03-02-2026, 11:34 PM
El cuerpo inerte de Ri Desutoro no guardaba ningún secreto que Berry no hubiera visto en vida. Una pistola yacía a dos metros de él. A pesar de sus adornos, el arma no tenía nada de especial y parecía más bien un arma de poca calidad en comparación con otras. El sujeto tenía unas cuantas cajas de munición. Cuatro balas lumínicas en una, cinco explosivas en otra y diez balas de aspecto normal en la última. Un par de cuchillos descansaban en sus fundas en sendos bolsillos de la ensangrentada chaqueta. Tampoco relucían demasiado a la luz del almacén y parecían de tan poca calidad como la pistola misma. En definitiva, Berry no encontró nada sorprendente en el cadáver de aquel sujeto.
El tono distendido que adoptó con el asustadizo joven pareció calmar los ánimos. El miedo se replegaba poco a poco, dejando paso a la tímida seguridad de una persona a la que se le acaba de dar una segunda oportunidad. Sin darse un respiro, el muchacho empezó a desatar a la persona más cercana a él y ésta le ayudó a desatar al resto. Se formó una cadena de empleados caritativos que procedió a liberar a todos los rehenes presentes en aquel área. Ninguno pelearía. Berry lo sabía y, de hecho, era mejor así. Ninguno tenía el poder para aguantar siquiera un puñetazo de la zorra. ¿Quién sabe qué enemigos la esperaban escaleras arriba? Pronto lo averiguaría.
La valiente guerrera empezó a correr hacia la puerta al fondo del almacén. No tardó nada en cruzar el espacio que la separaba de la misma y, al abrirla, le golpeó el intenso olor del salitre propio del océano. Se encontraba en una especie de habitación intermedia. Las escaleras estaban ahí, a mano izquierda y llevaban en efecto arriba. Delante de ella otra puerta igual a la que acababa de cruzar. Estaba abierta de par en par y al fondo había un navío bastante bonito. No era demasiado grande, quizás para una decena de personas, pero tenía un elegante acabado de pintura negra y dorada que lo hacía destacar frente a los barcos corrientes. Aquel debía de ser el barco que los malhechores encargaron para su triunfar huida de Water Seven. Sin embargo, su avaricia pronto les costaría más que ese barco... O quizás no.
Berry subió las escaleras a toda velocidad. El segundo piso consistía en dos habitaciones diferentes. Una de ellas tenía la puerta cerrada. La puerta era de madera de color oscuro, bastante elegante y muy bien barnizada. La otra habitación no tenía puerta y una cristalera permitía ver qué había en su interior sin intervención alguna. Era una especie de oficina llena de papeles y con un den den mushi estacionario, un caracol grande. No había secretaria ni secretario en su interior, quizás porque no hacía falta su presencia en la empresa a estas horas. Teniendo en cuenta que el trámite del barco parecía ilegal, no sería raro que ni siquiera se molestasen en llamar a la persona encargada de esa oficina.
La puerta cerrada prometía bastante más que aquella desordenada habitación. A través de su madera, gracias a la percepción extrasensorial de la guerrera, cuatro puntos de luz brillaron en la oscuridad de su interior. Sus posturas y posiciones eran difusas, ya que Berry no había llegado al nivel adecuado de haki de observación como para entender qué es lo que estaba ocurriendo ahí dentro. Sin embargo sí que podía sentir las fuerzas en cada uno de los espíritus. Había un aura brillante de color verde oscuro que tenía la misma intensidad que el aura de Berry, de modo que debían estar parejos en poder. A su lado, un aura marrón clarito brillaba con bastante menos intensidad, similar a la de los trabajadores de la oficina. Apartados del dúo, a unos cinco metros a la derecha de la puerta de madera, dos auras más. Una de ellas de color azul claro, casi gris pálido. Su brillo era muy tenue, como si casi no le quedasen fuerzas. A su lado había un aura de color azul marino, casi negro. Al contrario que las otras tres, el aura de este individuo era excepcionalmente poderosa, bastante más fuerte que Berry. ¿Quién sería esa persona? ¿Sería prudente siquiera tirar la puerta abajo y enfrentarse a todos ellos a ciegas?
El tono distendido que adoptó con el asustadizo joven pareció calmar los ánimos. El miedo se replegaba poco a poco, dejando paso a la tímida seguridad de una persona a la que se le acaba de dar una segunda oportunidad. Sin darse un respiro, el muchacho empezó a desatar a la persona más cercana a él y ésta le ayudó a desatar al resto. Se formó una cadena de empleados caritativos que procedió a liberar a todos los rehenes presentes en aquel área. Ninguno pelearía. Berry lo sabía y, de hecho, era mejor así. Ninguno tenía el poder para aguantar siquiera un puñetazo de la zorra. ¿Quién sabe qué enemigos la esperaban escaleras arriba? Pronto lo averiguaría.
La valiente guerrera empezó a correr hacia la puerta al fondo del almacén. No tardó nada en cruzar el espacio que la separaba de la misma y, al abrirla, le golpeó el intenso olor del salitre propio del océano. Se encontraba en una especie de habitación intermedia. Las escaleras estaban ahí, a mano izquierda y llevaban en efecto arriba. Delante de ella otra puerta igual a la que acababa de cruzar. Estaba abierta de par en par y al fondo había un navío bastante bonito. No era demasiado grande, quizás para una decena de personas, pero tenía un elegante acabado de pintura negra y dorada que lo hacía destacar frente a los barcos corrientes. Aquel debía de ser el barco que los malhechores encargaron para su triunfar huida de Water Seven. Sin embargo, su avaricia pronto les costaría más que ese barco... O quizás no.
Berry subió las escaleras a toda velocidad. El segundo piso consistía en dos habitaciones diferentes. Una de ellas tenía la puerta cerrada. La puerta era de madera de color oscuro, bastante elegante y muy bien barnizada. La otra habitación no tenía puerta y una cristalera permitía ver qué había en su interior sin intervención alguna. Era una especie de oficina llena de papeles y con un den den mushi estacionario, un caracol grande. No había secretaria ni secretario en su interior, quizás porque no hacía falta su presencia en la empresa a estas horas. Teniendo en cuenta que el trámite del barco parecía ilegal, no sería raro que ni siquiera se molestasen en llamar a la persona encargada de esa oficina.
La puerta cerrada prometía bastante más que aquella desordenada habitación. A través de su madera, gracias a la percepción extrasensorial de la guerrera, cuatro puntos de luz brillaron en la oscuridad de su interior. Sus posturas y posiciones eran difusas, ya que Berry no había llegado al nivel adecuado de haki de observación como para entender qué es lo que estaba ocurriendo ahí dentro. Sin embargo sí que podía sentir las fuerzas en cada uno de los espíritus. Había un aura brillante de color verde oscuro que tenía la misma intensidad que el aura de Berry, de modo que debían estar parejos en poder. A su lado, un aura marrón clarito brillaba con bastante menos intensidad, similar a la de los trabajadores de la oficina. Apartados del dúo, a unos cinco metros a la derecha de la puerta de madera, dos auras más. Una de ellas de color azul claro, casi gris pálido. Su brillo era muy tenue, como si casi no le quedasen fuerzas. A su lado había un aura de color azul marino, casi negro. Al contrario que las otras tres, el aura de este individuo era excepcionalmente poderosa, bastante más fuerte que Berry. ¿Quién sería esa persona? ¿Sería prudente siquiera tirar la puerta abajo y enfrentarse a todos ellos a ciegas?
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