04-02-2026, 08:45 PM
(Última modificación: 04-02-2026, 10:17 PM por Sohem.
Razón: El código estaba mal, perdón
)
Las reacciones no se hicieron esperar. Jin por su parte parecía al menos acatar las órdenes sin problemas. Y la verdad es que nunca ponía problemas. Me había buscado a un tipo obediente y práctico, por suerte. Gwendolyn parecía sorprendida por mis afirmaciones y reconocía que no sabía jugar a las cartas, pero eso era precisamente algo beneficioso para nosotros en este momento. Su ingenuidad y su aire inocente haría que muchos cabrones y maleantes se quisieran acercar a desplumarla, y ese iba a ser precisamente su entrenamiento hoy: aprender a leer esas intenciones. Claro que para eso yo tendría que estar lo suficientemente separado como para que no la relacionasen conmigo y mi presencia no interfiriese en ello.
Jin hizo la apreciación de que cómo podía ayudarles jugar a las tragaperras en lo que quería enseñarles, y Gwendolyn dijo que suponía que habría un truco — No lo hay — dije divertido — Vais a jugar a las tragaperras para conseguir dinero — y me encogí de hombros mirándolos — A mi qué me contáis — pero el que si interfería - en todo - era Owen. Ese mocoso no se callaba ni aunque le arrancase la garganta, cosa que no descartaba.
Comenzó llamándome tío. ¿Cómo que tío?. Cuestionó mi risa, me llamó hermano, me hablo de escuchar follar, y empezó a cuestionar que le hubiera llamado Rojo haciendo un montón de preguntas sin más, sin ton ni son y al tuntún. Apelotonadas y sin orden. Entonces emití un pulso de Haoshoku mientras le agarraba de la pechera con mi mano de carne y hueso — Escucha atentamente mocoso — y acerqué su rostro a mi casco para que pudiera ver bien mis ojos detrás de mis agujeros, alzando la mano mecánica Emperor en paralelo con el puño cerrado, que emitió una pequeña polución de vapor . Alcé un dedo, el índice — A mi me llamas Sohem, o señor, o jefe, pero nada de tío — alcé el segundo dedo, el corazón — Yo no digo nada cuando me río, me río y ya, y mi risa es perfectamente normal — alcé el tercer dedo, el anular — No soy tu hermano, ni tu tío, ni tu prima, ni tu abuela — alcé el cuarto dedo, el meñique — No me importa lo que meta quien donde quiera y lo que esto suene o deje de sonar en oídos externos mientras a mi no me moleste — y extendí el pulgar terminando de abrir la mano por completo — Y te he llamado Rojo porque no me acuerdo de cómo coño te llamas ni voy a intentar nunca esforzarme por aprenderlo — entonces le solté de golpe, volviendo a cerrar la mano mecánica y a bajarla al paralelo de mi cadera — Si quieres mantener el otro brazo sano no olvides lo que te acabo de decir. Nunca — chasqueé la lengua y miré en direcciones opuestas para observar a los otros dos. Respirando profundamente. Claro que me acordaba de su nombre - por fin - pero él... él era algo especial dentro de este trío. Y le iba a tratar peor que a ninguno. Ningún arma decente se forja con caricias.
— ¿Estáis sintiendo eso? Una presión fuerte, una sensación desagradable e intimidante dentro. Como un mal augurio. Eso es Haoshoku, es la energía de los Conquistadores que sólo un reducido número de personas a lo largo del mundo porta consigo, de las cuales sólo un reducido número dentro de ellas consigue despertar, y de las cuales sólo un reducido número dentro de ellas consigue controlar — me quité el casco y me peiné el cabello hacia atrás con la mano, chasqueando la lengua otra vez, de forma visible y entrecerrando los ojos un poco fruto de la luz del sol directa — En el mundo, todos los seres vivos tenemos dentro una energía interna muy poderosa latente, y se llama Haki. El Haki se divide en tres tipos, y el Haoshoku es uno de ellos. También se le conoce como Haki del Conquistador. Lo que estáis sintiendo ahora es mi Haki del Conquistador... memorizad esa sensación — agarré mis casco con la mano de Emperor, y tras esas palabras apagué lentamente el Haoshoku hasta cancelarlo por completo — Los otros dos tipos de Haki son el Busoshoku, el Haki del Armamento, y el Kenbunshoku, el Haki de la Observación. El primero sirve para fortalecer tu cuerpo, y el segundo para que tus sentidos se conviertan en tus ojos — entonces miré a Gwendolyn en una pausa de un par de segundos — Sirve para ver sin ver — ahí dirigí mi mirada a los dos muchachos mientras tapaba un poco mi brazo ciborg cubriéndolo con la capa de plumas escondiendo asi su forma y mi yelmo de miradas indiscretas — Y eso es lo que vamos a aprender hoy aquí. Vosotros os iréis a las tragaperras a conseguir quinientos mil berries para mi y a intentar expandir vuestros sentidos para buscar la sensación que habéis tenido con mi Haoshoku antes. Tendréis que localizarme sin verme. Usad vuestros sentidos, buscad la sensación que habéis sentido. — volví a mirar a la muchacha — Y a ti, Gwendolyn, te lo explicaré por el camino. Guarda tu bastón por favor — tendí mi brazo bueno hacia su pecho para que pudiera notarlo y agarrarse de él para caminar dentro del casino juntos — Cuando seáis capaces de sentirme, venid a verme. Sabré si estáis mintiendo y os golpearé una vez por cada mentira que digáis — y golpeé con dos toques con la puntera de la bota la puerta, haciendo que esta se abriese y pasásemos al interior de aquel lujoso, excéntrico y divertido lugar de apuestas.
El entrenamiento acababa de comenzar.
Jin hizo la apreciación de que cómo podía ayudarles jugar a las tragaperras en lo que quería enseñarles, y Gwendolyn dijo que suponía que habría un truco — No lo hay — dije divertido — Vais a jugar a las tragaperras para conseguir dinero — y me encogí de hombros mirándolos — A mi qué me contáis — pero el que si interfería - en todo - era Owen. Ese mocoso no se callaba ni aunque le arrancase la garganta, cosa que no descartaba.
Comenzó llamándome tío. ¿Cómo que tío?. Cuestionó mi risa, me llamó hermano, me hablo de escuchar follar, y empezó a cuestionar que le hubiera llamado Rojo haciendo un montón de preguntas sin más, sin ton ni son y al tuntún. Apelotonadas y sin orden. Entonces emití un pulso de Haoshoku mientras le agarraba de la pechera con mi mano de carne y hueso — Escucha atentamente mocoso — y acerqué su rostro a mi casco para que pudiera ver bien mis ojos detrás de mis agujeros, alzando la mano mecánica Emperor en paralelo con el puño cerrado, que emitió una pequeña polución de vapor . Alcé un dedo, el índice — A mi me llamas Sohem, o señor, o jefe, pero nada de tío — alcé el segundo dedo, el corazón — Yo no digo nada cuando me río, me río y ya, y mi risa es perfectamente normal — alcé el tercer dedo, el anular — No soy tu hermano, ni tu tío, ni tu prima, ni tu abuela — alcé el cuarto dedo, el meñique — No me importa lo que meta quien donde quiera y lo que esto suene o deje de sonar en oídos externos mientras a mi no me moleste — y extendí el pulgar terminando de abrir la mano por completo — Y te he llamado Rojo porque no me acuerdo de cómo coño te llamas ni voy a intentar nunca esforzarme por aprenderlo — entonces le solté de golpe, volviendo a cerrar la mano mecánica y a bajarla al paralelo de mi cadera — Si quieres mantener el otro brazo sano no olvides lo que te acabo de decir. Nunca — chasqueé la lengua y miré en direcciones opuestas para observar a los otros dos. Respirando profundamente. Claro que me acordaba de su nombre - por fin - pero él... él era algo especial dentro de este trío. Y le iba a tratar peor que a ninguno. Ningún arma decente se forja con caricias.
— ¿Estáis sintiendo eso? Una presión fuerte, una sensación desagradable e intimidante dentro. Como un mal augurio. Eso es Haoshoku, es la energía de los Conquistadores que sólo un reducido número de personas a lo largo del mundo porta consigo, de las cuales sólo un reducido número dentro de ellas consigue despertar, y de las cuales sólo un reducido número dentro de ellas consigue controlar — me quité el casco y me peiné el cabello hacia atrás con la mano, chasqueando la lengua otra vez, de forma visible y entrecerrando los ojos un poco fruto de la luz del sol directa — En el mundo, todos los seres vivos tenemos dentro una energía interna muy poderosa latente, y se llama Haki. El Haki se divide en tres tipos, y el Haoshoku es uno de ellos. También se le conoce como Haki del Conquistador. Lo que estáis sintiendo ahora es mi Haki del Conquistador... memorizad esa sensación — agarré mis casco con la mano de Emperor, y tras esas palabras apagué lentamente el Haoshoku hasta cancelarlo por completo — Los otros dos tipos de Haki son el Busoshoku, el Haki del Armamento, y el Kenbunshoku, el Haki de la Observación. El primero sirve para fortalecer tu cuerpo, y el segundo para que tus sentidos se conviertan en tus ojos — entonces miré a Gwendolyn en una pausa de un par de segundos — Sirve para ver sin ver — ahí dirigí mi mirada a los dos muchachos mientras tapaba un poco mi brazo ciborg cubriéndolo con la capa de plumas escondiendo asi su forma y mi yelmo de miradas indiscretas — Y eso es lo que vamos a aprender hoy aquí. Vosotros os iréis a las tragaperras a conseguir quinientos mil berries para mi y a intentar expandir vuestros sentidos para buscar la sensación que habéis tenido con mi Haoshoku antes. Tendréis que localizarme sin verme. Usad vuestros sentidos, buscad la sensación que habéis sentido. — volví a mirar a la muchacha — Y a ti, Gwendolyn, te lo explicaré por el camino. Guarda tu bastón por favor — tendí mi brazo bueno hacia su pecho para que pudiera notarlo y agarrarse de él para caminar dentro del casino juntos — Cuando seáis capaces de sentirme, venid a verme. Sabré si estáis mintiendo y os golpearé una vez por cada mentira que digáis — y golpeé con dos toques con la puntera de la bota la puerta, haciendo que esta se abriese y pasásemos al interior de aquel lujoso, excéntrico y divertido lugar de apuestas.
El entrenamiento acababa de comenzar.
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Haki
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