07-02-2026, 02:41 AM
Hora: 10:00 Hs, Día 72 de Primavera, Año 17.
Localización: Isla de Baterilla, Sector Noreste.
La mañana en Baterilla se presentaba con esa claridad insultante que suelen tener los días posteriores a una tormenta, aunque en este caso, la tempestad no había sido de agua, sino de pólvora y plomo. El sol primaveral, aún suave pero constante, hacía brillar el rocío sobre las flores silvestres que adornaban el litoral, contrastando con los restos de madera astillada y velas carbonizadas que la marea aún se empeñaba en devolver a la costa, ensuciando la arena de la isla defendida por las justas fuerzas de la marina allí presente y resguardante de toda la region.La base de la Marina, una estructura imponente que servía como el puño de hierro de la justicia en la región, bullía con una actividad que, aunque frenética, mantenía ese orden marcial tan característico. Sin embargo, la eficiencia teórica de la gran institución se veía empañada por el rastro de incompetencia que la reciente escaramuza había dejado atrás. Una tripulación numerosa, movida por una arrogancia proporcional a su falta de luces, había intentado desafiar el bloqueo marítimo en plena temporada de vientos calmos. El resultado había sido una masacre unilateral: barcos hundidos en cuestión de minutos y la mayoría de los delincuentes encadenados en las bodegas de la base antes de que pudieran causar ninguna clase de caos.
Pero la perfección es un concepto que rara vez sobrevive al caos del combate. Debido a una brecha en el flanco este durante el hundimiento del navío principal, un grupo indeterminado de rezagados había logrado alcanzar la orilla, perdiéndose entre la densa y floreciente vegetación y las cuevas naturales que salpicaban la zona alta de la isla. La exuberancia de la primavera, con sus arbustos altos y follaje renovado, les otorgaba un escondite improvisado que en otra estación sería inexistente.
En el puesto de control del sector noreste, el sargento a cargo revisaba los informes con una mueca de fastidio, mientras un par de soldados rasos limpiaban sus rifles con movimientos mecánicos, más distraídos por el polen que flotaba en el aire que por la amenaza que representaban los fugitivos. Los reportes de los lugareños eran claros: se habían avistado humos de hogueras improvisadas y se habían escuchado altercados en los huertos de frutales que apenas comenzaban a madurar. La presencia de estos parásitos, aunque diezmados, era una mancha en el historial de seguridad de la isla que debía ser borrada de inmediato para no perturbar la paz de los residentes.
La orden de limpieza ya había sido firmada por la comandancia local. No se enviaría un batallón completo para desperdiciar recursos en unos pocos supervivientes desesperados; en su lugar, la Marina había dispuesto el despliegue de un par de agentes específicos para ejecutar la tarea con precisión quirúrgica. Mientras el mundo civil en el centro de Baterilla continuaba con sus quehaceres cotidianos, ignorante de la pequeña cacería que estaba por comenzar bajo el cielo despejado de primavera, los preparativos para la interceptación estaban listos. Solo era cuestión de tiempo para que la justicia alcanzara a aquellos que creyeron que los bosques recién favorecidos por la primavera serían un refugio, cuando en realidad, no eran más que la madriguera de su propia estupidez pirata.
Código:
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