El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto]
#9
Stroud caminaba en silencio a través de la densa jungla, encabezando la formación y comunicándose con sus compañeros a través de su gestualidad o de las mínimas palabras necesarias. Era la disciplina que adoptaba cada vez que se encontraban en una misión: las órdenes debían ser escuetas, rápidas y directas. No solo eso: debían ser lo único que se dijese. Dar órdenes, recibir órdenes y comunicar lo importante, nada más. Ya habría tiempo para charlas en otro momento. En un terreno como aquel, resultaba difícil saber cuándo (o, mejor, cuándo no) estaban siendo observados, o cuándo una risotada o una voz de más podían atraer la atención de algo poco deseable. La exploración, de momento, parecía avanzar de manera favorable. De cuando en cuando, se detenían a hacer una brevísima parada para lo esencial; revisión de equipo, beber un poco de agua, dar un bocado a sus raciones, recuperar el aliento y continuar. Todos parecían, en general, estar en buena forma para una expedición como aquella, pero era fácil dejarse llevar y extenuar los recursos propios antes de darse cuenta de que se necesita un respiro. Stroud era consciente de aquello, y fue ordenando pequeñas paradas, de dos o tres minutos cada una, tras cada hora de camino, aproximadamente, con el fin de equilibrarlas con la marcha y mantener un buen ritmo. Él mismo aprovechaba para dar un trago, claro, pero también para reorganizar la mochila que cargaba a su espalda con algunos enseres básicos, acomodándolo todo para reajustar la distribución de peso y mantener un centro de gravedad aceptable. A estos se había sumado la ración que había hecho Kibai, que, dicho sea de paso, aportaba algo de variedad en una dieta que podía llegar a hacerse cansina. Desde que habían llegado a Little Garden, solo habían podido recurrir al medio que los rodeaba para opciones muy evidentemente salubres. La inmensa mayoría de frutas y plantas, sin embargo, no ofrecían seguridad ninguna, por lo que habían tirado, en su mayor parte, de sus raciones y de cuanto cocinaba el chef Mink. Durante cada parada, asimismo, se aseguraba de comprobar la señal que emitiese el Den Den Mushi negro, asegurándose de que no captase ninguna señal extraña proveniente de otros Den Den Mushi.

Tras lo que acabó por ser una marcha de varias horas, contempló cómo el camino se trifurcaba de manera inesperada, deteniéndose frente a las tres rutas que se le planteaban, llevándose una mano al mentón. Meditó, intentando extraer información de cómo se presentaba el terreno en cada uno. Echó un vistazo a sus compañeros; sabía que podría contar con un reporte, dadas sus envidiables cualidades perceptivas. En efecto, alzando una ceja, observó cómo Moja descendía de las alturas al cabo de unos instantes para informar sobre la situación. Le alucinaba el uso que el Mink empezaba a dar a su fruta; poco a poco, se le veía más cómodo con los poderes que le proporcionaba, a medida que los iba integrando de forma orgánica en su hacer habitual. Tan distintos de los suyos, aquellos poderes le proporcionaban una versatilidad envidiable, que probaba ser útil incluso en situaciones meramente prospectivas como aquella. Bien aprovechados, como sin duda haría Moja en el futuro, podrían suponer un auténtico filón táctico en casi cualquier situación que lo requiriese.

A medida que el Mink informaba, su cerebro iba reorganizando sus prioridades y cuál podría ser la mejor opción. En ocasiones como aquella, Stroud se encontraba con un problema del que era plenamente consciente: le gustaban las opciones difíciles, arriesgadas. Plantar cara y ver qué ocurría. La opción del centro sonaba como la perfectamente mesurada, como aquella que presentaba un equilibrio adecuado entre visibilidad y tránsito. No tenía claro qué pensar de la opción de la derecha: parecía, sin duda, la menos prometedora de las tres posibilidades. La opción de la izquierda sonaba peligrosa; un lago rodeado de restos no era lo más prometedor, desde luego, pero sí era lo más desafiante. Mientras pensaba en esto, Kibai intervino para aportar su granito de arena, siempre con una mano plácidamente descansando sobre la empuñadura de su Raimei querida. Siempre tan analítico. El cocinero siempre era capaz de plantear posibilidades que aún no se le habían ocurrido. Stroud asintió con la cabeza, meditabundo, ante su razonamiento. No le faltaba razón. En efecto, la perspectiva de aquel lago como un punto de encuentro para la gran megafauna herbívora, y como un punto ideal de caza para grandes depredadores, sonaba prometedora; tenía sentido al completo. El camino expuesto sonaba, a todos los efectos, como una mala idea. Y el del centro... ¿Qué pensar de él? Los insectos de Kibai sonaban, desde luego, como una ventaja táctica añadida. Observó la nubecilla de insectos desplegados por el Mink. Él también parecía estar adecuándose a sus poderes con relativa facilidad. Le enorgullecía ver cómo sus compañeros crecían e iban adaptando sus capacidades a situaciones como aquella, cómo agudizaban su sentido de la disciplina y cómo se volvían grandes Marines.

Sopesó la decisión. Su buen juicio sería crítico, si bien le resultaba complicado no dejarse llevar por aquel ansia de desafío. Respiró hondo, con gravedad, meditando en silencio. Observó a Bertram con interés, esperando a escuchar su aportación. Pese a que a menudo le costase emitir una opinión clara, el cazador tenía un excelente instinto y una notable capacidad de análisis sobre el terreno, y compartía con Stroud su visión táctica, si bien el rubio solía optar por enfoques más directos a la hora de resolver una situación. Su mano pasó por la correa de su mochila distraídamente mientras pensaba. En su cerebro, toda la información recibida de sus compañeros empezaba a unirse y a tomar la forma de lo que parecía una conclusión. Asintió con la cabeza, haciendo ver que había llegado a una respuesta, finalmente.

"El camino del centro es demasiado incierto, para bien y para mal. El de la derecha podría ser un suicidio si cualquier cosa se sale de control. La persistencia de los animales bebiendo en el lago implica no solo agua, sino su potabilidad. Habrá un depredador, o varios, claro, pero, si no podemos evitarlos, descabezar esa pirámide nos dará un control total sobre la cadena alimenticia de la zona," comenzó a razonar, resumiendo cuanto corría por su mente en aquellos instantes, mientras sus ojos grises se detenían en el camino de la izquierda. "El claro puede ser un lugar interesante que investigar, además. Y la División Científica hubiera querido un lugar desde el que asegurar un suministro de agua potable, sobre todo si su misión se alargaba en el tiempo," explicó. Permaneció un par de segundos en silencio, dejando que todos procesasen lo que acababa de decir. "Vamos a tomar el camino de la izquierda," anunció finalmente, haciendo un ademán en su dirección, "pero nuestra prioridad va a ser la rapidez. Llegar, examinar el terreno, descartar o confirmar y, si es pertinente, pasar a la siguiente zona. Sin enfrentarnos a peligros innecesarios. Solo entramos en combate si es estrictamente imperioso, ¿queda claro?," inquirió. Sospechaba que la isla ocultaba peligros mayores que plantas venenosas y dinosaurios. "Mantenemos formación, tenedlo todo vigilado. Un movimiento raro, un olor fuera de lugar, una rama que cruje; reportad absolutamente cualquier elemento extraño. Entramos y peinamos la zona. Si no hay suerte, volvemos por donde hemos venido," detalló. No había una sola pizca de vacile en su monótona y medida voz. "Vamos allá."


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RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - por Stroud Nanashi - 05-02-2026, 01:58 PM

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