¡Ahí te quedas! Yo voy tirando, la bronca para ti. – La chica arrancó con paso firme para proseguir su ruta, y parar a los cinco metros antes de girarse hacia su compañero. – Vamos Nalgas… Te preparo una bebida de proteínas, necesitas combustible. Cabezota. – Volvió atrás sus pasos junto al gyojin, con gesto condescendiente, para prepararle una infusión, a ver si así se recomponía un poco. – ¡Eres la mejor! Aaahg… – Era fácil engañarlo con la palabra “proteínas” metida en la treta. Belty se puso a hervir agua en una taza mientras Máximo seguía estirando, tratando de descontracturar un músculo que no estaba contracturado.
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