05-02-2026, 06:41 AM
Pensamiento - Diálogo
Se supone que la vida debe ser tranquila. Se supone que la vida debe ser feliz. Se supone que la vida debe ser aventuras y comida deliciosa… Pero no lo es, al menos no para una Lunarian, como ella… No, mejor dicho, no para cualquier Lunarian. Ojos color sangre, pieles morenas, cabellos blancos y alas negras. Una combinación hermosa y a la vez maldita.
Ese distintivo, era lo que los convertía en “especímenes” interesantes y costosos, difíciles de tratar pero lo suficientemente valiosos para correr el riesgo. Seirin, así como los más jóvenes eran blancos fáciles de secuestradores, extorsionadores y demás gente que buscara cualquier beneficio con ellos.
A pesar de ello, la pequeña cocinera creía que ella no pasaría por ello, claro que no, luego de toda aquella charla dada por sus progenitores, creyó que era capaz y lo suficientemente lista para no verse involucrada en secuestros. Nada más lejos de la realidad…
- Zzz… Zzz… Nononononon –
Balbuceó la Lunarian casi silenciosamente como si estuviera en… ¿En dónde se encontraba estaba joven?... Incierto. Ni ella misma sabía, es más ni siquiera estaba del todo lúcida, sino somnolienta y apagada como si hubiera tomado la siesta de su vida.
Un toquecito, dos toquecitos, tres toquecitos…
- Mmmm… –
Los ligeros toques en su hombro derecho no eran lo suficiente para despertarla del todo, pero si lo necesario para que entreabriera sus rojizos ojos aletargados, debido a la somnolencia profunda o quizá a la falta de energía que la caracterizaba.
Lo primero que Seirin notó es la pesadez en su cuerpo, la dificultad de moverse siquiera para mejorar su postura y evitar dañarse la espalda. – Mmmm, tengo sueño… Mucho sueño – Pensó a la ligera, no entendía dónde estaba, pero sabía que no era un lugar que conociera ya que ese techo de madera con barrotes incrustados no le resultaba familiar.
- Maderaaa… Piedraaa... – Bostezó profundamente antes de volver a sentir un ligero toquecito en su hombro, lo que la obligó a mirar el origen de esa situación, y no pudo evitar sorprenderse al ver una… - ¿Mano? ¿Pequeña? – Literal, no podía ser la mano de alguien de su familia debido al tamaño. Ni algún Lunarian por las características ausentes propias de su origen.
La albina levantó la mirada siguiendo la extremidad superior que le tocaba el hombro hasta que sus orbes se posaron en unos ojos extraños, brillantes, bonitos y quizá angelicales. – Tan bonito. Muy bonito… ¿Es un ángel?... Debe serlo, ¿Cómo puede existir alguien tan bonito? … ¿Qué haces en mi sueño, ángel bonito? … - Divagaba, creyendo que era un sueño, un bonito sueño sin duda, ya que por donde vivía con su familia, no encontraría alguien con tales características.
Otro ligero toquecito y una ligera sonrisa del bonito pelirrosa vestido de azul, fue más que suficiente para indicarle que no estaba durmiendo, y esto era más que real. - ¡Aaaaaag! – gritó súbitamente al ver al hombre delante de ella, no sin antes sonrojarse ligeramente por la situación, provocando que su cuerpo girara y le diera la espalda. - ¿Quién es el?... ¿Dónde estoy?... – Observó con cuidado el lugar donde se encontraba y no pudo evitar sentir un escalofrío que le recorrió la espalda. Ella reposaba en un suelo frío, mohoso, y poco salubre para algún cocinero. -No, no, no, no… A mí no – Repitió nerviosamente mientras sus manos se posaban en su cabeza y jalaban ligeramente sus mechones blancos.
Todos sus pensamientos se arremolinaron en su mente, todos al mismo tiempo que lograron dejarla en shock por unos segundos, mientras que su racionalidad intentaba entender la situación y su esperanza intentaba realizar lo contrario, negar la situación. - ¡Huff! – Seirin, la Luanrian, era de pocas palabras, es más sino conocía lo suficientemente a alguien, era capaz de no decir ni una palabra. Pero hasta en situaciones complejas, ella misma podía salir de su autoproclamado papel.
- Piensa, piensa piensa… ¿Cómo llegaste aquí? – Susurró bajito, pero debido al silencioso lugar, sería lógico que él le hubiera escuchado.
