Parecía que mis explicaciones sobre el Haki no eran tan toscas y estúpidas como creía que iban a ser... al final iba a resultar que no era tan idiota como me imaginaba y que sí que podía enseñar un mínimo a alguien. No supe si estaban entendiendo del todo, pero fueron tres conceptos básicos. El Haki lo tenemos todos, se divide en tres, y uno de ellos no se puede entrenar. Esperaba que hubieran memorizado bien la sensación que yo emitía porque no quería tener que pasarme el día entero dando más explicaciones. El dúo de varones entendió y aceptó mis indicaciones y se adentró por su cuenta en el casino, mientras que la muchacha tomó mi brazo y comenzamos a caminar en dirección opuesta, hacia la mesa de las cartas.
El lugar era opulento, lujoso y excesivo a partes iguales y destilaba - en mi opinión - un marcado mal gusto por el uso imperante de figuras relacionadas con la cultura del desierto, pero entendía que eran sus costumbres. Fue entonces que la mujer que me acompañaba rompió el silencio, tratando de darme un consejo amigable sobre el chico pelirrojo que nos acompañaba. — El chico es especial — le respondí, sin mirarla. No necesitaba mirarla si ella tampoco lo hacía, y así sentía que ambos estábamos en una situación un poco más pareja — Jin tiene sus aptitudes, y tú tienes las tuyas, pero Owen posee algo que no tenéis los demás... — flanqueamos una mesa en la que se jugaba a la ruleta, y la miré divertido, viendo rebotar la bolita — ¿Sabes por qué le partí el brazo en nuestro entrenamiento en el desierto? — pregunté retóricamente y volví a mirar hacia delante, chasqueando la lengua una vez — Porque usó el Haoshoku. Y el Haoshoku es una habilidad que no tiene cualquiera, y como he dicho antes, de los que pueden tener acceso a ella, no cualquiera consigue despertarla — expliqué mientras parábamos unos segundos de caminar para que un camarero con una bandeja pasase frente a nosotros, de derecha a izquierda — Y lo usó porque quería protegerte a ti, le importas mucho. El problema es que si eso se descontrolaba podría provocaros daños a vosotros, así que tuve que parar en seco la situación... aunque no pensaba en partirle el brazo realmente... — volvimos a caminar, avanzando despacio entre la gente, sin prisa y con calma — Owen es especial, pero de momento solo es una veta de sucio carbón, y por eso voy a presionarlo y a golpearlo hasta el límite una y otra vez — ahí pasamos junto a una mesa de craps, los dados... demasiado azar, no era lo que necesitábamos — Porque cuando sometes al carbón a una presión extrema, se convierte en un diamante — añadí llevando mi rostro hacia ella y mis labios cerca de su oído. Habíamos llegado a nuestra mesa: El Póker.
La chica preguntó que qué tenía en mente, para que ella pudiera prepararse, y mientras nos acercaban una silla para ella la ayudé a sentarse frente a la mesa, agachándome y hablando cerca de su oído.
— El Kebunshoku es una habilidad que te permite sentir a los demás. Saber donde están y cómo de fuertes o débiles son... eso es lo que van a entrenar ese par de dos. Pero también puede enseñarte algo más. Puede hacer que sientas las emociones de los demás y descubrir si tiene miedo, si quieren hacerte daño... o si te están mintiendo — ahí apoyé la mano en el respaldo de su silla y miré hacia la mesa, había seis jugadores más — Para ti esto tiene que ser más fácil que para los demás, porque al perder la vista has aprendido a enfocar el resto de tus sentidos, así que quiero que prestes atención a esos sentidos. Quiero que escuches a las personas de esta mesa, y sólo de esta mesa. Ignora el resto del ruido del casino. Quiero que huelas las bebidas que llevan, los perfumes que se han echado, y quiero que saborees el olor de sus cigarros y puros en tu paladar. Quiero que sientas en las vibraciones de la mesa quien da golpecitos y quien está nervioso... y cuando lo hagas, cuando estés enfocada, empezarás a notar que no estás sola mucho más allá de la evidencia terrenal que el sonido te traslada — me erguí e hice el gesto de pedir cartas para ella al crupier — Vamos a jugar al póker. Estoy detrás de ti, tranquila — finalicé.
La partida de cartas comenzaba.
El lugar era opulento, lujoso y excesivo a partes iguales y destilaba - en mi opinión - un marcado mal gusto por el uso imperante de figuras relacionadas con la cultura del desierto, pero entendía que eran sus costumbres. Fue entonces que la mujer que me acompañaba rompió el silencio, tratando de darme un consejo amigable sobre el chico pelirrojo que nos acompañaba. — El chico es especial — le respondí, sin mirarla. No necesitaba mirarla si ella tampoco lo hacía, y así sentía que ambos estábamos en una situación un poco más pareja — Jin tiene sus aptitudes, y tú tienes las tuyas, pero Owen posee algo que no tenéis los demás... — flanqueamos una mesa en la que se jugaba a la ruleta, y la miré divertido, viendo rebotar la bolita — ¿Sabes por qué le partí el brazo en nuestro entrenamiento en el desierto? — pregunté retóricamente y volví a mirar hacia delante, chasqueando la lengua una vez — Porque usó el Haoshoku. Y el Haoshoku es una habilidad que no tiene cualquiera, y como he dicho antes, de los que pueden tener acceso a ella, no cualquiera consigue despertarla — expliqué mientras parábamos unos segundos de caminar para que un camarero con una bandeja pasase frente a nosotros, de derecha a izquierda — Y lo usó porque quería protegerte a ti, le importas mucho. El problema es que si eso se descontrolaba podría provocaros daños a vosotros, así que tuve que parar en seco la situación... aunque no pensaba en partirle el brazo realmente... — volvimos a caminar, avanzando despacio entre la gente, sin prisa y con calma — Owen es especial, pero de momento solo es una veta de sucio carbón, y por eso voy a presionarlo y a golpearlo hasta el límite una y otra vez — ahí pasamos junto a una mesa de craps, los dados... demasiado azar, no era lo que necesitábamos — Porque cuando sometes al carbón a una presión extrema, se convierte en un diamante — añadí llevando mi rostro hacia ella y mis labios cerca de su oído. Habíamos llegado a nuestra mesa: El Póker.
La chica preguntó que qué tenía en mente, para que ella pudiera prepararse, y mientras nos acercaban una silla para ella la ayudé a sentarse frente a la mesa, agachándome y hablando cerca de su oído.
— El Kebunshoku es una habilidad que te permite sentir a los demás. Saber donde están y cómo de fuertes o débiles son... eso es lo que van a entrenar ese par de dos. Pero también puede enseñarte algo más. Puede hacer que sientas las emociones de los demás y descubrir si tiene miedo, si quieren hacerte daño... o si te están mintiendo — ahí apoyé la mano en el respaldo de su silla y miré hacia la mesa, había seis jugadores más — Para ti esto tiene que ser más fácil que para los demás, porque al perder la vista has aprendido a enfocar el resto de tus sentidos, así que quiero que prestes atención a esos sentidos. Quiero que escuches a las personas de esta mesa, y sólo de esta mesa. Ignora el resto del ruido del casino. Quiero que huelas las bebidas que llevan, los perfumes que se han echado, y quiero que saborees el olor de sus cigarros y puros en tu paladar. Quiero que sientas en las vibraciones de la mesa quien da golpecitos y quien está nervioso... y cuando lo hagas, cuando estés enfocada, empezarás a notar que no estás sola mucho más allá de la evidencia terrenal que el sonido te traslada — me erguí e hice el gesto de pedir cartas para ella al crupier — Vamos a jugar al póker. Estoy detrás de ti, tranquila — finalicé.
La partida de cartas comenzaba.
Resumen
Haki
Entrenamiento
Inventario
Una petición

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