05-02-2026, 06:58 PM
Dia 25 de Primavera del año 17
South Blue, Baterilla, Pueblo de Baquella
Sigrid caminaba por el pueblo de Baquella con el uniforme de la Marina perfectamente ajustado a su tamaño descomunal, avanzando con pasos tranquilos que hacían vibrar levemente el empedrado sin que ella pareciera notarlo. No estaba de servicio activo, pero el uniforme era claro, visible, imposible de ignorar, y eso cambiaba por completo la forma en que la gente la miraba, algunos civiles se enderezaban con respeto, otros la observaban con curiosidad abierta, y no faltaban quienes bajaban la voz al verla pasar, como si la justicia misma acabara de doblar la esquina. Sigrid, por su parte, devolvía cada mirada con una sonrisa amplia y sincera, saludando con la mano, inclinando un poco la cabeza cuando alguien le deseaba buen día, porque aunque siguiera siendo soldado raso, entendía que para muchos su sola presencia significaba seguridad, y no se tomaba esa responsabilidad a la ligera.
Se detuvo frente a una panadería, atraída por el olor cálido del pan recién hecho, y asomó la cabeza con cuidado por la puerta, procurando no golpear el marco. —Buenos días —dijo con voz grave y alegre —¿Todavía queda pan? — El panadero la miró un segundo ante de sonreír ampliamente. —Siempre queda pan para la Marina —respondió, entregándole una hogaza enorme que aun así parecía pequeña entre las manos de Sigrid. Ella pagó sin discutir, agradeció con un gesto exageradamente educado y continuó su camino, mordiendo un pedazo con evidente satisfacción mientras observaba el movimiento del pueblo, los niños corriendo, los comerciantes discutiendo precios, la vida siguiendo su curso normal, ese mismo curso que ella ayudaba a proteger incluso cuando nadie se lo pedía directamente.
Más adelante, al cruzar una pequeña plaza, su oído captó un sonido fuera de lugar, un quejido apagado, tenso, y aunque no aceleró de inmediato, su atención se centró por completo en el origen. Un joven estaba sentado en el borde de una fuente, sosteniéndose la muñeca con el ceño fruncido. Sigrid se acercó sin brusquedad, señalándose el uniforme con naturalidad. —Soy médica de la Marina —dijo —¿Te duele mucho? — El joven asintió y ella se arrodilló, revisando con cuidado, palpando con precisión y calma. —Parece una torcedura —comentó —Duele, pero no es grave si la cuidamos. —Le indicó cómo sostenerla y pidió a un vecino una tela limpia, dando instrucciones claras, sin dramatizar, porque sabía que mantener la calma también era parte del tratamiento.
Cuando terminó, se levantó despacio, sacudiéndose el polvo del uniforme. —Ve al hospital si empeora — advirtió con una sonrisa —Y no cargues cosas pesadas hoy, ni siquiera si te lo pide una linda chica. — El joven agradeció varias veces mientras ella retomaba su camino, pan bajo el brazo, alabarda descansando a la espalda, consciente de que incluso en un paseo sencillo, vestir ese uniforme significaba estar siempre disponible, y para Sigrid, eso no era una carga, sino una elección hecha con orgullo silencioso.
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
