[Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones
#3
—¿Cómo crees que sea Nahonana? —

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-No lo sé, pero el puto calor que hace no es ni medio normal, Gwen.-

Llevaban casi un día completo en la espectacular y desértica isla de Arabasta, donde los contrastes eran tan abrumadores que ni el propio Owen creyó que algo así podría existir. Desde el propio Jagd Hund, barco del famoso enmascarado de agujeros, podía divisarse la extrañeza de un lugar que jamás, el pelirrojo, había visto hasta ahora: Una playa gigantesca, infinita, como si no existiesen tierra más allá de las mismas o como si la arena costera fuese lo único que existiese. Claro, el chico nunca había visto un territorio que fuese un total y completo arenero. Dunas, sol atronador, pero pequeños sectorcitos, a la lejanía con un frondoso verde, adornado por palmeras y una abundante cantidad de agua, como si la propia naturaleza, aún en unas condiciones que parecían ser terriblemente hostiles, pudiese abrirse paso.

No sabía si su sensación de calor había cambiado o si jamás había sentido algo así, pero, desde que se había bajado del barco, su sudor no parecía respetar las leyes normales del fluido expulsado por el cuerpo; Esta vez, este se notaba algo espeso, mínimamente aceitoso y, curiosamente, pese a tener oscurecido parte de su cuello y debajo de las axilas, carecía total y completamente de hedor, ¿Acaso esto era sentir "calor de verdad" y no lo vivido, por ejemplo, en el verano de Isla del Karate? -Gracias, linda.- acotó en cuanto el intenso frío que expulsaban las manos de la mujer de su vida le permitía, aunque sea, mitigar un poco el malestar que se veía acentuado de manera extraña, incluso había cierto retorcijón en el vientre, como quien "se encuentre enfermo, pero no encuentra razones", ese instante previo a tener gripe o sufrir de fiebre.

Demoraron varios minutos hasta poder alcanzar una ciudad que tenía un lenguaje diferente en varias de las cartelerías, pero estaba tan perfectamente marcada, subdividida e iconografiada que era prácticamente a prueba de tontos (Y quién podría ser más tonto que el pelirrojo) además de que, a cada minuto que pasaba, la gran fortaleza comerciante del muchachito salía a flote -¿Qué...comerciarán aquí?- veía cómo un gran galeón descargaba cajas y cajas de lo que posiblemente eran provisiones, ¿O acaso eran los pagos o bienes intercambiados? Imposible saberlo, debía aprovechar el día para poder averiguar cuáles eran los fuertes del lugar y, tal vez, amasar una pequeña fortuna en todo el tiempo que Sohem los retuviese allí.

Demoraron varios minutos hasta que pudieron empezar a escuchar el bullicio de una ciudad que no parecía estar demasiado movida; El calor resultaba ser tan atronador, tan sofocante, que Owen, con la mujer de su vida al lado (La cual ni se inmutaba por las sensaciones) jadeaba con molestia mientras parpadeaba, en esos sudores que llegan hasta las pestañas. Ella buscaba comprarse ropas nuevas -Pero...si así estás...ugh.- claro, para ella esto era un parque de diversiones, ¿Y quién puede culparla? Solo debía estar escuchando el encalidado movimiento y barullo de personas interesadas por el movimiento de sus especiales, textiles y artesanías de una belleza sin igual mientras que el chico luchaba por respirar ante una temperatura que parecía no conocer la palabra perdón.

Aunque...algo llamó la atención tanto del muchacho que no dudó ni un ápice de segundo en detener su sensación de desagrado.

— ¿Me podrías prestar y te lo regreso cuando volvamos? O tal vez podríamos conseguir un poco vendiendo algo. —

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-...vendiendo algo?-

Ese Owen, ese que él sentía que "ya había pasado a mejor época", volvía arremeter sin piedad producto a que, posiblemente, podrían obtener algo de calidad allí. Ambos estaban posicionados justo en lo que parecía ser el corazón central del comercio ciudadano, aún desconocidos del nombre de las tierras movilizadas en las que se encontraban. Sus ojos celeste brillante mostraron una inmensa picardía mientras miraba el rostro de la mujer más preciosa que jamás había visto, pudiendo, sus sentidos, verse ligeramente opacados por el enorme gentío y regateo. Además, los aromas eran inmensos: Especias, perfumes, incluso Gwen, con su visión comprometida, sentiría todos esos estímulos a más no poder -Tengo una idea.- con su brazo derecho, aquel que guiaba parcialmente los sentidos de la muchachita para denotar la figura del pelirrojo, comenzaría la morisqueta.

El calor había sido abrumador, pero Owen había estado rodeando todos y cada uno de los mercados presentes; Debido a su fuerte influencia en la industria textil, vendían muchísimas prendas para poder vestir en la ocasión, tal y como Gwen solicitaba en un primer lugar. De la misma manera, el pelirrojo necesitaba pasar un poco desapercibido al recordar que, sin más dilación, los Wanteds de ambos aparecían en el periódico y, como resultaban ser de millones de Berrys, muchos podrían ir a buscarles.

¿Pero a quién le importaba pasar desapercibido cuando uno podía tener una excelente oportunidad de negocio?



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-¡ACÉRQUENSE PARA VER A LA SUPER DIVINA, Y ADIVINA, GWENDILINY LA MAGNIFIQUINI!-

Su exclamación buscaba llamar la atención de muchos de los transeúntes, mercaderes y personas afines al trueque, ¿Porqué? El plan de Owen era el siguiente: Luego de varias horas en búsqueda de las ropas que pudiesen encajarles correctamente y regateando un poco su precio, el pelirrojo ayudó a la mujer de sus sueños a iniciar una de las tantas trampas que, en Isla del Karate, habían hecho con antelación. Si bien ella le había hecho sentir que "esto no era correcto" allí estaban en tierras no solamente inhóspitas, sino, completamente alejadas a su tierra natal o punto inicial de encuentro. No era buen plan meterse en problemas y hacer que Sohem se fuese a enojar más de la cuenta, pero, ¿Qué diablos? Era la trampa perfecta: Todos preocupándose por comerciar entre ellos, regateando berry tras berry, ¿Dónde estaba la diversión, la ludopatía, el misticismo? Ahí es donde encontraba el juego de aquellos dos. El pelirrojo, como siempre, con su realidad completamente alterada, se colocó justo en el medio del sentido de movimiento del mercado y de las personas, los cuales tenían bastante distancia los unos con los otros para poder pasar y que no sean estorbados. Evidentemente, aparecería un nodo de gente que, progresivamente, llamaría a más gente, o al menos ese era el plan del muchachito que, al igual que había regateado por las ropas que allí tenían, lo había hecho con un humilde puestito en donde yacía un taburete, una sillita de madera algo desvencijada y chirriante y una caja rectangular que le daba altura y servía de tarima. Gracias a su potente vozarrón, podía llamar la atención de todos los allí presentes y obligarles a voltear.

Sobre la mesita, la idea, era que Gwen estuviese sentada delante, teniendo otra silla igual de maltrecha delante y que todos pudiesen ver. Ella se veía despampanante, con ese característico velo de rejas blancas y sus ojos cerrados. La muchachita ya de por sí tenía su característica aura mística y esotérica sin siquiera tener que vestirla como una persona de las dunas, pero había que seguir hasta que no aguante la mentira, claro está -¿¡ACASO ESTÁN DESEOSOS DE SABER LO QUE LES DEPARARÁ EN EL FUTURO!?- la exclamación de Owen podía escucharse como la del dueño de un circo, acentuando las palabras en cadencias grandes y sin respirar mientras hacía un barrido corporal de izquierda a derecha. Increíblemente, aquellas ropas parecían hacer sentir menos el sofocante calor que antes -¡Con la magnífica GWENDILINY- Estiró su brazo izquierdo, señalándola -TODO TU DESTINO SERÁ DICHO EN MENOS DE UN MINUTO!- y, finalmente las palabras, volteó para poder ver a la mujercita, quedándose bastante cerca de su rostro para mitigar el sonido de las personas -Todos los que están aquí venden productos, Gwen. Nuestro objetivo será vender un servicio.- comentaba, porque, en esto, por muy estafador que fuese, el pelirrojo manejaba -En los mercados y los negocios gana el primero en hacer algo, o el mejor. Si todos se la pasan comprando y vendiendo,- ¡PIP!, le tocó la punta de la nariz con el índice muy despacito -presta atención a tu nariz: Especias, perfumes, inciensos, ¿Qué le depara al mercader cansado y agotado que encuentra su vida totalmente avasallada o con una vida cíclica?- buscaba convencerla, esbozando una sonrisa picaresca en el proceso.

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-Estímulo. Razones para seguir comerciando, seguir trabajando, volver su producto una estrella, trascender. Si uno ofreciera un negocio donde les mintiésemos un poco sobre su futuro, diciéndoles que van a ser ricos, famosos, que sus productos se van a volver una marca registrada, ¿Saben lo contentos que se van a poner?-

Casi parecía un tratamiento de "psicólogo", algo que el médico, Kiyoshi, había hecho con él tiempo atrás. Claro, todo esto no tenía ningún fin terapéutico más allá de un efecto placebo, pero los negocios son negocios -Mucha gente solo quiere escuchar que, tarde o temprano, su vida va a mejorar, o va a dar un giro drástico, o que encontrarán al amor de su vida,- inevitablemente, llevó su mano derecha al rostro de la chica del velo -como yo lo he encontrado, por ejemplo. La ilusión vende mucho, más de lo que te imaginas.- y, volviendo a sonreír pícaramente, siguió -¿¡Qué me dices!? ¿¡Gwendiliny!?-.

Defuse the bomb:
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]


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[Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - por Fuguwu - 06-02-2026, 09:46 PM
RE: [Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - por Owen Yang - 07-02-2026, 01:39 AM

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