06-02-2026, 08:59 PM
Las noches suelen ser para dormir, o eso me gustaría a mi, pues dormir con los varones de la tripulación resultaba, cuanto menos, complicado. El que no roncaba, hablaba, el que no hablaba ventoseaba y el mas original, lo hacia todo a la vez, menos mal que los animales no dormían con nosotros, ya lo que me faltaba. No es que fuese demasiado escrupuloso con los ruidos, pero tenía el oído y escuchar aquella cacofonía noche si y noche también era bastante frustrante, aunque a veces, durante cortos periodos de tiempo todos se sincronizan formando una orquesta de ronquidos y ruidos varios que hasta parecía armónico.
Aquella noche en particular Zhang tenía sueños bastante movidos, tuve que enterarme a las malas, pues cuando ya había logrado dormirme, un fuerte golpe me tiró de mi hamaca, un golpe que creí que me partió el pecho, por suerte era mas duro de lo que yo mismo creía. Caí al suelo con fuertes tosidos, casi que podía haberme matado el borrico. No desperté a ninguno, encima tenían un sueño pesado, o eso o me ignoraban dándoles igual.
Miré a los lados aún sentado en el suelo, observando a todos en los reinos del sueño, sin poder yo acceder a ese mundo de fantasía, desterrado por el mismo Morfeo de manera cruel y perversa. Suspiré resignado y me levante mientras me frotaba los ojos para lograr rehidratarlos, estaba claro que esa noche la pasaría en vela. Caminé a cubierta, apoyando los codos sobre la balaustra que nos protegía de caídas accidentales al mar, algo bastante nefasto para casi todos nosotros y miré hacia arriba, observando el claro cielo negro, apreciándose la cúpula celeste en su esplendor por falta de contaminación lumínica. "Una noche sin luna" Aprecié al ver los cuerpos titilantes brillando con mas intensidad que una antorcha, formando patrones y siluetas con la imaginación las grandes constelaciones que los antiguos nombraron. De la misma manera que yo las observaba, parecía que ellas me observaban a mi, reflejándose sus luces levemente en mis corneas mientras sonreía embelesado por el increíble cuadro cósmico que se presentaba ante mi. Había un inmenso mar de misterios por descubrir en este mundo, pero fuera de él había un sin fin mas.
Todo cambiaba a mi alrededor, todo excepto yo, apenas envejecía y mi cuerpo parecía inmutable ante el tiempo y las enfermedades, en parte me reconocí un poco en aquel firmamento, cambiando a una velocidad tan lenta que un humano jamás podría verlo cambiar. A veces me sentía solo, sobre cuando pensaba en el futuro ¿Acaso mi poder me hacía inmune al envejecimiento? Solo de pensarlo me aterraba, solo de pensar que todos se irían y yo me quedaría en este mundo, solo. No es que fuese algo que me preocupase antes, no, realmente esta angustia existencial existía desde que logré formar parte de un grupo de tripulantes, de amigos, de familia. Ya había sufrido las perdidas de mis padres y hace poco también las de Cao y las de Dong, azaroso destino, siempre quitas lo que mas importa a los que menos quieren que la vida cambie, triste ironía vital. ¿ A quién podría cantarles mis gestas? ¿Quién recordará las historias de La Mano Vacía cuando no quede nadie? Triste era esa realidad, realidad en la que no quería vivir.
Sin embargo, al mirar las estrellas mi mente se despejaba de todo pensamiento, relajándome mientras formaba animales y guerreros uniendo los puntos del cielo nocturno. Tan absorto en ello que no me di cuenta de que una de mis compañeras se acercaba por detrás de mi. —. No sabía que estarías aquí — Esa frase me hizo dar un respingo, encogiendo una pierna mientras apoyaba mi peso en la otra, con los brazos cubrí el resto de mi pecho y mis ojos se clavaron en los tablones de madera del barco, intentando vislumbrar lo que había. -AAAHHH UNA RATA.- Dije al apreciar un cuerpo pequeño entre las sombras hasta que mi vista se acostumbro a la oscuridad.
Aquella noche en particular Zhang tenía sueños bastante movidos, tuve que enterarme a las malas, pues cuando ya había logrado dormirme, un fuerte golpe me tiró de mi hamaca, un golpe que creí que me partió el pecho, por suerte era mas duro de lo que yo mismo creía. Caí al suelo con fuertes tosidos, casi que podía haberme matado el borrico. No desperté a ninguno, encima tenían un sueño pesado, o eso o me ignoraban dándoles igual.
Miré a los lados aún sentado en el suelo, observando a todos en los reinos del sueño, sin poder yo acceder a ese mundo de fantasía, desterrado por el mismo Morfeo de manera cruel y perversa. Suspiré resignado y me levante mientras me frotaba los ojos para lograr rehidratarlos, estaba claro que esa noche la pasaría en vela. Caminé a cubierta, apoyando los codos sobre la balaustra que nos protegía de caídas accidentales al mar, algo bastante nefasto para casi todos nosotros y miré hacia arriba, observando el claro cielo negro, apreciándose la cúpula celeste en su esplendor por falta de contaminación lumínica. "Una noche sin luna" Aprecié al ver los cuerpos titilantes brillando con mas intensidad que una antorcha, formando patrones y siluetas con la imaginación las grandes constelaciones que los antiguos nombraron. De la misma manera que yo las observaba, parecía que ellas me observaban a mi, reflejándose sus luces levemente en mis corneas mientras sonreía embelesado por el increíble cuadro cósmico que se presentaba ante mi. Había un inmenso mar de misterios por descubrir en este mundo, pero fuera de él había un sin fin mas.
Todo cambiaba a mi alrededor, todo excepto yo, apenas envejecía y mi cuerpo parecía inmutable ante el tiempo y las enfermedades, en parte me reconocí un poco en aquel firmamento, cambiando a una velocidad tan lenta que un humano jamás podría verlo cambiar. A veces me sentía solo, sobre cuando pensaba en el futuro ¿Acaso mi poder me hacía inmune al envejecimiento? Solo de pensarlo me aterraba, solo de pensar que todos se irían y yo me quedaría en este mundo, solo. No es que fuese algo que me preocupase antes, no, realmente esta angustia existencial existía desde que logré formar parte de un grupo de tripulantes, de amigos, de familia. Ya había sufrido las perdidas de mis padres y hace poco también las de Cao y las de Dong, azaroso destino, siempre quitas lo que mas importa a los que menos quieren que la vida cambie, triste ironía vital. ¿ A quién podría cantarles mis gestas? ¿Quién recordará las historias de La Mano Vacía cuando no quede nadie? Triste era esa realidad, realidad en la que no quería vivir.
Sin embargo, al mirar las estrellas mi mente se despejaba de todo pensamiento, relajándome mientras formaba animales y guerreros uniendo los puntos del cielo nocturno. Tan absorto en ello que no me di cuenta de que una de mis compañeras se acercaba por detrás de mi. —. No sabía que estarías aquí — Esa frase me hizo dar un respingo, encogiendo una pierna mientras apoyaba mi peso en la otra, con los brazos cubrí el resto de mi pecho y mis ojos se clavaron en los tablones de madera del barco, intentando vislumbrar lo que había. -AAAHHH UNA RATA.- Dije al apreciar un cuerpo pequeño entre las sombras hasta que mi vista se acostumbro a la oscuridad.
