07-02-2026, 02:11 PM
Ha transcurrido una hora desde que Owen y Gwen llegaron al puerto de Nanohana, y el sol continúa su implacable reinado sobre la ciudad. La temperatura se mantiene en los 38 grados centígrados, y la humedad del aire es prácticamente inexistente, apenas un 15%. En estas condiciones, la deshidratación es inevitable para aquellos incautos que llevan todo el día sin tomar agua, incluso para aquellos a quienes el calor no afecta de la misma manera que a otros. El mercado central de Nanohana se extiende en un área aproximada de 240 metros de largo por 180 metros de ancho. Las calles principales que lo atraviesan miden 12 metros de ancho, mientras que los callejones secundarios entre los puestos apenas alcanzan los 3 metros. Los edificios que flanquean el mercado son construcciones de dos plantas, con altura promedio de 6 metros, sus fachadas de piedra caliza y adobe pintadas en tonos ocre, beige y blanco para reflejar la luz solar. Aproximadamente cuarenta edificios rodean el perímetro del mercado, la mayoría albergando tiendas permanentes en sus plantas bajas y viviendas o almacenes en las superiores. Dentro del mercado mismo hay doscientos puestos permanentes construidos con madera resistente y toldos de lona gruesa en tonos naranjas, rojos y blancos que ofrecen sombra a los comerciantes. Estos puestos miden entre 2 y 4 metros de ancho por 3 metros de profundidad, organizados en filas relativamente ordenadas que dejan pasillos de 2 metros entre ellos. Además de los permanentes, hay aproximadamente cien puestos temporales, simples estructuras de madera con toldos improvisados o sin ellos, donde vendedores ambulantes ofrecen mercancías variadas. La cantidad de personas transitando el mercado a esta hora ha aumentado considerablemente. Se estiman unas quinientas personas moviéndose entre los puestos, creando un flujo constante de compradores, vendedores, estibadores llevando mercancías, niños corriendo entre las piernas de los adultos, fuerzas de la justicia monitoreando la seguridad pública, y turistas fascinados por los productos exóticos. El ruido es considerable, un murmullo constante de negociaciones, regateos, preguntas sobre precios, vendedores pregonando sus productos, y conversaciones casuales le dan vida al mercado de Nanohana.
En medio de este bullicio, Owen y Gwen han logrado establecer su pequeño espectáculo. El pelirrojo consiguió las ropas locales a un precio absurdamente bajo gracias a sus habilidades de negociación, regateando con un comerciante de textiles hasta reducir el costo a casi una cuarta parte del precio inicial, pagando la ridícula cantidad de 500 berries. Owen y Gwen ahora visten apropiadamente para las condiciones climáticas al igual que el resto de los residentes de Nanohana, la tela de sus ropas es ligera y respira bien, diseñada específicamente para el clima desértico de Arabasta. El plan de Owen funciona mejor de lo esperado. La voz potente del pelirrojo logró captar la atención inicial de los transeúntes, y la presencia de Gwen hizo el resto. Su belleza es innegable, incluso con el velo cubriendo sus ojos, y cuando habla su voz es suave y amable, transmitiendo una calidez que contrasta perfectamente con el misterio que proyecta. En menos de veinte minutos desde que iniciaron el espectáculo, aproximadamente veinte personas se han congregado formando una cola irregular frente al pequeño puesto improvisado en el corazón del mercado, prácticamente en el centro del mismo, aunque ligeramente alejado hacia el noreste en una de las esquinas donde bifurcan las calles que llevan al centro desde el norte y el este. La composición de la cola es variada. El grupo de gente haciendo fila atraída por la energía del pelirrojo y la belleza de su acompañante es variopinto, compuesto por gente de todas las edades y sexos. El nodo de gente alrededor del puesto ha comenzado a atraer más curiosos. Aproximadamente otras treinta personas se han detenido a observar desde la distancia, formando un semicírculo irregular alrededor del espectáculo sin comprometerse todavía a unirse a la cola. Algunos comerciantes de puestos cercanos observan con molestia evidente, pues el espectáculo está bloqueando parcialmente el flujo de tráfico hacia sus establecimientos, pero no han dicho nada todavía. Otros comerciantes miran con curiosidad profesional, evaluando si este tipo de servicio podría ser competencia o complemento para sus propios negocios.
En medio de este bullicio, Owen y Gwen han logrado establecer su pequeño espectáculo. El pelirrojo consiguió las ropas locales a un precio absurdamente bajo gracias a sus habilidades de negociación, regateando con un comerciante de textiles hasta reducir el costo a casi una cuarta parte del precio inicial, pagando la ridícula cantidad de 500 berries. Owen y Gwen ahora visten apropiadamente para las condiciones climáticas al igual que el resto de los residentes de Nanohana, la tela de sus ropas es ligera y respira bien, diseñada específicamente para el clima desértico de Arabasta. El plan de Owen funciona mejor de lo esperado. La voz potente del pelirrojo logró captar la atención inicial de los transeúntes, y la presencia de Gwen hizo el resto. Su belleza es innegable, incluso con el velo cubriendo sus ojos, y cuando habla su voz es suave y amable, transmitiendo una calidez que contrasta perfectamente con el misterio que proyecta. En menos de veinte minutos desde que iniciaron el espectáculo, aproximadamente veinte personas se han congregado formando una cola irregular frente al pequeño puesto improvisado en el corazón del mercado, prácticamente en el centro del mismo, aunque ligeramente alejado hacia el noreste en una de las esquinas donde bifurcan las calles que llevan al centro desde el norte y el este. La composición de la cola es variada. El grupo de gente haciendo fila atraída por la energía del pelirrojo y la belleza de su acompañante es variopinto, compuesto por gente de todas las edades y sexos. El nodo de gente alrededor del puesto ha comenzado a atraer más curiosos. Aproximadamente otras treinta personas se han detenido a observar desde la distancia, formando un semicírculo irregular alrededor del espectáculo sin comprometerse todavía a unirse a la cola. Algunos comerciantes de puestos cercanos observan con molestia evidente, pues el espectáculo está bloqueando parcialmente el flujo de tráfico hacia sus establecimientos, pero no han dicho nada todavía. Otros comerciantes miran con curiosidad profesional, evaluando si este tipo de servicio podría ser competencia o complemento para sus propios negocios.
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