04-02-2026, 06:56 AM
(Última modificación: 04-02-2026, 06:57 AM por Hiiragi Kaminari.)
Hiiragi sonreía honestamente tras escuchar al inmenso hombre de piel oscura halagarla pues aunque no era particularmente vanidosa, sentía felicidad de saber que el esfuerzo por mantener una buena apariencia a pesar de las dificultades era algo apreciado por ojos ajenos -Conservas eh... Y además entregarlas de forma gratuita a cambio de un gesto como ofrecer palabras ciertamente es una ayuda para los necesitados... pero siento que podría hacerse mucho más con otro enfoque...- la joven comerciante comenzó a razonar cuando los gritos se hicieron presentes.
Un numeroso grupo de hombres asaltaran el lugar haciendo los que habían logrado obtener sus provisiones salieran disparados en todas direcciones para evitar ser robados mientras que el caos estallaba alrededor como las flamas en un pastizal seco -Con un demonio ¿No podían esperar a que el resto hubiera recogido su comida?- se quejó la joven mientras se lanzaba al suelo obedeciendo a Heras.
El enorme hombre de ojos café cubrió a Hiiragi con su cuerpo dándole una seguridad y resguardo que la misma no había podido sentir en años, desde su infancia que no había habido nadie que la protegiera de nada y por lo mismo el gesto se sentía extraño, el calor de Lunariano se transmitía a la Humink por el contacto y era algo que le llamo la atención a la oji rubí pues incluso estando en el suelo aquello le resultaba agradable y hubiera podido disfrutarlo de no ser por el ruido de disparos y confrontación.
El sonido de la lucha había sido amortiguado bajo la protección de Heras y sin embargo el agudo oído de Hiiragi había captado más de un desagradable crujir de huesos, último aliento o grito de dolor, recuerdos desagradables de su pasado parecían hacerse presentes mientras la mujer de pelo blanco se encogía sobre si misma temblando inmensamente no por el frío pero por el miedo y la angustia de aquellos sonidos que le recordaban al día en que perdió su libertad hace tanto tiempo.
Aquel hedor era muy desagradable, la sangre era algo que la joven humink no hubiera querido tener que oler tan pronto tras emprender sus viajes para conocer cultura local, pero la violencia y el caos del mundo no tendrían consideración por un alma como la suya. Por suerte para la mujer con rasgos de conejo Heras la traería de regreso a la realidad con su voz preguntando respecto a lo que había que hacer.
Finalmente Hiiragi acabo alzando la cabeza para contemplar adecuadamente la situación en la que estaban y su mente empezó a correr a máxima velocidad una vez más. -Hay que hacer algo...- dijo sin convencerse demasiado a sí misma mientras sentía que los latidos de su corazón se volvían cada vez más intenso ya iba al doble de lo que un corazón humano podría latir -Toda esta gente depende de ese carro...- dijo mientras intentaba levantarse para empezar a dirigirse al carro mientras una nueva emoción se encendía en su interior.
-Y quiero saber quién demonios son estos idiotas y porque causaron una masacre innecesaria.- agrego con rabia que comenzaba a nublarle la vista y el juicio, su corazón sonaba en el interior de su propio pecho a tres veces el ritmo que ningún humano hubiera podido sobrevivir, bombeando adrenalina que la impulso para abalanzarse a máxima velocidad a detener al bandido que intentaba robar el sustento de toda aquella comunidad hasta donde ella podía entender.
Un numeroso grupo de hombres asaltaran el lugar haciendo los que habían logrado obtener sus provisiones salieran disparados en todas direcciones para evitar ser robados mientras que el caos estallaba alrededor como las flamas en un pastizal seco -Con un demonio ¿No podían esperar a que el resto hubiera recogido su comida?- se quejó la joven mientras se lanzaba al suelo obedeciendo a Heras.
El enorme hombre de ojos café cubrió a Hiiragi con su cuerpo dándole una seguridad y resguardo que la misma no había podido sentir en años, desde su infancia que no había habido nadie que la protegiera de nada y por lo mismo el gesto se sentía extraño, el calor de Lunariano se transmitía a la Humink por el contacto y era algo que le llamo la atención a la oji rubí pues incluso estando en el suelo aquello le resultaba agradable y hubiera podido disfrutarlo de no ser por el ruido de disparos y confrontación.
El sonido de la lucha había sido amortiguado bajo la protección de Heras y sin embargo el agudo oído de Hiiragi había captado más de un desagradable crujir de huesos, último aliento o grito de dolor, recuerdos desagradables de su pasado parecían hacerse presentes mientras la mujer de pelo blanco se encogía sobre si misma temblando inmensamente no por el frío pero por el miedo y la angustia de aquellos sonidos que le recordaban al día en que perdió su libertad hace tanto tiempo.
Aquel hedor era muy desagradable, la sangre era algo que la joven humink no hubiera querido tener que oler tan pronto tras emprender sus viajes para conocer cultura local, pero la violencia y el caos del mundo no tendrían consideración por un alma como la suya. Por suerte para la mujer con rasgos de conejo Heras la traería de regreso a la realidad con su voz preguntando respecto a lo que había que hacer.
Finalmente Hiiragi acabo alzando la cabeza para contemplar adecuadamente la situación en la que estaban y su mente empezó a correr a máxima velocidad una vez más. -Hay que hacer algo...- dijo sin convencerse demasiado a sí misma mientras sentía que los latidos de su corazón se volvían cada vez más intenso ya iba al doble de lo que un corazón humano podría latir -Toda esta gente depende de ese carro...- dijo mientras intentaba levantarse para empezar a dirigirse al carro mientras una nueva emoción se encendía en su interior.
-Y quiero saber quién demonios son estos idiotas y porque causaron una masacre innecesaria.- agrego con rabia que comenzaba a nublarle la vista y el juicio, su corazón sonaba en el interior de su propio pecho a tres veces el ritmo que ningún humano hubiera podido sobrevivir, bombeando adrenalina que la impulso para abalanzarse a máxima velocidad a detener al bandido que intentaba robar el sustento de toda aquella comunidad hasta donde ella podía entender.
Código:
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